Pensar, meditar, discernir…
Una de las grandes dificultades que tenemos los periodistas es discernir qué noticia o qué acontecimiento tiene interés para nuestros oyentes. Es algo apasionante. Pensar, meditar, intuir, reflexionar sobre qué noticia o acontecimiento nos puede acercar a conocer la Verdad con mayúscula y que noticia nos puede diluir, nos puede desviar, nos puede ayudar a olvidar el norte y meternos en discusiones y polémicas absurdas con las que no sólo perdemos tiempo sino también la perspectiva de las cosas.
La Semana de la Misionología en Burgos es uno de esos acontecimientos que aparentemente no tendrán interés (si pensamos en el morbo, en el espectáculo, la expectación o en la polémica), pero que sí que tiene interés (si lo que buscamos es la Verdad y una explicación de lo que ocurre en el mundo).
Los misioneros siempre tienen algo que decirnos, siempre tienen testimonios interesantes, siempre nos ofrecen algo distinto e impactante, siempre nos dejan un poso en el corazón y en el alma indescriptible y deberían ser portada (día sí y día también) de todos los medios de comunicación. (Si algún día esta profesión fuera lo que debería ser).
Este año la semana de la Misionología está dedicada a la Jornada Mundial de la Juventud y es que no hay cosa que más seduzca a un joven que el testimonio real de alguien que esta dando su vida por los más pobres y necesitados.
Son estas vidas las que cambian el mundo y no las polémicas absurdas sobre mensajes publicitarios en autobuses; son todos estos santos en vida los que nos ofrecen repuestas a las preguntas del mundo y no las discusiones sobre donde deben estudiar determinados seminaristas; son sus miradas, sus inquietudes y sus pensamientos y no las discusiones sobre el conocimiento de determinados documentos teológicos los que nos hacen meditar y darnos cuenta de la verdadera realidad de nuestra existencia.










