Lo que he visto y oÃdo en el Congreso
Esta mañana he podido asistir al debate sobre las enmiendas a la totalidad del proyecto de ley del aborto, presentadas por PP, UPN, CIU y UPyD. El discurso de la ministra de Igualdad, una vez más, ha estado lleno de argumentos ideológicos, inconsistentes y falsos.
Ni un solo dato cientÃfico, ni una sola referencia a la vida del hijo concebido, ni una sola apuesta por ayudar a las mujeres embarazadas. Palabras como humillación, clandestinidad, persecución, vejación, mentiras como que la tramitación ha sido transparente y plural, eufemismos, apelaciones a consensos que les traen al fresco, un montón de palabras vacÃas.
Al final, muchas sonrisas, abrazos, gestos triunfales, manoseos entre mujeres que sólo buscan que las madres se puedan deshacer de sus propios hijos a través de una violencia cruel e inhumana. He sentido muchÃsima pena porque sé que estas señoras  que se abrazaban celebrando que el proyecto siga adelante, serÃan incapaces de meterse en un quirófano para ver cómo se practica un aborto y cómo sale el feto muerto del cuerpo de la madre. No saben de qué hablan, mejor dicho, no lo quieren saber. Por eso se escandalizan cuando se muestran imágenes de fetos ya no muertos, sino vivos dentro del seno materno.
Los miembros del PSOE han interpretado como una ofensa el que una brillante Sandra Moneo le dijera a Bibiana AÃdo que quizás algún dÃa ella pudiera estar embarazada. Conciben la maternidad como una humillación, como algo de lo que hay que avergonzarse. El señor Alonso se ha referido a los padres como maltratadores y perseguidores violentos de sus hijas, unos seres horrendos de los que hay que proteger a las menores. Un auténtico esperpento.
Pero a pesar de todo hoy no se ha aprobado la ley. Ho lo que se ha evidenciado es una auténtica fractura del Congreso, hoy lo que se ha visto es que esta ley sólo tiene el apoyo de unos grupos minoritarios, de la izquierda radical que hoy han demostrado estar en las antÃpodas de la democracia. Escuchar a Gaspar Llamazares dedicando la casi totalidad de su intervención a meterse con la Iglesia y a decir que hay que perseguir a los médicos que objeten, al señor Tardá dando golpecitos en la mesa hablando del poder del estado para educar y obligar a los médicos a matar, era como de otros tiempos. Y ellos han sido los que han dado una palmadita en la espalda a un Gobierno que cada vez está más solo.
A esta ley le queda aún bastante recorrido, y esperemos que durante los meses que restan algunos diputados se decidan a votar en conciencia a favor de la vida y la defensa de los débiles.



