II.3 - La Creación no es el Comienzo del mundo

Una cosa es que el mundo sea creado. Y otra, muy distinta, que el mundo tenga comienzo. Que una cosa sea verdad no significa que la otra lo sea. El mundo material podría existir “desde siempreâ€, pero seguiría siendo igualmente creado.

Que el mundo -el que ahora existe- es creado, que depende de Dios para existir hoy, es una verdad de hecho, pero además es inevitable, no podría ser de otra manera. Y por eso, se puede demostrar. Pero al afirmar que el mundo es creado no estamos haciendo ninguna referencia al comienzo del mundo. La creación no consiste en poner el mundo en marcha. La actividad creadora de Dios no se encuentra sólo al comienzo –de hecho, podría no haber comienzo-, sino que Dios está creando continuamente.

Aunque no es exacto decir que Dios “está creando continuamenteâ€, porque eso sería introducir un tiempo en el acto creador de Dios, que es eterno, y no tiene tiempo interno. Sí es verdad que, en el momento presente, el ser creado está tan necesitado de la acción creadora de Dios como el primer momento del mundo. Pero esa acción divina es única, eterna e irrevocable. El mundo, hoy, es sustentado actualmente por el amor de Dios que lo establece y le da consistencia. Esto es lo esencial de la creación, la relación actual entre el ser del mundo y el ser de Dios.

Si imaginamos el tiempo como una línea horizontal, la creación no es el punto inicial de esa línea horizontal, sino que es una relación vertical, por la que todo el ser de ese mundo es sostenido por Dios. Que la línea horizontal sea más o menos corta, o que sea indefinidamente larga, es indiferente para la dimensión vertical de su ser creado. Lo que sostiene y da consistencia a ese ser material que se desarrolla en la línea horizontal del tiempo es el acto creador divino, que la sustenta siempre, actualmente, en presente, sea cual sea el momento de su desarrollo interno y temporal. Sin ese fundamento actual del acto creador divino, el mundo caería en la nada, no existiría en absoluto. Ni antes ni ahora. La creación es una relación vertical. El tiempo es una extensión horizontal. Esta imagen puede servir para entender un poco mejor qué significa ser creado.

La Creación y el tiempo son asuntos totalmente diferentes. De hecho, la mayor parte de la creación no tiene tiempo, pues son espíritus puros: ángeles y demonios. El mundo espiritual constituye la mayor parte del mundo creado. En comparación con él, el universo material es muy poca cosa. Tan poca cosa que, si nos imagináramos el conjunto de los seres creados metidos en un trastero desordenado, y nos pidieran que buscáramos el mundo material entre todo el montón, sería casi imposible encontrarlo. El mundo material es apenas un grano de arena en la inmensidad del mundo total.

El carácter temporal de lo material, y el comienzo o no comienzo del mundo, es una cuestión distinta de su carácter creado. Que el mundo tiene un comienzo es verdad, de hecho es así, pero también podría ser al revés: que el mundo creado por Dios no tuviera comienzo. Es decir, que echando marcha atrás en el tiempo, nunca encontráramos un momento inicial, sino que pudiéramos seguir indefinidamente hacia atrás, sin límite.

Hay quienes se inclinan por sostener que el mundo material no tiene un momento inicial. Esto -aunque de hecho no sea así- sería posible. Y ese mundo sería igualmente creado, dependería igualmente de Dios para existir. Que cualquier mundo material depende de Dios para existir es demostrable, pero que el mundo tenga un comienzo temporal, es indemostrable. Es más, está ya demostrado que nadie puede demostrar que el mundo tenga un comienzo4.

La creación no es otra cosa que el conocimiento y amor divinos que dan consistencia y realidad al mundo. El mundo está dentro de ese acto de amor, de esa mirada constituyente divina. Y dentro de la mirada divina, que es eterna, que no tiene tiempo, hay cosas materiales, que sí son temporales. La historia interna de lo material es limitada hacia atrás, aunque podría haber sido ilimitada. Este es el orden correcto de los conceptos5

Que el mundo es creado significa que -ahora, antes, o después- recibe su consistencia del acto de amor de Dios que le da el ser.

En su interior, el mundo tiene tiempo. Que ese tiempo interno sea limitado o ilimitado es indiferente para sus relaciones con el exterior6. En relación con el “exteriorâ€, el mundo se apoya en Dios para existir. Y Dios es tan creador ahora como en el primer momento de la historia del mundo material. La distinción entre el momento actual y el primer momento sólo tiene sentido en el interior de lo material, no en Dios, que es quien crea. Dios sostiene actualmente el ser del mundo. “Si Dios dejase de pensar con amor en el mundo, el mundo dejaría de existirâ€. Este modo de hablar es gráfico, pero es inadecuado, porque el amor con el que Dios crea el mundo tiene la eternidad de Dios. “Los dones de Dios son sin arrepentimientoâ€.

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4 Big Bang: ¿Comienzo o Punto y seguido?
Quizás alguno estará pensando en el Big Bang, la gran explosión inicial desde la que el mundo físico actual se está expandiendo (distendiendo, en realidad: no hay un fuera en el que expandirse),que se suele identificar con el comienzo del mundo. Pero el Big Bang no es, necesariamente, el comienzo absoluto del tiempo, sino sólo el comienzo de este capítulo de la historia del tiempo en el que nos encontramos nosotros. Antes del Big Bang podría haber un Big Crunch, una gran implosión, en la que el mundo anterior se comprimiría totalmente. Y podría haber millones de Big Bang y Big Crunch anteriores, con millones de mundos anteriores en medio, de los que no tenemos ni idea, ni podremos tenerla nunca, porque la ciencia arranca de las leyes físicas actuales, y  puede dar marcha atrás en el tiempo, reconstruyendo la historia física del mundo actualhasta llegar a la gran explosión inicial, pero no puede pasar de ahí. La física no puede saber si el Big Bang es el comienzo absoluto del mundo, o el comienzo de un capítulo del mundo. No podemos saber si este capítulo es el primero, el segundo, o el catorce millones. O simplemente uno más de una serie indefinida hacia atrás.
Que el mundo tenga un comienzo temporal es absolutamente indemostrable, precisamente porque podemos demostrar que el mundo material nunca va a dejar de existir. Dejarán de existir las formas actuales de materia, porque todo ser material concreto tiene una vida limitada, pero estas cosas actuales, al desaparecer, se transformarán en otra forma de materia. Quizás haya otros muchos Big Crunch y Big Bang en el futuro. No lo sabemos.
Pero sí sabemos que, de una u otra forma, el mundo material no va a dejar de existir nunca, porque no puede dejar de existir (la demostración rigurosa de esto es técnica y larga, así que lo dejamos así). Lo que para la física es un postulado (el primer principio de la termodinámica), para la metafísica es una conclusión: la materia ni se genera ni se destruye, sólo se transforma.
La única manera de demostrar que algo ha tenido principio, es demostrar que tiene final. Si sabemos que el mundo material no va a tener final, entonces sabemos que es imposible demostrar que tenga principio.
El mundo material, tal y como Dios lo ha creado, podría no tener un comienzo temporal, aunque, de hecho, lo tiene. Ahora bien, este dato -que el mundo tiene un comienzo- sólo lo podemos saber por fe, porque Dios nos lo ha dicho. Que el mundo es creado, que su existencia depende actual y totalmente de Dios, es una verdad de razón, necesaria, demostrable. Que el mundo tiene comienzo es una verdad de hecho: es así, pero podría haber sido de otra manera. Y por eso, si Dios no lo hubiera dicho, no lo habríamos sabido nunca.

5 Dios es creador en su eternidad
La creación es una actividad divina, y como todas las actividades divinas, no tiene nada que ver con el tiempo. Crear es un acto intemporal. Dios, en su eternidad, es creador. Lo es sólo porque le ha dado la gana, no por necesidad, pero lo es desde siempre. Aunque sea un modo de hablar inexacto, se puede decir que no hay ningún tramo de la vida de Dios en el que no sea Dios Creador.
El Dios eterno es, en su eternidad, creador. Y el mundo que de hecho ha creado no tiene una historia interna ilimitada, no es desde siempre, sino que tiene una historia hacia atrás limitada, tiene un inicio temporal. Es importante pensar las cosas en el orden correcto, porque en ese momento se disuelven aparentes paradojas que no eran más que errores de planteamiento.

6 El “túnel del tiempo”
El tiempo es la medida del movimiento. Y sólo hay movimiento en las cosas materiales: cambian, se mueven, y ese cambio sucesivo tiene un antes y un después. Por eso, el tiempo es una cuestión interna de las cosas materiales. Se podría decir que le toca al Ministerio del Interior. La creación, en cambio, es una cuestión que le corresponde al Ministerio de Asuntos Exteriores del Universo. No se pueden mezclar los asuntos de Interior con los de Exteriores.

Un Comentario

  • Antonio Gómez Amigo Dice:

    D. Mikel: creo que entiendo lo que dice y estoy de acuerdo con ello, pero veo un problema en la existencia de un mundo material sin un comienzo. Si puede existir el mundo material desde siempre, también podría existir un contador de segundos desde siempre. En ese caso ¿cuánto marcaría el contador ahora? Responder infinito no es válido: el marcador no puede marcar infinito. Creo que el tiempo, por ser una propiedad de la materia, es potencialmente infinito, pero no puede ser actualmente infinito, y entonces no podría haber un mundo material sin principio.

    Me imagino que mi razonamiento es equivocado, pero no veo donde. Si tiene tiempo y ganas, respóndame por favor al mail.

    Un cordial saludo,

    Antonio.
    ____________

    - Antonio, te respondo aquí:

    Como he comentado, no existe un túnel del tiempo que esté presente “todo a la vez”.
    Las cosas temporales son lo que son ahora, viniendo de un antes que ya no existe, y yendo hacia un después que todavía no existe. Luego, en cada momento hay lo que hay. Y eso, lo que ahora hay, es actualmente finito.
    Además, ese supuesto reloj, si existiera, tendría que ser algo real, material, y por tanto, limitado en el tiempo. Como toda cosa concreta material, habría dejado de existir hace mucho tiempo…

    El problema se te plantea porque haces una consideración abstracta del tiempo (tan abstracta e irreal como tu reloj), que no existe más que en nuestra cabeza. Consideras los distintos momentos del tiempo “todos a la vez”, y así percibes como “actualmente infinita” lo que, en realidad, es una sucesión “indefinida”, sin límite marcha atrás.
    Pero los momentos del tiempo -de las cosas temporales- no son simultáneos, no son “todos a la vez”. Sólo están “todos a la vez” cuando tú los consideras así, en tu cabeza (en abstracto, no según su ser real).
    Esa presencia simultánea está sólo en tu mente, en cuanto “el tiempo” es un objeto (abstracto) conocido por ti. No en la realidad, según el ser propio de las cosas reales temporales, que es sucesivo.

    Este es un viejo y típico error en el que la filosofía cae con frecuencia.
    Para hacer buena filosofía, hay que establecer la diferencia entre las características de lo conocido en cuanto conocido (y presente ante nosotros), y la realidad que ese conocimiento alcanza tal y como es en sí, no como es en cuanto conocida.
    No es fácil, y es error frecuente también en muchos grandes filósofos de la historia… empezando por Parménides y Platón, y terminando en grandes filósofos recientes como Heidegger.

    Hay que ir a buscar el acto, el acto real al que el conocimiento apunta, no el concepto pensado y recortadito (el contenido del acto de conocimiento), esas “ideas claras y distintas” de que hablaba Descartes. Porque son claras y distintas sólo en cuanto son ideas, en nuestra mente.
    La realidad no es idea clara ni distinta, es acto, ser real en acto. Y no acto puro (eso es Dios), sino una estructura de acto-potencia que tiene el “inconveniente” de no ser clara y distinta, pero tiene la ventaja de ser real.

    Por lo que pueda servir…

    Mikel

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