Julio Gómez-Pastrana, un hombre para los demás

General, objetores

“Iba a todas partes en muletas, literalmente arrastrándose; ha sido un testimonio ejemplar”, destaca Leonor Tamayo, coordinadora de la campaña de EpC de PPE; su mujer le pedía que descansase, pero él le respondía: “Es un problema de todos, es un mal extendido más allá de nuestros hijos”.

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REDACCIÓN HO / ALBA, Por Luis Losada Pescador.- Julio Gómez-Pastrana estaba enfermo de cáncer cuando empezó a movilizar el Puerto de Santa María contra EpC. Comenzó en el instituto de sus hijos y consiguió que objetara el 80% de los alumnos. Todavía hoy es el colegio con mayor número de objetores de toda España.

¿Cómo lo hizo? Repartió guías, recogió firmas exigiendo a la dirección que respetara la objeción, analizó los libros de texto. “Cuando Julio comenzó con todo esto éramos cuatro gatos, la gente veía EpC como ‘ya se verá’”, relata su mujer, Teresa Alva Núñez. Hoy las cosas son diferentes. Su mujer reconoce estar feliz porque la gente “ha despertado, tiene ganas de luchar; juntos lo podemos conseguir”.

“Iba a todas partes en muletas, literalmente arrastrándose; ha sido un testimonio ejemplar”, explica Leonor Tamayo,coordinadora de las plataforma de EpC de Profesionales por la Etica (PPE). Su mujer le pedía que descansara. “Soy testigo de cómo Julio con 39 de fiebre se quedaba hasta las 3 de la mañana estudiando los libros de texto de las editoriales para hablar con propiedad”, relata su mujer. No sólo estudiaba, llamaba a otras plataformas para coordinarse y trataba de involucrar a otros padres. “También fui testigo de cuando la directora del instituto lo expulsó del centro argumentando que ahí no se podía informar; con un sol de justicia lo mandó a la calle”, relata Alba Nuñez. Julio tenía metástasis en las costillas, vértebras, brazos, piernas y pulmones. “Yo sufría viendo eso, le dije mil veces que abandonara esa batalla”, relata emocionada la mujer. Además, el matrimonio ya había encontrado plaza en Guadalete y Grazalema para sus hijos. “Yo sabía que le quedaba poco de vida y quería que estuviera tranquilo sus últimos meses”.

Pero él seguía adelante.
No se trataba sólo de sus hijos, argumentaba. “Es un problema de todos; es un mal extendido más allá de nuestros hijos”, respondía. Luchador hasta el final. Atentos a la anécdota. Un día quedaron en el Puerto para recoger unos carteles. Tras una noche toledana, su mujer se ofreció para sustituirle. El le respondió que se había reservado la morfina para la mañana y acudió a la cita. “Repartimos carteles, él pegó por todas partes; yo le reñía porque no podía soportar ver esa imagen, con la muleta y la cara de dolor”, señala su mujer.

Julio y Tere

Julio y Tere

¿Por qué tanto esfuerzo? Por supuesto, los hijos. ¿Pero no estaban ya resguardados en buenos colegios? “Nuestros hijos no son de Guadalete o de Grazalema, son de la sociedad, de una sociedad que querían modelar por medio de EpC; cuando a nuestro hijo le guste una chica, no le preguntara si es de Grazalema; cuando nuestra hija pida cita con el ginecólogo, no preguntará si es de Guadalete”, le decía a su mujer. “Yo tengo más prisa que nadie porque cuando lleguen esos momentos yo no estará ahí”, concluía.

Así de sereno afrontaba la muerte. ”No le daba miedo morir porque creía en Dios y estaba preparado”. Sin pensar un segundo en sí mismo. Sin la angustia de partir antes de lo que marcan las estadísticas. Tan sólo tenía miedo de dejar una viuda de 41 años con tres hijos en edades complicadas: 14, 11 y 9 años. “Le daba miedo, porque la sociedad me lo estaba poniendo muy difícil y me advirtió que no me rindiera, que luchara; él me confiaba a mí la educación moral de sus hijos”, señala su mujer. Nadie más debería educar a sus hijos. “Ni Zapatero, ni Rajoy ni Aznar”.

Lamentablemente, el cáncer se lo llevó el pasado mes de abril de 2008. Pero deja una herencia sin precio posible: el compromiso por sus hijos y por el bien de sus conciudadanos hasta el último minuto, hasta el último aliento. “El me confío la educación de sus hijos; es lo único que me pidió y lucharé como él; lo vamos a conseguir; ni un paso atrás. Él desde arriba, nos está ayudando. Ánimo y gracias a todos por la colaboración; ‘Ni un paso atrás’; juntos podemos”, arenga su mujer, Teresa Alva Núñez. ”¡Señor, Tu sufriste más!”Julio Gómez Pastrana ofreció todos sus sufrimientos.

“¡Señor, Tú sufriste más que yo!”.

Era su continúa jaculatoria. Todo unido a una asfixia agobiante, relata su mujer, Teresa Alba Nuñez. La última semana, su mujer pidió a la doctora que lo ingresaran. “Mis hijos ya habían visto bastante y no quería que muriera con ellos en casa”. La psicóloga aconsejo que los niños fueran al hospital a despedirse de su padre. Al mayor, le dijo: “se un hombre”; al segundo, “¡campeón!”; y a la última: “cuida siempre a mamá”. Esa noche, su mujer se metió en la cama con él para hacerle cosquillas. ”Me dijo que me quería, yo también se lo decía a él”. Al día siguiente, partió para la Casa del Padre.

Las últimas horas fueron muy duras. “No quería ni una gota de sedación, quería sufrir todo lo que Dios le mandara; para fue muy duro no dar mi consentimiento para los calmantes”.

Los últimos minutos llegó toda la familia. Julio se empeñó en rezar el rosario. ”Yo sólo quería despedirme de él”. Pero él seguí rezando. “Yo me equivocaba de misterio, pero él me corregía”. Después comunión y unción de enfermos. Genio y figura. A tiempo y a destiempo. Con las prioridades bien puestas.

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