Sin inspiración e imperfecto

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El hombre es un ser imperfecto, totalmente imperfecto, que sufre, que llora, que recela, que duda, que tiene crisis… multitud de crisis, que yerra, que peca, que hace más cosas mal que bien y que a veces se queda sin inspiración.

Por eso hoy me permito el lujo de plagiar un texto de Ernesto Sábato y compartirlo con ustedes:

“Lanzado ciegamente a la conquista del mundo externo, preocupado por el solo manejo de las cosas, el hombre terminó por cosificarse él mismo, cayendo al mundo bruto en que rige el ciego determinismo. Empujado por los objetos, títere de la misma circunstancia que había contribuido a crear, el hombre dejó de ser libre, y se volvió tan anónimo e impersonal como sus instrumentos. Ya no vive en el tiempo originario del ser sino en el tiempo de sus propios relojes. Es la caída del ser en el mundo, es la exteriorización y la banalización de su existencia. Ha ganado el mundo pero se ha perdido a sí mismo.

Hasta que la angustia lo despierta, aunque lo despierte a un universo de pesadilla. Tambaleante y ansioso busca nuevamente el camino de sí mismo, en medio de las tinieblas. Algo le susurra que a pesar de todo es libre o puede serlo, que de cualquier modo él no es equiparable a un engranaje. Y hasta el hecho de descubrirse mortal, la angustiosa convicción de comprender su finitud también de algún modo es reconfortante, porque a fin de cuentas le prueba que es algo distinto a aquel engranaje indiferente y neutro: le demuestra que es un ser humano. Nada más pero nada menos que un hombreâ€.

Si les he querido leer este texto es para que nos demos cuenta de que el hombre no es más que eso: un hombre.

Intentar elevar las decisiones del hombre en un parlamento a algo sagrado, creerse los dueños de nuestra existencia, legislar sobre la vida y crear como derecho la decisión del nacimiento o no de un bebé en ciernes nos servirá para controlar el mundo externo pero lleva consigo la peor de las pérdidas.

Ya no somos hombres libres para nacer, sino seres atados a la decisión de otro, a nuestras propias creaciones, banalizando incluso lo más sagrado: nuestra propia existencia.

2 Comentarios

  • Manuel María Bru Dice:

    Hermoso texto, Ãlvaro. Debilidad y libertad son los grandes dones que Dios nos ha dado, para que seamos humildes, la primera, y para que seamos responsables, la segunda. Sin estos dos pulmones del alma, no podemos responder al magnífico plan que Dios ha soñado para cada uno de nosotros y, como tu apuntas, hasta ni siquiera podemos al plan que Dios ha soñado sobre los demás.

  • Catholicus Dice:

    Bien dicho!. Tenemos que ser lo que somos. Desde ahí caminaremos al futuro.

    http://www.youtube.com/watch?v=-bqEW9baFSg

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