
Algunos pensarán que hay ciertas cosas que no se deben contar y deben guardarse en el baúl de los recuerdos y de las anécdotas, que hay ciertas vivencias que son parte del off-the record de la profesión periodÃstica y que lo que ocurre entre bambalinas debe quedarse a buen recaudo de la representación escénica. Quizá tengan razón, pero me creo en la obligación moral de contar ciertas anécdotas e historias que son primordiales y necesarias para comprender la información religiosa. Por lo menos, tal y como yo la concibo.
El pasado sábado, en la sacristÃa de la Catedral del Buen Pastor en San Sebastián el equipo de El Espejo de Fin de Semana pudimos saludar a todos los obispos asistentes a la toma de posesión de monseñor José Ignacio Munilla en los instantes previos del acto. No ocurrió nada en especial. Sólo recordábamos historias de nuestros viajes a Sidney y a Roma y de otras tomas de posesión; compartÃamos risas y anécdotas del nevado viaje a San Sebastián y nos preguntábamos, los unos a los otros, cómo nos encontrábamos. Simplemente el reencuentro con unos amigos con los que hemos compartido vivencias, viajes y acontecimientos.
Cuento esto, simplemente, para mostrar mi grado de afecto hacia los obispos españoles. No se trata de mostrar mi falta de objetividad ante ellos, sino para que entiendan que intento argumentar desde el conocimiento, no sólo de su figura y labor pastoral, sino de la persona de muchos de ellos.
Por eso me duele muchÃsimo cuando leo que alguien califica a monseñor José Ignacio Munilla como “muy de derechasâ€, intentan mostrar al arzobispo de Granada, monseñor Javier MartÃnez como machista e instigador de la “violencia de género†ó insultan y se burlan del cardenal Rouco Varela y monseñor MartÃnez Camino, sólo por ser presidente y secretario general de la Conferencia Episcopal Española.
Todos aquellos que asà opinan sólo pueden calificarse de ignorantes ó mentirosos. Ignorantes porque no conocen de lo que hablan y ni siquiera se han preocupado por conocer a los protagonistas de sus informaciones y mentirosos, si han podido simplemente rozar el alma, el pensamiento y las ilusiones de cada uno de los obispos (cosa que dudo… y mucho) y aún asà siguen escribiendo las cosas que escriben.
Me vienen a la memoria multitud de entrevistas que hemos realizado en El Espejo con motivos, tanto de sus ordenaciones y tomas de posesión, como de otros acontecimientos.
La última, en San Sebastián, con Monseñor Munilla. La primera que realizaba a un medio de comunicación y donde las carcajadas se sucedÃan. Nos contó cómo nació su vocación y nos mostraba lo que para él es más importante y primordial, el gran drama del hombre: el dolor del corazón humano y la falta de afectos y cariño. Pero recuerdo muchas más…
Recuerdo la ilusión, cercanÃa y cariño del cardenal Rouco Varela en la entrevista realizada en un estudio improvisado en una habitación de hotel de Sidney, justo nada más conocerse a Madrid como la nueva sede de la Jornada Mundial de la Juventud. Nada que ver con la imagen de duro, serio y hasta “inquisidor†que le plantean los medios de comunicación.
Recuerdo la sencillez y simpatÃa de los cardenales Cañizares y Sistach, justo un dÃa antes de aquel momento; ó una larga conversación con el cardenal GarcÃa-Gasco, en el que era, por aquel entonces, su palacio arzobispal de Valencia. Imagen, muy alejada, de la de prÃncipes de la Iglesia ajenos al mundo real.
Me he reÃdo mucho y he disfrutado con algunas de las entrevistas. Como las que le hemos realizado a monseñor Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Tudela. Una por hablar de los cogollos de Tudela y la gastronomÃa de esa tierra y otra por abanderar la entrevista ante tres niños a los que fui incapaz de hacerles hablar. Sólo monseñor Francisco Pérez podÃa lograrlo. Y a ciencia cierta que lo hizo, salvando un programa que reconozco que se me iba de las manos.
Me he emocionado y mucho, junto con monseñor Mario Iceta y monseñor Ricardo Blázquez, el dÃa después de la toma de posesión del primero como obispo auxiliar de Bilbao. Se respiraba la complicidad de maestro a discÃpulo, de padre a hijo, de hermano mayor a pequeño, de compañeros de fatigas, mostrando un clima de humanidad que difÃcilmente se podrá repetir.
Con monseñor Javier MartÃnez en Granada, hablando de su seminario, de la Virgen de las Angustias y del dolor humano. Con monseñor Francesc Pardo en Gerona, que tÃmidamente se ponÃa en nuestras manos en la primera entrevista que realizaba como obispo de Gerona. Con las primeras impresiones de monseñor Alfonso Carrasco Rouco en Lugo; monseñor Osoro en Valencia; monseñor Ãngel Rubio en Segovia y monseñor Giménez Valls en Menorca, a quien mi atrevimiento me llevó incluso a preguntarle el porqué no habÃa dedicado palabras en español en su homilÃa y me sorprendió con una petición de perdón y de disculpas que terminó por desmontar todos mis prejuicios.
Escuchando en antena el himno del Xerez C.F junto al obispo de esa tierra, monseñor José Mazuelos ó hablando con monseñor Braulio RodrÃguez Plaza de mi pueblo, Corral de Almaguer, perteneciente a la diócesis de Toledo.
Imágenes y acontecimientos únicos. Como cruzar la BahÃa de Sidney con monseñor Iceta, Munilla y Rafaél Zornoza en la parte superior de un catamarán ó reÃrme a carcajadas con el obispo de Albacete, monseñor Ciriaco Benavente, de camino al Randwick Racecourse en el autobús de los obispos españoles en Sidney.
Ó con monseñor Quinteiro en Orense, cuyo cariño aún recuerdo y con el que pasamos buen rato en el estudio hablando tras la entrevista. ¡Ninguno nos querÃamos levantar de allá ó cuando “utilizamos†a monseñor Ramón del Hoyo, obispo de Jaén, como un corresponsal más desde el cerro del Cabezo en Andujar; y disfrutamos de El RocÃo con monseñor José Vilaplana, obispo de Huelva. Entrevistas con el cardenal Amigo, con monseñor Jaume Pujol, monseñor Asenjo, monseñor Estaban Escudero, monseñor Sebastián Taltavull ó el fallecido monseñor Joan Carrera
Son tantÃsimas las anécdotas que podrÃa contar de todos nuestros viajes, entrevistas y encuentros con los obispos españoles, que seguro que me dejo muchas en el tintero…
No sé lo que ocurrirá en otros tipos de información con respecto a sus protagonistas principales, pero puedo decir, a ciencia cierta, que la imagen que a veces aparece en los medios de comunicación sobre los obispos españoles es falsa y está manipulada.
No son ni de derechas, ni de izquierdas, ni nacionalistas, ni no nacionalistas, ni homófonos, ni se encuentran en una “urna†alejados de lo que nos rodea. No buscan ningún tipo de prebenda ni premio. Realmente no buscan nada para ellos. Lloran y compadecen cuando sus fieles sufren y se rÃen y disfrutan cuando se encuentran junto a los jóvenes y en dÃas de fiesta. No son ogros, ni seres con “rabo y cuernosâ€. Ni echan espumarajos y fuego por la boca, como algunos intentan presentar.
Son hombres con una sencillez y humanidad admirable; verdaderos sucesores de los apóstoles y maestros en la enseñanza del Evangelio. Con sus fallos, como todo ser humano, pero intentando hacer el bien a todos los que les rodean.
Sólo una cosa les une a todos, que un buen dÃa dejaron todo lo que tenÃan por abrazar a Cristo (la pregunta sobre su vocación es obligada en El Espejo); que están orgullosos de esa elección y que aman a la Iglesia como a su propia madre y maestra. Quizá sea esto lo que les pone en el disparadero de algún tipo de prensa.
Si cuento esto, no es por camaraderÃa ni lealtad: Ni soy sacerdote, ni nunca llegaré a serlo. Ni por dar coba, jabón y hacer la barba: Ni es mi estilo, ni tengo porqué hacerlo. Simplemente lo hago, porque, cuanto más los conozco y más me acerco a ellos, más sufro por las mentiras y manipulaciones que se dicen a los que empiezo a considerar casi, como mis propios amigos: los obispos.