Europa sin crucifijos no es Europa sino Sociopa
Ante la resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de quitar el crucifijo de las aulas, la credibilidad, por tan honorable y respetada institución que me parezca y por tan buen papel que haga, se reduce a los mínimos. Me cuesta comprender que un alto tribunal que tiene encomendados casos especialísimos, que tienen que ver con el respeto de las libertades y de los derechos fundamentales en toda Europa, publique una resolución contraria a la libertad.
Y es contraria porque va en contra de la identidad europea le pese a quien le pese. Y que no me cuenten que es por la neutralidad y la defensa de la libertad de cada uno a elegir su creencia y su fe. Aquí no tiene nada que ver eso. Un crucifijo no puede incitar a una persona agnóstica o atea a creer. Para ellos debe ser símbolo de sacrificio, de amor, de paz, de entrega y de verdad, que es lo que representa el Cristo crucificado, y que es lo que mejor sintetiza los ideales europeos.





