Pensar, meditar, discernir…

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Una de las grandes dificultades que tenemos los periodistas es discernir qué noticia o qué acontecimiento tiene interés para nuestros oyentes. Es algo apasionante. Pensar, meditar, intuir, reflexionar sobre qué noticia o acontecimiento nos puede acercar a conocer la Verdad con mayúscula y que noticia nos puede diluir, nos puede desviar, nos puede ayudar a olvidar el norte y meternos en discusiones y polémicas absurdas con las que no sólo perdemos tiempo sino también la perspectiva de las cosas.

La Semana de la Misionología en Burgos es uno de esos acontecimientos que aparentemente no tendrán interés (si pensamos en el morbo, en el espectáculo, la expectación o en la polémica), pero que sí que tiene interés (si lo que buscamos es la Verdad y una explicación de lo que ocurre en el mundo).

Los misioneros siempre tienen algo que decirnos, siempre tienen testimonios interesantes, siempre nos ofrecen algo distinto e impactante, siempre nos dejan un poso en el corazón y en el alma indescriptible y deberían ser portada (día sí y día también) de todos los medios de comunicación. (Si algún día esta profesión fuera lo que debería ser).

Este año la semana de la Misionología está dedicada a la Jornada Mundial de la Juventud y es que no hay cosa que más seduzca a un joven que el testimonio real de alguien que esta dando su vida por los más pobres y necesitados.

Son estas vidas las que cambian el mundo y no las polémicas absurdas sobre mensajes publicitarios en autobuses; son todos estos santos en vida los que nos ofrecen repuestas a las preguntas del mundo y no las discusiones sobre donde deben estudiar determinados seminaristas; son sus miradas, sus inquietudes y sus pensamientos y no las discusiones sobre el conocimiento de determinados documentos teológicos los que nos hacen meditar y darnos cuenta de la verdadera realidad de nuestra existencia.

El miedo de las Cortes a la Cruz

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Hay gente que a la Cruz le tiene más miedo que a “un nublao”. Que parece que no la pueden ni ver, que supuran odio por los cuatro costados con sólo ver un crucifijo, que les cambia la cara, les hierve la sangre y los ojos se enrojecen llenos de furia y odio al observar como alguien ejercita su legítimo derecho a la libertad religiosa.

El grupo parlamentario Compromís ha registrado una proposición de Ley de reforma del reglamento de la Cortes de Valencia tras la instalación en la Mesa de las Cortes de un crucifijo llevado por el propio presidente de la Mesa, Juan Cotino.

La diputada de Compromís, Mónica Oltra argumenta que quitando el crucifijo se garantiza la neutralidad de los poderes públicos. ¿Eliminar un símbolo religioso es algo neutral?, me pregunto yo… y ha tachado al nuevo presidente de las Cortes como “fundamentalista religioso”. Bendita neutralidad, señora Oltra, bendita neutralidad…

No es nada nuevo y no debería pillarnos por sorpresa, aunque es de muy difícil comprensión racional estos temas. Yo lo intento, una y otra vez… pero me cuesta.

Quizá quieran eliminar el crucifijo por lo que nos representa a los cristianos. Estoy seguro de que Juan Cotino lo ha puesto ahí para poder verlo y saber en todo momento que debe servir a la Verdad, que debe servir al Amor, que sus actuaciones deben ser siempre respetuosas, honradas y honestas. Que la actuación política de las Cortes deben servir a un interés supremo y no a intereses espurios, que hay altas miras en la política, que existe una política con mayúscula.

Quizá sean estas cosas las que no le gusten a la señora Oltra, porque no sino que me expliquen que problema puede tener esta mujer, (si no es creyente), en que pongan encima de la mesa de las cortes… Cruzados…dos simples maderos.

Economía inmoral

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Vamos a hablar de Economía. Sí, pero de Economía con mayúscula. Alguno pensará que para qué me meto en estos fangos y en estos lodos, que para qué pelearme contra molinos ó gigantes y que si El Espejo es un programa religioso, en términos jurídicos, “que me circunscriba a mi jurisdicción”.

Quizá tengan razón, pero después de leer la carta de esta semana del obispo de Córdoba he decidido que no esta de más lanzarse de vez en cuando al abismo sin paracaídas y sin saber que es lo que puede salir.

Dice Monseñor Demetrio Fernández: “los cristianos tienen mucho que aportar en este cambio de época, y para eso no hay mejor cosa que ser coherentes en la vida con la fe que profesamos en el corazón”.

¿Somos coherentes con nuestra fe en cuestiones Económicas? ¿Respetamos lo moral en materia laboral ó profesional? ¿Cumplen los empresarios y los trabajadores lo que nos dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre estos temas? ¿Somos escrupulosos con nuestros deberes ciudadanos ó intentamos acogernos a cualquier recoveco legal para satisfacer nuestros intereses?

¿La última finalidad, para un empresario cristiano, es la sostenibilidad de la empresa y el beneficio económico?

¿Es lo legal moral? ¿Es anterior la conciencia y lo moral a lo que establecen las leyes en cuestión económica?

Son tantas y tantas las preguntas que vienen a mi cabeza en cuestión económica y a veces tan pocos los testimonios claros de cristianos sobre estos temas…

La Doctrina Social de la Iglesia es riquísima en cuestión de moral económica.

Benedicto XVI ya ha expresado en muchas ocasiones que es necesaria una regeneración moral en cuestiones económicas, incluso destacando que el mercado “no es el lugar del atropello del fuerte sobre el débil”.

El magisterio de la Iglesia es muy claro. Ahora bien, luego en nuestra vida cotidiana… ¿Tomamos en cuenta lo moral ó nos terminamos vendiendo por 30 monedas de plata?

Indignados

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En Ecuador, el misionero José Antonio Maeso, me explicaba sobre su labor con gente pandillera, que las rosas florecen gracias a ser regadas, al sol, al cariño, al cuidado, al amor que se les pone en ella. Es imposible que una rosa florezca mediante el cuchillo, mediante la amenaza, mediante la presión…, afirmaba.

Al ver a los indignados en la Plaza del Sol recuerdo estas palabras. Comparto con todos los indignados la idea de que la humillación ha entrado en nuestras casas, que no hay trabajo, que no se permite una mayor participación en la decisión política y que hace falta una regeneración moral, no sólo de la política sino de todos los ámbitos sociales. Ahora bien, el gritar, el manifestarse, el chillar en un cerro ó en la Puerta del Sol… ¿es el camino? ¿van a cambiar las cosas? Pienso que no, porque la clave no está en quejarse sino en amar. En amar la democracia, en amar a los que no tienen trabajo, a los que sufren, a los jóvenes, a los más pobre e implicarse con ellos.

Y mediante ese amor e implicándose, cambiar las cosas.

Como han hecho nuestras compañeras Cristina Sánchez y Angelines Conde que tras un viaje a Malawi no decidieron manifestarse, chillar ó indignarse. ¿Para qué perder el tiempo?Decidieron crear un concierto, recoger fondos y ayudar directamente a un comedor donde lo necesitan.

Ó como ha hecho el escritor Javier Arias Artacho. Es muy difícil entrar en el mundo editorial, que te publiquen un libro y que éste sea distribuido. Él no se ha indignado, ¿para qué perder el tiempo? Se ha puesto manos a la obra, le ha quitado tiempo a su propia vida, a su familia y a sus hijos, ha remado solo contra la tempestad y ha continuado escribiendo una y otra vez hasta que su sueño se ha cumplido.

Ambos aman lo que hacen, el periodismo y su marcada agenda ó la escritura y la soledad frente a los grandes “gurús” editoriales. Y lo aman tanto que no se indignan ante sus miserias sino que luchan por revertir la situación.

Es ciertamente importante el cambio que hemos de exigir en nuestra sociedad y en nuestra política, pero más importante es el que debemos exigirnos a nosotros mismos. Y éste es un cambio donde solo hay un responsable: cada uno de nosotros.

De todo lo que he leído estos días me quedo con la opinión del arzobispo de Tánger, monseñor Agrelo: “Indignarse sin amar crea siempre nuevas víctimas”.

El daño espiritual en Lorca

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Cuando sucede una desgracia, cuando todo se desmorona, cuando un acontecimiento trágico nos sorprende, como es el caso del terremoto de Lorca uno se hace muchas, muchísimas preguntas.

Uno intenta ponerse en el lugar de los afectados e intentar comprender su dolor y su desolación, intentar de alguna manera compartir su sufrimiento e intentar ayudar en lo que pueda.

Comprender las pérdidas materiales se hace relativamente fácil. Son edificios, son casas, son cuestiones materiales que con dinero y con ayuda material se puede subsanar. Es duro ver como entre 35.000 y 40.000 personas se han quedado en la calle y sin nada. Todo lo han perdido.

Comprender las pérdidas humanas, espirituales y morales es mucho más complicado. El sentimiento de los familiares de las nueve víctimas mortales, de los más de 300 heridos ó el dolor emocional de los afectados es posiblemente indescriptible y difícil de compartir. Qué se les puede decir en estos casos, qué se puede argumentar a una persona que ha perdido un familiar cercano sin saber el cómo ni el porqué. ¿Cómo animar en la desolación más absoluta?, ¿Cómo intentar sanar las heridas de muchas almas que de por vida quedarán agrietadas y desgarradas?

Muchos sacerdotes de Murcia se enfrentan estos días a estas preguntas, hablan con los familiares de las víctimas, les acompañan en su sufrimiento e intentan hacer suyo el dolor que los habitantes de Lorca llevan en lo más profundo de su ser.

Seguramente no saldrán en las noticias, porque en estos días se hablará mucho de bomberos, de policías, de agentes sociales, de reconstrucción, de números de cuenta, de apoyo económico, de ayudar, de ayudar, de ayudar…

En un futuro Lorca será reconstruida, sus edificios recobrarán el esplendor y sus calles volverán a amanecer esplendorosas, pero la herida en el alma será más difícil de cicatrizar. La Iglesia se ocupa de que esa herida sane, de que se puedan encontrar respuestas, de que nadie camine sólo, de la ayuda espiritual, que también es necesaria en Lorca.

Miradas “Sin techo”

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Bajo el Viaducto de la Calle Segovia no existen los números, ni los buzones para la publicidad comercial. Tampoco existe la calefacción para soportar el intenso frío de estos días, ni el mínimo calor emocional de un hogar.

En los soportales de la Plaza Mayor no hay mínimas condiciones sanitarias, no existen los baños, ni la alegría, ni la esperanza y muchos sobreviven como pueden con la inútil tramoya de las luces y el consumo navideño.

En algunos cajeros de la ciudad mucha gente no busca dinero sino un mísero lugar donde pasar la noche y resguardarse un día más de sus penas y sufrimientos.

Bajo nuestras casas, al lado nuestro, en puentes, en lugares abandonados, en cualquier esquina conviven con nosotros muchas personas que no tienen ni techo ni una simple mirada de esperanza y de consuelo. Pasamos junto a ellos y miramos para otro lado ó lo que es peor, cuando echamos un vistazo es para culpabilizarlos de una vida que ellos, seguro, no han escogido.

Hoy es el Día de los Sin Techo. ¿Sabían que existen en nuestro país entre 26.000 y 30.000 personas a los que se les niega la posibilidad de tener un techo, un hogar donde poder construir expectativas, donde calentarse, dormir, soñar, ó curarse de las heridas cotidianas del cuerpo y del alma? ¿Sabían que más de un millón de personas viven en nuestro país en infraviviendas?

Personas olvidadas y silenciadas, personas que no tiene ni voz ni voto y que corren el riesgo de perder su propia dignidad.

El Espejo de hoy está destinado a todas esas personas, porque hoy queremos conocer su situación y ponerles de alguna manera voz. Porque hoy queremos hacer visible lo invisible e intentar devolverles la dignidad y la sensibilidad que merecen todas las personas sin hogar.

Que alguien nos escuche

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La Fundación Santa María acaba de publicar un informe que muestra las preocupaciones de los jóvenes. Los datos son demoledores. Por ejemplo, un 46 por ciento declara su falta de confianza en un futuro prometedor y más de uno de cada tres destaca que por muchos esfuerzos que uno haga en la vida nunca se consigue lo que se desea. Sólo uno de cada cinco jóvenes pertenece a algún tipo de asociación y uno de cada cuatro jóvenes piensa que los políticos no tienen en cuenta las inquietudes de los jóvenes.

Bajo estos síntomas de decepción, de desesperanza, de uso desmedido del alcohol, de utilización de las drogas, de poca ilusión por el trabajo, se encuentra un problema mucho más profundo.

A los jóvenes se nos ha vendido la idea de una vida fácil basada en el ocio y el consumo, en el poco esfuerzo, en disfrutar y pasarlo bien y se nos ha malcriado, no se nos ha enseñado a vivir.

Las ideas “tan modernas” del todo da lo mismo, de que no existe ni verdad ni punto de referencia absoluto están destrozando a una gran generación de jóvenes hoy en día.

Nos lo decía el Santo Padre en su discurso a los jóvenes ante la Jornada Mundial de la Juventud: “tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto”.

La juventud española manda un SOS desgarrador, manda una petición de ayuda para que se les escuche. Necesita un salvavidas donde agarrarse ante tanto vaivén de ideas, ante una vida tan complicada como hemos montado y a la vez tan falta de valores sólidos donde resguardarse.

Los jóvenes no necesitamos ni preservativos, ni fiestas alocadas, ni conciertos, ni móviles de última generación, ni videojuegos, ni partidos de fútbol del siglo, necesitamos que alguien se pare a pensar en nuestras verdaderas necesidades y sobre todo, lo más importante, que haya alguien que nos escuche.

Razones del corazón

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Decía María Zambrano en “Hacia un saber del alma”: “Hay sí, razones del corazón, hay un orden del corazón que la razón no conoce todavía”.

Siempre he pensado que en todo ser humano existe una pretensión de bien, de Verdad, de belleza, de amor, de valores universales, de últimas respuestas a las preguntas de la vida. Estas preguntas, estas pretensiones, estas ilusiones nunca pueden ser acalladas ni por decretos legislativos, ni por educaciones totalitarias, ni por imposiciones gubernamentales. Por mucho que se empeñen en ahogar el hecho religioso.

Durante este fin de semana, en este Congreso de Católicos y Vida Pública, hemos conocido multitud de testimonios de gente que sigue luchando por llevar luz en nuestro tiempo y que no se resiste al ocaso de los valores, al ocaso de la civilización que todos conocemos. Porque no todo es razón, no todo es cálculo de mayorías, no todo son simplemente leyes, ni mucho menos las cosas se resumen a rendimientos económicos ó de fama social.

Sino no se entendería ninguna de las vidas y testimonios que hemos conocido estos días. Gente que lo da todo para la promoción y la defensa de las personas más desfavorecidas en Ruanda; gente que da su vida por intentar mostrar el bien y la belleza en el mundo universitario, o qué se desviven para crear un mundo más humano, más solidario y participativo.

Voluntarios que, a través de Caritas siguen día tras día, intentando aportar su granito de arena a ayudar a quien lo necesita. Médicos, farmacéuticos, especialistas que apuestan por la cultura de la vida y de la familia, aún a riesgo de perder su carrera. Misioneros que se están jugando la vida a diario en lugares remotos hacia donde nadie quiere mirar.

Hay razones del corazón que ni la misma razón conoce todavía, hay sentimientos que aún siguen siendo un Misterio que debe ser revelado, hay circunstancias (y creo que todos de alguna manera lo hemos experimentado) que sólo se pueden sobrellevar gracias a una profunda ayuda divina.

Ni un resquicio a la desesperanza

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Si les digo que estamos en una sociedad prácticamente descristianizada, si les comento que actualmente los valores se han perdido en pro de una educación para la ciudadanía, si hablamos de que la diferencia entre el bien y el mal parece difuminarse y todo vale, que el consumo lo inunda todo, que nos utilizan como meros instrumentos y que cuando dejamos de ser útiles nos tiran a la basura bajo el eufemismo de Muerte Digna. Si les hablo de todos los problemas de índole moral y social que nos acucian, quizá piensen que no es noticia.

Eso es lo duro… eso es lo más triste de esta sociedad. A base de pequeñas píldoras de cinismo, de tristeza, de abandono del hombre hemos comenzado a acostumbrarnos a lo que nos rodea y a vivir en una global depresión que nos incita a pensar que todo esto… y pido perdón por la expresión: “es una mierda”.

No, no, no… Ni debo, ni quiero dejar una rendija ni un pequeño resquicio a la desesperanza. Hoy es cuando es más necesario que nunca, estar firmes en la fe, como dice el lema de este Congreso Católicos y Vida Pública.

Durante estos días, estas jornadas, estamos escuchando multitud de testimonios de gente que no se viene abajo, al revés, lucha con más fuerza.

Miguel Ángel Ruiz, misionero salesiano ha sido amenazado en numerosas ocasiones, pero sigue en Pakistán al pie del cañón (nunca mejor dicho).

Benigno Blanco, lleva toda una vida luchando por la familia. Las leyes que el Parlamento legisla cada vez son peores… pero no se rinde, ni lo piensa hacer.

Son dos ejemplos de tantos como hay en este Congreso. Podría coger el programa y hablarles de todos ellos, lástima que no tengamos tiempo en el programa. Pero vamos a conocer a algunas de estas personas reales, que nos llenan de consuelo. Testimonios de la presencia de la Verdad en el mundo, de la lucha, de la ilusión, de la esperanza.

La Verdad y Miguel Hernández

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Este fin de semana se cumple el centenario del nacimiento del Poeta Miguel Hernández. Muchos análisis se hacen de su obra, de su literatura, de su condición política, de su biografía marcada por el presidio, de muchísimas situaciones. Durante todo el año se intenta reflexionar sobre la figura del poeta, de su pasado, de su futuro, de su mirada sobre la realidad.

Siempre he pensado que el arte no es sino la plasmación artística de la Búsqueda de la Verdad ya sea literaria: en poesía ó prosa; escultórica, arquitectónica (prueba de ello está la Sagrada Familia, que consagrará el domingo el Santo Padre), ó en las nuevas artes del cine y la televisión.

Miguel Hernández también buscaba esa Verdad, ese Misterio, esa cuestión religiosa, esa relación suya con su creador y con lo creado. Por ejemplo, unos versos suyos en La Morada Amarilla:

No esperes a mañana
para volver al pan, a Dios y al vino
son ellos tu destino
Y has de ser resumible, ¡siempre, amiga¡
es un racimo, un cáliz y una espiga.

Un autentica enaltecimiento de la Eucaristía como producto de la tierra y símbolo de la unión con lo divino.
U otra de sus poesías:

¿Para qué tus causas
tus porqués, tus peros
tus comos y cuándos
mundo, si ya tengo
toda la verdad
en todo el objeto?

Cada artista que leo, cada historia que conozco, cada entrevista, cada programa que pasa más me doy cuenta de que todo el mundo, todo el mundo… tiene la pregunta del Misterio, de Dios y de la Verdad en su corazón y en su alma. Y más me doy cuenta de que esa respuesta es real, está viva y existe.

Por eso es tan importante que nunca dejemos de hablar del hecho religioso.

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