Seis palabras por Haití

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Con seis términos, con seis sensaciones, con seis palabras, fuertes y sentidas palabras, la embajadora de Haití en España sintetizaba, tras la Eucaristía celebrada por el Nuncio en España, el sentimiento de este país de las antillas azotado por la tragedia.

Impotencia, solidaridad, humildad, esperanza, reconstrucción y resurrección.

Seis palabras que deben llevarnos a empatizar con el pueblo de Haití. Deben ayudarnos a comprender la impotencia de haber perdido todo lo que tenían; a entender la necesaria solidaridad de todos los que ponen su granito de arena en la ayuda; la humildad, obligada humildad que debe sentir un ser humano, cuando la desgracia, la naturaleza o el mal destruyen su sueño. Un choque para los que piensan que el hombre es autosuficiente y dueño de todo.

La esperanza, difícil término. El más difícil de los seis expresados por la embajadora en circunstancias de este tipo, pero que no puede perderse nunca. Una esperanza que está liderando la Iglesia haitiana.
Liderando con la reconstrucción del país. Con la cooperación de Caritas, con el desarrollo, con las infraestructuras necesarias.

Y la resurrección, el más bonito de todos los términos, el más cristiano, el que da sentido a toda nuestra vida; el que nos purga de nuestros pecados, el que vertebra los otros cinco.

Porque no se trata sólo de ofrecer ayuda, sino resucitar un país que ya antes del terremoto se encontraba destrozado, que desgraciadamente ha salido al disparadero mediático por una catástrofe, pero cuya tragedia supone una gran oportunidad: “la oportunidad de construir un nuevo modelo de país más humano, tanto desde el punto de vista urbanístico y económico, como estructural, y más descentralizado del que ha venido funcionando hasta ahoraâ€.

Porque, como expresaba el director de Cáritas en Haití, en una visita al Vaticano: “ya es el momento de proyectar una reconstrucción justa, al menos mientras los focos estén encendidos sobre nosotrosâ€.

La baranda del paro

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 “¿Qué, de vacaciones?â€, “Sí, como tú, forzadasâ€. Este es el diálogo que más he escuchado en las últimas semanas. De vez en cuando está bien pararse y simplemente contemplar. Escuchar la opinión de la calle. Es un ejercicio que deberíamos hacer los periodistas más a menudo. Sentarnos en las plazas de los pueblos, los parques ó las fuentes de los barrios… y escuchar.

Oír las conversaciones de peluquería, las preocupaciones en los bares y las súplicas a San Judas Tadeo, que son muchas, muchísimas. Mirar las caras de los desempleados en las colas del INEM y de tantos inmigrantes que pululan por las calles sin destino predeterminado. Oler la angustia y hacerla nuestra.

Fijarse en los hombres de mediana edad, padres de familia que han dejado hasta la última gota de sangre por su empresa, propia ó ajena. Hombres que pasan sus días apoyados en una baranda ó sentados en un banco, lamiéndose las heridas de sentirse inútiles por estar desocupados. Escuchen sus conversaciones, hirientes en muchas ocasiones: “Manolo, ¿cuándo se acaban tus vacaciones?â€. “Aún me queda, todavía tengo dos ó tres meses de paroâ€.

La gente de a pie, la que nos gusta pasear por las calles y juntarnos en las plazas de los pueblos no entendemos de reformas laborales, ni de convenios, no entendemos ni de horarios, ni de modificaciones de los controladores aéreos; no conocemos los pasajes del Deuteronomio que se sacó de la chistera Rodríguez Zapatero; ni tenemos idea de qué supone que la indemnización por despido improcedente sea de 33 días.

No nos importa el IBEX y su gran caída bursátil, de un 6 por ciento; por cierto. Ni las encuestas del CIS sobre valoraciones de Rajoy ó Zapatero… cada día peor valorados. Mucho menos, nos importa las absurda propuesta de la Ministra Trinidad Jiménez, tan preocupada (no quiero saber el porqué), por el cibersexo. Lo de la Alianza de Civilizaciones suena a chiste, a no ser que nos unamos todos para buscar trabajo.

Hay mucho, mucho dolor humano… el que todos los días ocurre en las plazas y parques de todo el Estado. Ese dolor parece no importar. Pero digámoslo en cristiano: Nadie entiende nada… sólo que día tras día son más los que tienen ese sufrimiento y pasan los días, desgraciadamente, apoyados en una baranda: la baranda del paro.

Perder el tiempo en contemplar

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El síndrome de la utilidad se ha apoderado también de las personas. Fácilmente se califica a cada uno de nosotros como útil o no útil y la especialización de las profesiones se llena de entendidos, eruditos y expertos en realizar una determinada tarea.

Los hay para todo: expertos en Marketing empresarial, en controles de calidad, en biotecnología, en Internet y redes sociales, en ortología, en cocina marítima, en cuestiones inmobiliarias, en enfermería… no hay campo donde no haya expertos. Bueno sí, hay uno donde escasean, más bien no existen porque parece un campo inútil ya que no se ve en un primer momento su aplicación. Me refiero a los expertos en la contemplación, los expertos en la escucha, en la mirada atenta, en descifrar el porqué y el para qué de las cosas. Filósofos ó simples pensadores que se dediquen a ver los acontecimientos, analizarlos, elevarlos y buscar una última explicación a todo lo que ocurre en nuestros días.

Han desaparecido porque nadie les toma en serio y nadie, en esta fútil existencia, parece estar dispuesto a “perder el tiempo†(sorprendente término) en pensar en ciertas cosas.

Las cifras del paro son analizadas por todo tipo de expertos: en gestión de salarios y seguros sociales, en economía aplicada, en principios liberales de mercado, en diversificación del empleo ó en cambios metodológicos en energías renovables. ¿Existe alguien que se haya parado a pensar, simplemente a meditar en porqué existen estas cifras y para qué queremos regular el mercado? ¿Alguien ha contemplado la realidad de lo que sucede y se ha molestado un momento en escuchar las súplicas y preocupaciones de los más de 4 millones de parados? Las consideraciones morales, de justicia social, las grandes especulaciones y los porcentajes estratosféricos de ganancia de los últimos años…

Mejor nos iría si hubiera expertos que simplemente se dedicaran a contemplar y a mirar las cosas, a reflexionar y pensar sobre lo que sucede, a analizar fríamente las cifras. Expertos que tuvieran la inquietud y la posibilidad de perder su tiempo en contemplar: La más maravillosa manera de perder el tiempo.

Que hablen, que hablen, que hablen…

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Hoy es San Juan Bosco y por eso he querido comenzar con una frase suya que dice así: “Por mucho que nos critiquen sigamos nuestro trabajo adoptando el siguiente sistema y precioso lema: obrar bien y dejar a la gente que hableâ€.

Siempre que llega un obispo a una nueva diócesis ocurre lo mismo. Se le busca la etiqueta: conservador, progre, liberal, no liberal, respetuoso con el Concilio Vaticano II (¿es que hay alguno que no lo sea?) y cosas mucho más duras, incluso con acusaciones personales y descalificativos de muchos sectores.

Nadie conoce a quien llega a una nueva diócesis y los medios de comunicación, fundamentalmente locales, raramente ponen interés en conocerle. Su objetivo: etiquetarle, con el mismo tacto con el que se marca un hierro candente a las ganaderías de lidia.

Monseñor Jesús Sanz lo definió perfectamente en su toma de posesión, ayer, como nuevo arzobispo de Oviedo: “El Santo Padre cuando nos propone como obispos para una Sede, se dice que nos preconiza. Pero algunos observadores mediáticos, políticos o clericales con sus deseos o sus temores parece que más bien nos “precocinanâ€.

Creo que se hace en todos los tipos de información especializada. Los medios de comunicación precocinan a sus protagonistas a su antojo y en la mayoría de las ocasiones el resultado tiene la misma similitud que un huevo y una castaña.

Por eso no hay que dejarse llevar nunca por lo que la gente hable… y dedicarse como dice San Juan Bosco, simplemente a obrar bien. El resto es incontrolable.

Precisamente con la intención de buscar las obras, nos hemos querido trasladar a Covadonga para estar allí con Monseñor Jesús Sanz en una de sus buenas obras. Visitar a su Madre en esta advocación tan querida y que todos denominan cariñosamente como la Santina. Desde allí hablaremos con él.

En El Espejo, ya lo saben: no precocinamos, simplemente pretendemos que llegue lo más puro posible el reflejo del alma de todos los protagonistas de las informaciones. Obramos, ó por lo menos intentamos, bien. Los demás… que hablen.  

The ZPrayer

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15565549-300x300.jpgNormalmente uno habla en la radio ó escribe en un periódico para ofrecer datos u opiniones que sirvan para clarificar temas de actualidad. Claves de interpretación para destripar los acontecimientos que están ocurriendo.

Hoy no será así. Hoy lo que les pido es que, por favor, alguien me envíe un correo electrónico explicándome lo que pasa. No lo entiendo.

La esquizofrenia de nuestro gobierno, en la persona de José Luis Rodríguez Zapatero ha llegado a su punto más álgido en toda la legislatura. Ya no se trata de negar la crisis y con casi 5 millones de parados decir que estamos saliendo de la recesión. Ya no se trata de hablar con terroristas y negar una negociación con ETA.Nuestro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero asistirá, el día 4 de febrero, como invitado al “Desayuno de la Oración†en los Estados Unidos. Como lo oyen.

Un acto que, como explica hoy en ABC José María Carrascal, comienza con una oración, termina con una plegaria y en medio hay sólo invocaciones al Señor y promesas de no apartarse de las Sagradas Escrituras. Yo me pregunto… ¿a cuál de estas tres acciones va Rodríguez Zapatero?

Para terminar de completar el acto de esta gran tragicomedia del absurdo… el yin de Zapatero, ó el yan, (porque a veces en esta esquizofrenia se van cambiando los papeles), Fernández de la Vega salía a escena. La vicepresidenta del gobierno anunciaba este viernes, tras el Consejo de Ministros, que se está trabajando en el anteproyecto de Ley de Libertad religiosa. Una ley, cuya normativa estrella es la presencia, ó más bien ausencia, de símbolos religiosos en la Administración y en sus actos públicos.

¿A qué va entonces Zapatero a Estados Unidos? ¿A requisar todos los crucifijos que existan en el acto? ¿A cambiar la oración de entrada, a hacer una plegaria a la Nada, dios sumum del socialismo ó a hacer promesas de no apartarse del laicismo más beligerante?

Por favor, espero que alguien me explique por email estas dos cosas: ¿Qué pinta allí el laicista mayor del reino? Y ¿Quién demonios (nunca mejor dicho) le ha invitado?

La falsa imagen de los obispos

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Algunos pensarán que hay ciertas cosas que no se deben contar y deben guardarse en el baúl de los recuerdos y de las anécdotas, que hay ciertas vivencias que son parte del off-the record de la profesión periodística y que lo que ocurre entre bambalinas debe quedarse a buen recaudo de la representación escénica. Quizá tengan razón, pero me creo en la obligación moral de contar ciertas anécdotas e historias que son primordiales y necesarias para comprender la información religiosa. Por lo menos, tal y como yo la concibo.

El pasado sábado, en la sacristía de la Catedral del Buen Pastor en San Sebastián el equipo de El Espejo de Fin de Semana pudimos saludar a todos los obispos asistentes a la toma de posesión de monseñor José Ignacio Munilla en los instantes previos del acto. No ocurrió nada en especial. Sólo recordábamos historias de nuestros viajes a Sidney y a Roma y de otras tomas de posesión; compartíamos risas y anécdotas del nevado viaje a San Sebastián y nos preguntábamos, los unos a los otros, cómo nos encontrábamos. Simplemente el reencuentro con unos amigos con los que hemos compartido vivencias, viajes y acontecimientos.

Cuento esto, simplemente, para mostrar mi grado de afecto hacia los obispos españoles. No se trata de mostrar mi falta de objetividad ante ellos, sino para que entiendan que intento argumentar desde el conocimiento, no sólo de su figura y labor pastoral, sino de la persona de muchos de ellos.

Por eso me duele muchísimo cuando leo que alguien califica a monseñor José Ignacio Munilla como “muy de derechasâ€, intentan mostrar al arzobispo de Granada, monseñor Javier Martínez como machista e instigador de la “violencia de género†ó insultan y se burlan del cardenal Rouco Varela y monseñor Martínez Camino, sólo por ser presidente y secretario general de la Conferencia Episcopal Española.

Todos aquellos que así opinan sólo pueden calificarse de ignorantes ó mentirosos. Ignorantes porque no conocen de lo que hablan y ni siquiera se han preocupado por conocer a los protagonistas de sus informaciones y mentirosos, si han podido simplemente rozar el alma, el pensamiento y las ilusiones de cada uno de los obispos (cosa que dudo… y mucho) y aún así siguen escribiendo las cosas que escriben.

Me vienen a la memoria multitud de entrevistas que hemos realizado en El Espejo con motivos, tanto de sus ordenaciones y tomas de posesión, como de otros acontecimientos.

La última, en San Sebastián, con Monseñor Munilla. La primera que realizaba a un medio de comunicación y donde las carcajadas se sucedían. Nos contó cómo nació su vocación y nos mostraba lo que para él es más importante y primordial, el gran drama del hombre: el dolor del corazón humano y la falta de afectos y cariño. Pero recuerdo muchas más…

Recuerdo la ilusión, cercanía y cariño del cardenal Rouco Varela en la entrevista realizada en un estudio improvisado en una habitación de hotel de Sidney, justo nada más conocerse a Madrid como la nueva sede de la Jornada Mundial de la Juventud. Nada que ver con la imagen de duro, serio y hasta “inquisidor†que le plantean los medios de comunicación.

Recuerdo la sencillez y simpatía de los cardenales Cañizares y Sistach, justo un día antes de aquel momento; ó una larga conversación con el cardenal García-Gasco, en el que era, por aquel entonces, su palacio arzobispal de Valencia. Imagen, muy alejada, de la de príncipes de la Iglesia ajenos al mundo real.

Me he reído mucho y he disfrutado con algunas de las entrevistas. Como las que le hemos realizado a monseñor Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Tudela. Una por hablar de los cogollos de Tudela y la gastronomía de esa tierra y otra por abanderar la entrevista ante tres niños a los que fui incapaz de hacerles hablar. Sólo monseñor Francisco Pérez podía lograrlo. Y a ciencia cierta que lo hizo, salvando un programa que reconozco que se me iba de las manos.

Me he emocionado y mucho, junto con monseñor Mario Iceta y monseñor Ricardo Blázquez, el día después de la toma de posesión del primero como obispo auxiliar de Bilbao. Se respiraba la complicidad de maestro a discípulo, de padre a hijo, de hermano mayor a pequeño, de compañeros de fatigas, mostrando un clima de humanidad que difícilmente se podrá repetir.

Con monseñor Javier Martínez en Granada, hablando de su seminario, de la Virgen de las Angustias y del dolor humano. Con monseñor Francesc Pardo en Gerona, que tímidamente se ponía en nuestras manos en la primera entrevista que realizaba como obispo de Gerona. Con las primeras impresiones de monseñor Alfonso Carrasco Rouco en Lugo; monseñor Osoro en Valencia; monseñor Ãngel Rubio en Segovia y monseñor Giménez Valls en Menorca, a quien mi atrevimiento me llevó incluso a preguntarle el porqué no había dedicado palabras en español en su homilía y me sorprendió con una petición de perdón y de disculpas que terminó por desmontar todos mis prejuicios.

Escuchando en antena el himno del Xerez C.F junto al obispo de esa tierra, monseñor José Mazuelos ó hablando con monseñor Braulio Rodríguez Plaza de mi pueblo, Corral de Almaguer, perteneciente a la diócesis de Toledo.

Imágenes y acontecimientos únicos. Como cruzar la Bahía de Sidney con monseñor Iceta, Munilla y Rafaél Zornoza en la parte superior de un catamarán ó reírme a carcajadas con el obispo de Albacete, monseñor Ciriaco Benavente, de camino al Randwick Racecourse en el autobús de los obispos españoles en Sidney.

Ó con monseñor Quinteiro en Orense, cuyo cariño aún recuerdo y con el que pasamos buen rato en el estudio hablando tras la entrevista. ¡Ninguno nos queríamos levantar de allí¡ ó cuando “utilizamos†a monseñor Ramón del Hoyo, obispo de Jaén, como un corresponsal más desde el cerro del Cabezo en Andujar; y disfrutamos de El Rocío con monseñor José Vilaplana, obispo de Huelva. Entrevistas con el cardenal Amigo, con monseñor Jaume Pujol, monseñor Asenjo, monseñor Estaban Escudero, monseñor Sebastián Taltavull ó el fallecido monseñor Joan Carrera

Son tantísimas las anécdotas que podría contar de todos nuestros viajes, entrevistas y encuentros con los obispos españoles, que seguro que me dejo muchas en el tintero…

No sé lo que ocurrirá en otros tipos de información con respecto a sus protagonistas principales, pero puedo decir, a ciencia cierta, que la imagen que a veces aparece en los medios de comunicación sobre los obispos españoles es falsa y está manipulada.

No son ni de derechas, ni de izquierdas, ni nacionalistas, ni no nacionalistas, ni homófonos, ni se encuentran en una “urna†alejados de lo que nos rodea. No buscan ningún tipo de prebenda ni premio. Realmente no buscan nada para ellos. Lloran y compadecen cuando sus fieles sufren y se ríen y disfrutan cuando se encuentran junto a los jóvenes y en días de fiesta. No son ogros, ni seres con “rabo y cuernosâ€. Ni echan espumarajos y fuego por la boca, como algunos intentan presentar.

Son hombres con una sencillez y humanidad admirable; verdaderos sucesores de los apóstoles y maestros en la enseñanza del Evangelio. Con sus fallos, como todo ser humano, pero intentando hacer el bien a todos los que les rodean.

Sólo una cosa les une a todos, que un buen día dejaron todo lo que tenían por abrazar a Cristo (la pregunta sobre su vocación es obligada en El Espejo); que están orgullosos de esa elección y que aman a la Iglesia como a su propia madre y maestra. Quizá sea esto lo que les pone en el disparadero de algún tipo de prensa.

Si cuento esto, no es por camaradería ni lealtad: Ni soy sacerdote, ni nunca llegaré a serlo. Ni por dar coba, jabón y hacer la barba: Ni es mi estilo, ni tengo porqué hacerlo. Simplemente lo hago, porque, cuanto más los conozco y más me acerco a ellos, más sufro por las mentiras y manipulaciones que se dicen a los que empiezo a considerar casi, como mis propios amigos: los obispos.

El corazón de Munilla

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Bienvenidos a este Espejo especial que realizamos desde COPE-Guipuzcoa. Hoy conoceremos al nuevo obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla. Intentaremos adentrarnos en su alma, en sus gustos y en su humanidad, que es mucha y sobre todo intentaremos que ponga el corazón encima de la mesa. Un corazón que tiene dueño, un corazón que tiene amo y señor, un corazón que no sabe de ideologías, ni de política, sólo de amor. Un corazón que como dice su lema episcopal, sólo recita: “en ti confíoâ€.

El dueño del corazón de monseñor Munilla es el dueño y señor de toda San Sebastián, de toda su diócesis, de todos y cada uno de sus donostiarras, a quienes mira con cariño desde el Monte Urgull.Sobre este monte se levanta majestuoso, bajo una pirámide truncada de 16 metros un monumento al Sagrado Corazón de Jesús de más de 12 metros de altura.

Desde allí observa con ternura a todos los donostiarras y se convierte en su referente. Las Playas de Ondarreta y de la Concha parecen mirarlo a él; el centro y la parte vieja se resguarda tras su mirada e incluso hasta el “Peine de los Vientos†de Chillida parece saludarle a lo lejos.

Si hay algo, (seguro), que tiene claro monseñor José Ignacio Munilla es aquello que le recordaba una carta de uno de sus fieles y que ayer quiso compartir con todos nosotros: “Hay mucha falta de cariño en los corazones, José Ignacio;, tú que lo recibes de Nuestro Señor, dáselo a los pobres y a los pequeños; y no te olvides de ninguno… ¡Sé reflejo humilde del Corazón de Jesús, siendo de todos y para todos!â€.Ésta es en definitiva la labor de todo cristiano, ser reflejo del Corazón de Jesús y lo que nos ha enseñado siempre el nuevo obispo de San Sebastián. Desde su página web: www.enticonfio.org, nos ha enseñado a los jóvenes cómo buscar el rostro de Dios y ha puesto “las cartas sobre la mesa†en todos los temas de actualidad, sin evitar ningún embite o tema polémico.

Porque, en definitiva, la fuerza del nuevo obispo de San Sebastián es la fuerza de todos los donostiarras y guipuzcoanos: estar bajo la mirada de ese faro espiritual que se levanta sobre el Monte Urgull y simplemente, en todo momento, decir: “en vos confíoâ€.

Ole Munilla, Gora San Sebastián

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munilla4.jpgDecían las malas lenguas que se preveía un recibimiento hostil, con durezas, rigores y asperezas. A decir verdad la única inclemencia que hemos notado, pero bien, es la metereológica: es decir, la nieve. Y ya saben… año de nieves, año de bienes.

Toda Donostia está nevada. La Bella Easo ha amanecido con un precioso manto que añade aún más belleza a esta tierra.Las Playas de la Concha, Ondarreta y Zurriola nevadas. El Monte Urgull, Igeldo y la Isla Santa Clara también.

Las calles de San Sebastián heladas y los donostiarras andan como pueden por la calle San Martín, la Avenida de la Libertad y por la Plaza del Buen Pastor, lugar donde se encuentra la Catedral. Y con este hielo, con esta nieve y con este frío, la catedral a rebosar de gente.

Nunca, y son muchas las tomas de posesión que hemos transmitido había visto a tanta gente en la ceremonia. En los laterales se agolpaba la multitud y nadie, nadie, se ha querido perder este acontecimiento en el que, no nos olvidemos, quien realmente recibe la gloria no es el obispo, sino Cristo. Monseñor Munilla sólo es el intermediario.

Bien lo expresaba en su homilía, que ha tenido de todo: humor, fábula y moraleja, una carta de uno de los fieles y palabras de cariño y agradecimiento: “el camino para sanar heridas y para alcanzar la meta que perseguimos es dar gloria a Diosâ€.

Eso es precisamente lo que se ha hecho hoy en la Catedral del Buen Pastor, dar gloria a Dios ante la llegada de su nuevo obispo.

Todo lo demás: ideologías, movimientos, piques, cabreos, pastorales y politiqueos diversos se dejan para otros. El pueblo de Dios sólo tiene un sentido y un objetivo Dios y su fe. Porque como han dicho tanto monseñor Munilla como su predecesor monseñor Uriarte: “¡Cualquier otra cosa, inevitablemente, nos conduciría a malas interpretaciones y a manipulaciones!â€

Valores de Caritas

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El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, ha entregado, en el día de hoy a Caritas el importe correspondiente al 1,5% del Fondo Común Interdiocesano. Una donación que se realiza a Caritas para hacer frente a las peticiones de ayuda por parte de las personas afectadas por la crisis. Una ayuda más para el gran ejército cristiano de voluntarios para paliar la crisis.

Todos conocemos ya la gran labor que realizan, pero quizá no tanto que su intención no es sólo poner una venda ante la sangrante herida de la crisis económica, sino intentar como caridad política… evidenciar los factores causantes de la crisis y desde ahí procurar una transformación social. Una auténtica contracultura que propone como modelo la mirada del Buen Samaritano, para saber “ver con el corazón†que aprecia los verdaderos valores humanos.

Cuatro son los valores fundamentales para sobrellevar estos momentos de crisis e intentar crear una sociedad con futuro.

1.     Frente al individualismo, la comunión: Despertar de la indiferencia, salir del propio círculo de intereses e involucrarse personalmente en lograr una mayor justicia en la distribución de los bienes.

2.     Frente a la insolidaridad: participación. No sólo en nuestras relaciones personales, sino también incluir a quienes habitualmente ignoramos u obviamos por su realidad de marginación o exclusión.

3.     Frente al uniformismo: diversidad. No anular lo mejor de la persona, sino darse cuenta del carácter único e irrepetible de cada hombre/mujer y de su dimensión creativa/creadora.

4.     Frente al egoismo: Gratuidad. No se entiende Caritas sin el yacimiento de gratuidad que le da alma a cualquier intervención social. Clave de su experiencia religiosa.

 Caritas nos da toda una enseñanza y una manera de afrontar la acción social ante la crisis que va más allá de ayudar a quienes más sufren, porque intenta que en el futuro no haya nadie que necesite de esta ayuda. Si todos viviéramos estos valores de Caritas, seríamos muchos más el ejército de solidarios, que los que necesitan respuestas ante la crisis.

La España real y cristiana

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A veces pienso que la política va por un lado y los ciudadanos vamos por otro muy distinto. En Cataluña y bajo una aparente defensa de los animales se ha admitido a trámite una iniciativa para suprimir la fiesta de los toros y en Madrid, el Congreso ha aprobado la ley del aborto legitimando el asesinato del no nacido como un derecho. En Copenhague los grandes líderes políticos no se ponen de acuerdo en como salvar al planeta y en la Eurocámara finalmente se ha pospuesto la votación de la resolución sobre la presencia de crucifijos en las escuelas italianas.

Los ciudadanos tenemos otros problemas. El paro se multiplica, las familias no llegan a fin de mes y en muchas casas este año la Navidad serán días de gran tristeza. Las hipotecas nos asfixian, las familias de clase media comienzan a sentir la exclusión social y ya son muchos los hogares con todos los miembros en el paro.

Pequeños empresarios arruinados, personas mayores casi en la calle, personas con ingresos cero y familias jóvenes con niños pequeños en situación desesperada. Mientras, los políticos discuten sobre ideologías y olvidan los servicios sociales, que brillan por su ausencia.

Hoy, El Semanal ofrece un reportaje de los 57.000 voluntarios de Caritas. Del ejército cristiano que trabaja en primera línea contra los efectos de la crisis. Sin sueldo, sin beneficios personales, sin pretensiones ideológicas ni políticas, sólo buscando hacer algo por los demás e intentando llegar donde papá Estado ni se asoma.

Son los rostros de la verdadera realidad en España. De la gente buena que existe, de las preocupaciones reales, del drama de la crisis económica y espiritual que nos asola.
Recogiendo cien toneladas de ropa usada; dando clases de español a inmigrantes; con sus comedores; ayudando para que familias puedan comprar alimentos, pagar sus hipotecas, alquileres ó incluso el agua ó la luz.

Esta es la España real de hoy. La que sufre y la que ayuda, la que no piensa en sí misma sino en que todo el mundo tenga un mínimo de dignidad. La que tiene en su vida, en primer lugar, el crucifijo que quieren quitar. La solidaria y cristiana.

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