La crisis de la televisión: Telecinco contra La Sexta

Televisión

La crisis se hace eco en la televisión. La Sexta y Telecinco continúan su disputa audiovisual porque uno considera que el otro no hace un juego limpio. El problema se remonta a la temporada de 2008 cuando comenzó el programa Sé lo que hicisteis de la cadena de Jaime Roures. Desde ese momento la Sexta inició una sección satírica dedicada a las “maravillas” televisivas de Telecinco. Tal y como se podía esperar, al canal de Paolo Vasile no le causó mucha gracia.

El 23 de septiembre de 2008, un juez del Juzgado Mercantil número 1 de Barcelona condenó a la Sexta a dejar de emitir imágenes de Telecinco considerando que se vulneraba la Ley de Propiedad Intelectual. En ese momento, el canal de Mediapro, en vez de remitir sus críticas, inició otra sección dedicada expresamente a Telecinco con el título ‘¿Qué esta pasando…en Telecinco?’.  A comienzos de octubre de 2009, Telecinco ha vuelto a solicitar al poder judicial intervención, esta vez acusa a La Sexta de Competencia Desleal porque repetidamente se desprestigia a sus profesionales y a su consejero delegado, Paolo Vasile.

Pero el problema de fondo, quien sabe leer la realidad del mundo audiovisual actual, sabe que no es este. Telecinco ha encontrado una fórmula que le da el liderazgo de audiencia española a través de un uso sistemático de la telebasura y los programas de la cadena se nutren los unos de los contenidos de otros. Tele5 crea una realidad y la utiliza para hacer televisión durante 24 horas.

Tanto la Sexta como Telecinco son televisiones privadas que nacen con un fin lucrativo. Pero sus inicios no son iguales porque La Sexta, como la Cuatro, o Canal +, ha tenido ayuda del poder ejecutivo a través de la creación de una legislación que permite la creación de nuevos canales privados sin impedimento jurídico. Es más, los analistas consideran que el Gobierno se ha adaptado a las necesidades mediáticas de dos grupos de comunicación, Mediapro y Prisa, cercanos a la ideología del Partido Socialista, para favorecer su presencia en el espectro radioeléctrico, en la plataforma de la TDT, y en la oferta de canales.
Telecinco no tuvo esos mismos apoyos o facilidades gubernativas. Además, la cadena es consciente de que su potencial can de televisión competidor es La Sexta, por lo que ve necesario declararle una guerra abierta antes de que se acerque a sus buenos resultados de audiencia. La fragmentación televisiva, y más a partir de la implantación de la TDT que será total el 3 de abril de 2010, la oferta televisiva es mucho mayor sin que la tarta publicitaria se haya incrementado. Por lo que los canales de siempre van a ver una importante reducción de sus ingresos por la publicidad porque se va a repartir. Telecinco también hace esta lectura del mercado de la televisión y tiene que evitar a toda costa que La Sexta le desprestigie, critique su programación y a sus profesionales, y, sobretodo, se haga con su audiencia.

El análisis va más allá como afirmar que Telecinco no hubiera demandado a La Sexta, no le hubiera hecho falta, si el mercado televisivo no fuera una amenaza para el canal. Incluso, lo podría ver beneficioso porque sería publicidad para su televisión. Por lo que cabe considerar que a Telecinco no le molesta lo que el programa Sé lo que hicisteis pueda decir sobre ellos sino que han aprovechado el momento para encararse con el canal de Roures para evitar su crecimiento y progresivo alcance a Telecinco. En condiciones normales, si Telecinco no viese a La Sexta como un rival directo y agresivo diría que la libertad de expresión justificaría lo que La Sexta hace con sus programas.

Esta realidad televisiva desenmascara aún más una realidad penosa. Y es la cuestión de si los canales de televisión privados hacen un servicio público como medios de comunicación o realmente piensan en hacer crecer sus bolsillos, los de sus propietarios, a costa de unos contenidos denigrantes y alejados de una ética de la comunicación.

El papel de los espectadores y de las asociaciones en defensa del telespectador juega un papel fundamental en la actualidad para denunciar y reclamar que las televisiones realicen unos contenidos limpios y constructivos para los consumidores de televisión. De esa manera se condicionaría indirectamente la oferta televisiva porque la publicidad sólo se anunciaría allá donde estuviesen sus clientes potenciales y los canales se verían obligados a conducir su programación a nuevas prácticas audiovisuales. El papel está de manos de los consumidores.

Benjamín Romero Santamaría

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