El poder de la libertad

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Hay dos niveles de libertad:
1. El ser dueño de sí, el poder de decir que sí, la iniciativa de la persona. El poder de hacer lo que no sale solo, empezando por mi propio ser. Es el primer nivel, que hace posible el segundo:
2. La posibilidad de elección entre varias cosas o caminos. Esta libertad sirve para las cosas “relativamente pequeñas”, o para los medios. Si son varias las cosas buenas, ninguna es la definitiva, ninguna es el amor de mi vida.
Las cosas grandes no se “eligen”, las cosas grandes se aman.
Las cosas que valen la pena, me salen de las entrañas, estoy hecho para ellas, pero no salen sin mi iniciativa.
Así el amor de mi vida, o la vocación profesional, o Dios: son mi vida, pero no salen más que porque me da la gana: el poder de decir que sí, de hacer real mi propia esencia.
Escuche el audio: http://www.unav.es/98.3/doc/09/03/090330pensarlafe2.mp3

Somos una historia de amor: de hijos a amantes

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Una historia de amor, que va desde el amor constitutivo al amor mutuo.
El primer amor, constitutivo, es el de Dios, en el que existo.
El definitivo, el amor mutuo con Dios, eternidad y plenitud.
El paso de uno a otro, depende de nuestra libertad. Somos dueños de nuestro ser, con el poder real de decir que sí.
Lo que soy: poder de decir que sí: amor constitutivo.
Quien soy: la respuesta respondida: amor mutuo.
Pasamos de hijos a amantes.
El amor de amantes sólo existe en la entrega mutua.
Y Dios nos puede amar entonces como sólo se puede amar a quien está también enamorado y libremente entregado.
Ese camino es imagen del diálogo eterno entre las Personas divinas.
Escuche el audio: http://www.unav.es/98.3/doc/09/03/090323pensarlafe2.mp3

Somos elegidos uno a uno por Dios

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Por ser personas de carne, nuestro cuerpo, con su identidad genética, es parte de mi ser personal.
Esa identidad genética es resultado de un largo proceso, una “casualidad” buscada por Dios.
Y, en el momento de la concepción, con ese material genético, podría haber muchas personas distintas -gemelos míos-.
Si existo yo, y no un gemelo mío, es porque Dios me ha elegido a mí.
Me llama a la existencia por mi nombre, mi auténtico quién, el que puede responder a ese amor y ser feliz.
“Yo te he elegido, y te he llamado por tu nombre: tú eres mío”, dice la Escritura.
Ahora lo entendemos también con la razón.
Ser persona es ser poder y realidad de respuesta al Amor.
Todas las personas, también las divinas, consistimos en ser respuesta al amor, mutua entrega.
Escuche el audio: http://unav.es/98.3/doc/09/03/090316pensarlafe2.mp3
Texto sencillo (como el 2 de marzo)
Nombre y personalidad: la llamada de Dios

La creación de Adán y la mía se diferencian muy poco

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La persona de carne es alma-cuerpo.
La creación de Adán, la mía, la de un gemelo, o la de un clon, se diferencian en muy poco: cómo ha llegado a darse la materia adecuada que puede ser organizada por el alma espiritual.
En el caso de Adán, la materia adecuada surge por una alteración genética que es parte de ese proceso del mundo material creado para ser hogar de las personas de carne.
En mi caso, la unión de un óvulo y un espermatozoide en el seno de mi madre.
En el caso de un gemelo, por la separación de un grupo de células totipotentes.
Pero el acto creador de persona es igual de necesario en mí que en Adán . Ni más ni menos. Yo soy el único contenido de ese acto, y la única intención de ese acto creador
Escuche el audio: http://unav.es/98.3/doc/09/03/090309pensarlafe2.mp3
Texto sencillo (como el 2 de marzo):
Nombre y personalidad: la llamada de Dios

Soy el contenido de un acto creador único y personal

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Dios no crea cosas -no tiene sentido-, crea personas que puedan ser felices.
La existencia de cada persona humana requiere un acto creador específico y distinto de Dios.
Soy un amor de Dios único e irrepetible. El contenido de un acto creador específico. Su única intención.
Sólo yo puedo responder a ese Amor eterno que me establece en la existencia. Hay un hueco del corazón de Dios que sólo yo puedo llenar. Un modo de amar a Dios que sólo yo puedo realizar.
La respuesta a ese amor arriesgado que busca mi felicidad depende totalmente de mí.
Soy muy importante para Dios. En su eternidad me quiere a mí.
Escuche el audio: http://unav.es/98.3/doc/09/03/090302pensarlafe2.mp3
Texto sencillo:Nombre y personalidad: la llamada de Dios

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