Nov
29
La esperanza cristiana
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En momentos de crisis como los que tenemos en la actualidad es común apelar a la esperanza y en época de adviento cómo la que nos encontramos es fácil utilizar este término como mero consuelo para los que sufren paro ó problemas familiares y económicos. No seré yo quien utilice esta época para hablar de que la recensión pasará, o que el bienestar, la riqueza y el empleo están en ciernes.
La esperanza cristiana es mucho más. La esperanza cristiana no es humo ni fuegos de artificio, la esperanza cristiana es palpable y comienza el dÃa en el que uno se da cuenta de que la vida es una relación. La relación con quien es la fuente de la vida, la relación de la obra con su Creador.
Ese dÃa uno se da cuenta de que todo lo que no tenga que ver con Dios es relativo y empieza a vislumbrar que es Él el que hará y deshará en nuestra vida sin que apenas nos demos cuenta de cómo se van desarrollando las actuaciones.
Sin embargo el vivir con esperanza cristiana no convierte, como muchos piensan, al ser humano en un personaje en continuo proceso de espera hacia la otra vida sino en alguien capaz de cuestionarse todas y cada una de las cosas que ocurren en el mundo. Todo aquello realizado por el hombre. El cristiano se convierte asà en hijo de la sospecha.
Hijos de la sospecha para ser solidarios con la transformación del hombre y de la sociedad, ayudando a quien sufre. Hijos de la duda criticando fuertemente toda legislación que nos lleve al fracaso inmediato, que no respete la vida y los valores, que nos convierta en hombres sin alma. Hijos de la sospecha para denunciar las injusticias, los totalitarismos, la pobreza y el sufrimiento.
Esta esperanza es la que puede cambiar el mundo y la historia, porque te da una fuerza sinigual, al haber podido experimentar en propias carnes el futuro definitivo prometido por Dios.
El paraÃso se puede rozar en la tierra y por ese motivo se lucha dÃa a dÃa, para que todo el mundo pueda tener ese encuentro y experimentar de veras que es tan real como la vida misma, ó mucho más, el destino a donde nos lleva la esperanza cristiana.



