Dic
6
¡Quitad el Crucifijo. Poned mi foto! Firmado: los políticos
Los diputados de nuestra España sacan al tapete legislativo una iniciativa que pone de actualidad el Crucifijo. Es objeto noticioso de periódicos, está en boca de las declaraciones televisivas y se habla del Crucifijo hasta en la Cámara Alta.
Pero, aunque se habla de Crucifijo, se refieren más bien –porque son sólo capaces de verlo así- a dos trozos de madera en forma de cruz. Se le ha desinflado como a un globo que se le deja sin aire, como un invierno sin frío o una Navidad sin el nacimiento de Jesús.
En esencia, el Crucifijo, aunque se le reduzca a esa versión light para intentar hacerlo desaparecer de la realidad de las escuelas no impedirá que continúe siendo eternamente el símbolo del misterio de Jesús como entrega total. La entrega por amor más impensable. A la que nunca podremos alcanzar aunque nos lo propongamos.
En sí, en el misterio de la Cruz está contenida la suma de una moral y ética impregnada en la inmensa mayoría de las sociedades y de la cual nacen valores aprendidos del misterio de Jesús. Hoy en día se renuncia al origen de estos valores –en caso de que se acepten por la corriente de indiferencia- o se anulen –cuando se es beligerante con el hecho religioso-.
El Crucifijo se encuentra presente en la sociedad porque es signo de la presencia de Cristo en los cristianos y entre los cristianos, pero también en aquellos que no creen. Esta es la grandeza. ¿Y por qué tengo la osadía de decir esto? Porque es entrega de amor el mismo Jesús, y es por lo que se hizo uno como nosotros.
El gesto del Crucifijo es la fuente de todos los principios naturales que construyen al hombre y que hoy son principios generales de las sociedades que respetan al hombre y le dignifican reconociendo su libertad.
La iniciativa del Parlamento sólo viene a señalar cómo hoy, ciertos grupos sociales quieren que se reconozca al Cristo del Crucifijo como un Cristo roto y olvidado. Pero no se dan cuenta que Él hoy nos pide que le restauremos y que nos acordemos de él para hacerse presente en cada hombre y hacerle inmensamente feliz. Aunque muchos aún se conforman con aceptar que la nada completará sus vidas porque no quieren verle para sentirle.
Esto no es imponer –como dice el señor Bono- sino proponer, compartir, hacer partícipe de algo grande. Porque la felicidad, y lo que hace feliz, no es para vivirla solo si no para regalárla a los demás, al que no la encuentra. Aunque reconozco que para muchos debe ser difícil dar significado a ciertas palabras que desde la fe cobran sentido y que muchos se burlan.






1-15-2010 @ 17:44
¿Pero cómo te dejan escribir en cualquier sitio? Eres muy malo. ¿De dónde sales?