A las 12 del mediodía del 11 de marzo de 2004, la cúpula policial se reunió en la sede del ministerio del Interior, bajo la presidencia de Ignacio Astarloa, secretario de Estado de Seguridad, para hacer un análisis de la situación creada por el terrible atentado y evaluar los datos existentes sobre la autoría del mismo. Los responsables policiales informaron que todo apuntaba a ETA. Se trataba de una deducción basada en los antecedentes: la desarticulación en el año 2002 de la llamada “caravana de la muerte”, cargada con 1.700 kilogramos de explosivos para atentar contra la Torre Picasso de Madrid; el intento, también frustrado por la policía, de hacer volar dos trenes en la estación de Chamartín el 24 de diciembre de 2003; la colocación fallida de doce artefactos explosivos en la estación invernal de Baqueira-Beret durante la Navidad de 2003; y, sobre todo, el más reciente, la mortífera furgoneta-bomba intervenida pocos días diez días antes, con 536 kilos de explosivos en la localidad de Cañaveras, que demostraba la voluntad de la banda terrorista de producir un sobrecogedor atentado en Madrid.
En torno a los 12,30, y a punto de concluir la reunión, se produjo otro hecho de especial relevancia. El subdirector general de la Policía, Pedro Díez-Pintado recibió, una llamada a su móvil del comisario general de seguridad ciudadana de la Policía. Todos los presentes pudieron escuchar a Díez-Pintado cómo repetía la información que le facilitaba Cuadro sobre el explosivo utilizado por los terroristas: “Titadyn con cordón detonante”. Verde y con asas. Era ETA. En 1999, los etarras habían asaltado un polvorín en Francia y se llevaron varios miles de kilos de dinamita de la marca francesa Titadyn. Desde entonces no habían hecho uso de la Goma 2 española. (Cuadro negaría más tardem ante la Comisión de Investigación del Congreso, haber pronunciado la palabra Titadyn).
A la misma hora que Ignacio Astarloa comunicaba al ministro Acebes las conclusiones de la reunión, el juez Baltasar se hallaba en la estación de Atocha. Según confesó él mismo ante la Comisión de Investigación del Congreso, uno de los Tedax le informó que el explosivo utilizado había sido Titadyn. Esto le hizo tambalear en su convicción inicial de que Al Qaeda había sido la autora del atentado. ¿En que se basó su informador? No lo sabemos, porque ni Garzón quiso revelar quién fue y el que lo hizo guarda silencio sepulcral.
A las 15,51 horas del día 11 de marzo, el CNI emitió una nota informativa –que no fue rectificada hasta el día 15–, en la que sostenía que, con toda probabilidad, el atentado había sido obra de ETA, entre otras razones porque no había terroristas suicidas. Es más que probable que en esta última argumentación del CNI, cuyo informe fue remitido al secretario general del PSOE, estuviera el origen de la falsa noticia difundida por el propio Rodríguez Zapatero a diversos medios de comunicación, entre ellos “El Mundo”, sobre la aparición de suicidas, circunstancia que el Gobierno estaba ocultando. Recuérdese cómo la cadena SER, en su boletín de las diez de la noche, difundió a los cuatro vientos que había aparecido el cadáver de un terrorista suicida (triples calzoncillos blancos incluidos) dato que, por sí solo, desmentía la autoría de ETA y apuntaba directamente Al Qaeda. A partir de ese momento se inició la operación “queremos saber”, que puso contra las cuerdas al Partido Popular. Eso sí, la curiosidad intelectual de la izquierda española cesó en el mismo momento en que, al caer la tarde del 14 de marzo, se conoció la victoria socialista.
A primeras horas de la tarde del día 11 de marzo, la Policía tuvo acceso al contenido de la famosa furgoneta Kangoo abandonada por los terroristas en Alcalá de Henares. Además de una cinta con versículos del Corán y un montón de detonadores, apareció un minúsculo resto de un cartucho de dinamita, que resultó ser Goma 2 Eco. Pero esta información no fue conocida hasta el 15 de marzo, fecha en la que la Unidad Central de Desactivación de Explosivos se lo comunicó al juez Del Olmo. La Titadyn acabó su trágico reinado a lo largo de la mañana del día 12.
Un valeroso miembro de los Tedax consiguió desactivar la mochila introducida la noche anterior en la comisaría de Vallecas. En su interior, además del teléfono que condujo a la detención de Jamal Zougam, se encontraron varios cartuchos de dinamita de la marca española Goma 2 ECO. En consecuencia, por aplicación del método deductivo, la autoría de ETA se desvanecía por cuanto desde 1999 la banda no había utilizado este tipo de explosivo. La mochila ofrecía otro dato interesante. Los terroristas habían introducido varios kilos de clavos para aumentar el efecto mortífero del explosivo. Pero sólo lo hicieron en esta mochila, pues según el informe de la directora del equipo forense que efectuó las autopsias no apareció ni rastro de metralla en ninguno de los cadáveres.
Pues bien, el informe hecho público por El Mundo, elaborado por el químico Antonio Iglesias, que participó en la pericia ordenada por el tribunal de la Audiencia Nacional para analizar las minúsculas muestras de los focos de explosión recogidas por los Tedax (recuérdese que los trenes fueron destruidos dos días después del atentado, contraviniendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal), concluye que el explosivo utilizado fue, con toda probabilidad, Titadyn. Este hallazgo trascendental no fue puesto en conocimiento del tribunal.
El relato de Iglesias, avalado por otro perito independiente, Carlos Romero, sobre las fuertes discusiones entre los peritos y las presiones ejercidas por el comisario general de Policía Científica, Juan Jesús Santano, pone los pelos de punta. El descubrimiento de que tanto el resto de explosivo encontrado en la furgoneta Kangoo como la muestra patrón de la Goma 2 Eco facilitada por los Tedax provenía del mismo cartucho; el increíble “apagón” de luz, que impidió que funcionaran durante una noche entera las cámaras de video colocadas en el laboratorio pericial por orden del magistrado Bermúdez de Castro y a partir del cual aparecieron otros componentes que no se habían detectado en análisis anteriores; y la desesperación del director de la pericia al descubrirse la presencia de DNT, que no forma parte de la Goma 2 Eco, parecen piezas de un sainete de Arniches, si no fueran hechos de una gravedad extrema porque afectan al núcleo esencial de la sentencia del 11-M.
El presidente del Gobierno, en el reciente debate sobre el estado de la nación, se permitió decir que en el 11-M el tiempo ha puesto en su sitio a las teorías de la conspiración aunque algunos la mantengan, como quienes dicen que Elvis está vivo o que el hombre nunca llegó a la Luna. El asunto no es para tomarlo a chirigota. Son tantas las contradicciones y las lagunas -por decirlo suavemente- de la “versión oficial”, que resulta temerario afirmar que de la masacre de Madrid se sabe todo y ha de darse el caso por definitivamente cerrado. Otra cosa es que la mayor parte de la opinión pública no quiera saber nada del 11-M y que los partidos políticos piensen que removerlo a estas alturas no produce réditos electorales.
Ante el informe de Iglesias, la Fiscalía no puede mirar para otro lado. Tiene la obligación de abrir diligencias informativas y, en su caso, poner en marcha las acciones penales que procedan. Y el Congreso tampoco puede eludir su responsabilidad. La Comisión del 11-M se cerró en falso porque no se quiso investigar la actuación de los diversos cuerpos policiales y de inteligencia antes y después del 11-M.
Goma 2 Eco. Esas palabras cambiaron la historia de España. ¿Qué hubiera pasado si entre el 11 y el 14 de marzo nadie hubiera tenido duda alguna de que el explosivo utilizado por los terroristas era Titadyn? La respuesta está al alcance de cualquiera, incluso para Rodríguez Zapatero.
Mientras tanto, las víctimas del atentado –los familiares de los asesinados y quienes sobrevivieron al atentado marcados para siempre con graves secuelas físicas y psíquicas– son las únicas que no han dejado de gritar: “¡Queremos saber!”. Tenemos la obligación de no abandonarlas.
*Publicado en el diario El Mundo, 20 de mayo de 2009