Jun
22
Mi hija no entra en clase de Educación para la Ciudadanía
En uno de los blogs de Profesionales por la Ética recoge Teresa García Noblejas el testimonio de una familia de objetores cuya hija no entra en clase:
A veces, en el trasiego de la batalla por la libertad y frente a EpC nos llegan testimonios como este, de una madre objetora de Castilla-La Mancha. Por cierto, que esta semana habrá algunas sorpresas sobre EpC y la oposición de los padres; permanezcan atentos a sus pantallas.
Teresa García-Noblejas
En primer lugar, la niña se sale [de clase] porque nosotros lo hemos decidido, pero ella lo ha asumido como algo propio porque lo hemos hablado mucho. Se sale de clase porque nosotros estamos convencidos de que esta asignatura atenta contra nuestro derecho a que el Estado no se inmiscuya en aspectos de la educación que son exclusivamente competencia de los padres, y el Estado no sólo se inmiscuye, sino que lo hace de forma perversa. También defendemos el derecho a la libertad de educación de otros padres que no pueden elegir colegio, porque no hay plazas para todos en la escuela concertada.
Y creemos que tenemos la obligación de oponernos a que toda una generación sea educada en una ética que decide el Estado, porque eso es lo que hace posible un régimen totalitario, y por tanto, la pérdida de TODAS las libertades.
Resumo. Defendemos que solo los padres somos los que tenemos el derecho y el deber de educar:
- Queremos defender el derecho de todos los padres.
- Es una obligación oponerse a formas de gobernar o legislar que suponen un mal objetivo en cuestiones tan fundamentales como la vida, la familia, la libertad, especialmente cuando afectan a los más vulnerables.
Podría decirte que lo hemos pasado muy mal, pero no es cierto, ni en nuestro caso, ni en el de la niña. Tú sabes que lo único que nos ha dolido es la actitud del colegio, y eso, al ser concertado, no se puede decir. Creo que, nuestros hijos, están acostumbrados a ser distintos, y mentalizados de que lo que nos distingue es poner nuestra fe en el centro de nuestra vida.
Mantenemos la objeción, porque la sentencia del Supremo es tan solo un revés legal, que no modifica ni resuelve los motivos por los que objetamos. Y nos parece un tema importantísimo, que merece, en lo posible, y mientras no perjudique gravemente a la niña, «no dar paso atrás».
Por mi parte, felicito a esta familia por su arrojo. Y quiero resaltar que los motivos que les llevan a objetar nada tienen que ver con los contenidos, que ni los mencionan. Se trata de algo anterior y fundamental: la conculcación del derecho paterno a educar prioritariamente a los hijos en su dimensión moral.
Aceptar de hecho una ley injusta porque podemos minorar sus efectos nocivos es tener una idea muy pobre y egoísta de lo que significan la Justicia y el Bien Común. Menos mal que todavía hay padres que -acertados o equivocados- hacen frente a lo que consideran leyes injustas. Porque las leyes no son injustas “para ti” o “para mi”. Son injustas para todos.







