Estamos de paso
Hay cambio de vida, pero no se pierde.
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Hay cambio de vida, pero no se pierde.
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Reconoce de dónde te viene la existencia, el aliento, la inteligencia y el saber; y, lo que es más aún, el conocimiento de Dios, la esperanza del reino de los cielos, la contemplación de la gloria (…), el ser hijo de Dios, el ser coheredero de Cristo y, para decirlo con toda audacia, el haber sido incluso hecho dios. ¿De dónde y de quién te viene todo esto?
Y, para enumerar también estas cosas menos importantes y que están a la vista, ¿por gracia de quién contemplas la hermosura del cielo, el recorrido del sol, la órbita de la luna, la multitud de las estrellas y el orden y concierto que en todo esto brilla, como en las cuerdas de una lira?¿Quién te ha dado la lluvia, el cultivo de los campos, la
comida, las diversas artes, el lugar para habitar las leyes, la vida social, una vida llevadera y civilizada, la amistad y la familiaridad con los que están unidos a ti por vÃnculos de parentesco? (…)
¿No es verdad que todo esto procede de Dios, el cual te pide ahora, en justa retribución, tu benignidad, por encima de todo y a favor de todo? ¿Es que no nos avergonzaremos, después de que de él hemos recibido y esperamos recibir tanto, de negarle incluso esto: la benignidad? Él, aun siendo Dios y Señor, no se avergüenza de llamarse Padre nuestro, y nosotros ¿nos cerraremos a los que son de nuestra misma condición?
No, hermanos y amigos mÃos, no seamos malos administradores de los bienes que Dios nos ha regalado, no nos hagamos acreedores a la reprensión de Pedro: Avergonzaos, los que retenéis lo ajeno, esforzaos en imitar la equidad de Dios, y asà nadie será pobre.â€
San Gregorio Nacianceno, obispo, Disertación 14, sobre el amor a los pobres
La tentación de Cristo, Ermita de San Baudelio de Berlanga, en Casillas de Berlanga (Soria),
Pintura hacia 1125, fresco transferido a lona, 213,4 cm.x299,7 cm. Colección de Cloisters USA.

 “El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenÃa de ti la condición humana para sà mismo, de sà mismo la salvación para ti; tenÃa de ti la muerte para sà mismo, de sà mismo la vida para ti; tenÃa de ti ultrajes para sà mismo, de sà mismo honores para ti; consiguientemente, tenÃa de ti la tentación para sà mismo, de sà mismo la victoria para ti.
Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo: pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerlaâ€
San AgustÃn, Comentarios sobre los salmos (Salmo 60, 3)
¿Qué lenguaje será capaz de explicar adecuadamente los dones de Dios? Son tantos que no pueden contarse, y son tan grandes y de tal calidad que uno solo de ellos merece toda nuestra gratitud.
Pero hay uno al que por fuerza tenemos que referirnos (…), es el siguiente: Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo dotó de razón, (…) le otorgó poder gozar de la increÃble belleza del paraÃso y lo constituyó, finalmente, rey de toda la creación. Después el hombre cayó en el pecado, (…) a pesar de ello, Dios no lo abandonó; al contrario, le dio primero la ley para que le sirviese de ayuda, lo puso bajo la custodia y vigilancia de los ángeles, le envió a los profetas para que le echasen en cara sus pecados (…). Y aunque nosotros, después de todo esto, perseveramos en nuestra contumacia, no por ello se apartó de nosotros.
La bondad del Señor no nos dejó abandonados y, aunque nuestra insensatez nos llevó a despreciar sus honores, no se extinguió su amor por nosotros, (…) por el contrario, fuimos rescatados de la muerte y restituidos a la vida por el mismo nuestro Señor Jesucristo; y la manera como lo hizo es lo que más excita nuestra admiración. En efecto, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categorÃa de Dios, al contrario, se anonadó a sà mismo, y tomó su condición de esclavo
¿Cómo pagaremos, pues, al Señor todo el bien que nos ha hecho? Es tan bueno que la única paga que exige es que lo amemos por todo lo que nos ha dado. Y cuando pienso en todo esto –voy a deciros lo que siento- me horrorizo de pensar en el peligro de que alguna vez, por falta de consideración o por estar absorto en cosas vanas, me olvide del amor de Dios y sea para Cristo causa de vergüenza y oprobio.
San Basilio Magno, De la Regla monástica mayor de San Basilio Magno, Respuesta 2, 2-4
La criatura bautiza al Creador, la lámpara al Sol, y no por eso se enorgulleció quien bautizaba, sino que se sometió al que iba a ser bautizado.
A Cristo que se le acercaba, le dijo: “Soy yo quien debo ser bautizado por ti”. ¡Gran confesión! ¡Segura profesión de la lámpara al amparo de la humildad! Si ella se hubiese engrandecido ante el Sol, rápidamente se hubiera apagado por el viento de la soberbia.
Esto es lo que el Señor previó y nos enseñó con su bautismo. Él, tan grande quiso ser bautizado por uno tan pequeño. Para decirlo en breves palabras: el Salvador fue bautizado por el necesitado de salvación.
En su bautismo Jesús piensa en mÃ, se acuerda de todos nosotros. Se entrega a la nobilÃsima tarea de purificar las almas, se entrega a Sà mismo por la salvación de todos, los hombres
San AgustÃn, Sermón 292, 4, en la fiesta de SanJuan Bautista, hacia el 405
Hoy los magos encuentran llorando en la cuna al que buscaban resplandeciente en las estrellas.
 Hoy los magos contemplan claramente entre pañales al que larga y resignadamente buscaban en los astros, en la oscuridad de las señales.
Hoy los magos revuelven en su mente con profundo estupor lo que allà han visto: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo, el hombre en Dios, Dios en el hombre, y a aquel a quien no puede contener el universo, encerrado en un pequeño cuerpecillo.
Y, al verlo, lo aceptan sin discusión, como lo demuestran sus dones simbólicos: el incienso, con el que profesan su divinidad; el oro, expresión de la fe en su realeza; la mirra, como signo de su condición mortal.
Asà los gentiles, que eran los últimos llegan a ser los primeros, ya que la fe de los magos inaugura la creencia de toda la gentilidad.
San Pedro Crisólogo, Sermón 160
El Padre ha enviado a la tierra algo asà como un saco lleno de misericordia; un saco, dirÃa, que se romperá en la pasión, para que se derrame aquel precio de nuestro rescate, que él contiene; un saco que, si bien es pequeño, está totalmente lleno.
En efecto, un niño se nos ha dado, pero en este niño habita toda la plenitud de la divinidad. Esta plenitud de la divinidad se nos dio después que hubo llegado la plenitud de los tiempos.
Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia.
¿En qué podÃa manifestar mejor al Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne?
Pues fue precisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adán, que antes de la culpa era inocente.Â
San Bernardo, Sermón en la EpifanÃa del Señor
Rembrandt, La Adoración de los pastores (1646), Alte Pinakothek, Munich
Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio (…)
Su primera lección es el silencio. Cómo desearÃamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espÃritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. (…)
Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogÃa y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social. (…)
Finalmente, aquÃ, aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad.
Pablo VI, Alocución en Nazaret, 5 de enero de 1964
Rembrandt, Descanso en la la huida a Egipto (1647) National Gallery of Ireland, Dublin
 
El Hijo de Dios es el primogénito entre muchos hermanos. Por naturaleza es Hijo único, por gracia asoció consigo a muchos para que sean uno con él.
Pues a cuantos lo recibieron les dio poder de llegar a ser hijos de Dios.Haciéndose él Hijo del hombre hizo hijos de Dios a muchos. (…)
Cristo es uno, el Cristo total, cabeza y cuerpo. Uno nacido de un único Dios en el cielo y de una única madre en la tierra. Muchos hijos y un solo Hijo. Pues asà como la cabeza y los miembros son un Hijo y muchos hijos, asà también MarÃa y la Iglesia son una madre y muchas, una virgen y muchas.
Ambas son madres, ambas son vÃrgenes; ambas conciben virginalmente del EspÃritu Santo. Ambas dan a luz, para Dios Padre, una descendencia sin pecado. MarÃa dio a luz a la cabeza sin pecado del cuerpo; la Iglesia da a luz por el perdón de los pecados al cuerpo de esa cabeza. Ambas son madres de Cristo, pero ninguna de las dos puede, sin la otra, dar a luz a Cristo total. (…)
Cristo permaneció nueve meses en el seno de MarÃa; permanecerá en el tabernáculo de la fe de la Iglesia hasta la consumación de los siglos; y en el conocimiento y en el amor del alma fiel por los siglos de los siglos.
Beato Isaac, abad del monasterio de Stella, Sermón 51
La Adoración de los Magos, Escuela cuzqueña
Dios estableció el tiempo de sus promesas y la época de su cumplimiento.
El perÃodo de las promesas abarcó desde el tiempo de los profetas hasta Juan Bautista: desde éste hasta el fin es el tiempo de su cumplimiento.
Fiel es Dios que se constituyó en nuestro deudor; no porque haya recibido algo de nosotros, sino porque nos prometió tan grandes bienes. La promesa le pareció poco; por eso quiso obligarse por escrito, firmando, por decirlo asÃ, un documento que atestiguara sus promesas, para que cuando comenzara a cumplir las cosas que prometió, viésemos en ese escrito en qué orden se cumplirÃan. El tiempo de las profecÃas era el del anuncio de las promesas. (…)
Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecÃa increÃble la promesa de Dios de sacarlos de su condición mortal para asemejarlos a los ángeles, no sólo firmó una alianza con los hombres para incitarlos a creer, sino que también estableció un mediador como garante de su fidelidad; y no estableció como mediador a cualquier prÃncipe o a un ángel o arcángel, sino a su Hijo único. Y por él nos mostró el camino que nos conducirÃa hacia el fin prometido.
Pero no bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo: quiso que Él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por él.
San AgustÃn, De los Comentarios sobre los salmos (Salmo 109, 1-3)
Antonio Allegri Correggio (1490-1534), Madonna adorando al Niño (Galleria degli Uffici, Florencia)


