PENSAMIENTOS
*Publica El Mundo un reportaje sobre los intérpretes contratados por el Senado para que en la Comisión de Autonomías los presidentes autonómicos con lengua propia se permitan el lujo de dirigirse a la Cámara en ella. Una jornada del grupo de siete intérpretes cuesta 6.500 euros. Cuando la lengua utilizada es el catalán o el gallego, los senadores de dichas Comunidades no necesitan intérprete, aunque sí el resto de sus compañeros. Cuando el idioma es el vascuence se ponen los cascos hasta los nacionalistas vascos. El Senado forma parte de las Cortes Generales, que representan al pueblo español. El idioma oficial –en el que todos se expresan y entienden– es el que entre nosotros llamamos castellano y que fuera es el español. Es una muestra del esperpento nacionalista al que se ha plegado el Senado. En la legislatura pasada, los diputados de ERC estuvieron a punto de conseguir que se les permitiera dirigirse al Congreso en catalán. Si algún día lo consiguen y los diputados tienen que seguir los debates con los cascos puestos, ese día España será menos España. Y, además, haremos el ridículo en el mundo.
*Cuando se debatió la Constitución se oyeron voces “progresistas” para que se consagrase como derecho fundamental el de ser juzgado por “el juez natural”. La consecuencia inmediata hubiera sido la desaparición de la Audiencia Nacional de manera que los terroristas vascos hubieran tenido que ser juzgados en el País Vasco. Al final se estableció que “todos tienen derecho al Juez predeterminado por la ley”. Viene todo esto a cuento de la supresión de la llamada “jurisdicción universal” que acaba de ser limitada a los casos en que haya víctimas españolas, cuando se trate de juzgar crímenes contra la humanidad, cualquiera que sea el lugar donde se hubieran cometido. La jurisdicción universal tiene sentido cuando los acusados por este tipo de delitos son juzgados por un tribunal penal internacional el de La Haya. En tal caso, el juicio es factible porque el Estado en el que se hubiera cometido el delito tiene el deber de cooperar con el tribunal y, por tanto, ha de facilitar las pruebas necesarias (documental, testifical, pericial, etc.). Pero cuando no es así, los jueces españoles no tienen ninguna potestad para requerir la colaboración del Estado al que pertenezca el acusado aun en el caso de que se consiga su detención dentrro o fuera de España. Si los tribunales no pueden oír a los testigos o recabar otras pruebas de cargo el enjuiciamiento se realizará sin las debidas garantías y, en consecuencia, se producirá una vulneración de los derechos fundamentales que proclama la Constitución. Los “progresistas”, que de vez en cuando invocan el derecho al “juez natural”, se contradicen cuando se rasgan ahora las vestiduras ante la reforma que acaba de aprobar el Congreso para limitar el alcance de la jurisdicción universal.
*Dicen que la vida privada no tiene por qué interferir en la vida pública. Lo que ocurre ahora en Italia demuestra que no es así. Que el primer ministro Berlusconi se comporte como un crápula y llegue hasta el ridículo de decir que a él lo que le gusta es el placer de la conquista y que jamás se hubiera acostado con una prostituta, cuando se ha sabido que las jóvenes que asistían a sus juergas en su propia residencia oficial eran cortesanas de lujo, convierte a Italia en un país de charanga y pandereta. Enredado en sus líos de faldas, difícilmente Berlusconi está en condiciones de ocuparse de los grandes problemas de Estado y eso sin contar con que en este asunto no acabe por asomar la corrupción. Hay que ser cretino para pensar que sus “conquistas” obedecen a su varonil galanura y no a lo abultado de su cartera o de su poder. La vida privada si afecta a la vida pública. La opinión pública italiana está amordazada por el férreo control de los medios de comunicación que posee “Il Cavalieri” cuya conducta, por cierto, es impropia de la de un caballero. Si Berlusconi es el paradigma de la derecha europea tengo la impresión de que el mundo está loco. Así que paren, que me bajo.



