Y llegaron los godos

reseña

Paulino Gayo Máximo no fue un hombre muy afortunado. Amaba Roma, todo lo que suponía de civilización, pero ésta se desmoronaba. Por su padre que había visitado la urbe, conocía de sus glorias, pero moriría sin conocerla jamás. Era pagano en una época que el cristianismo se imponía, y era honrado, algo ya inusual. En esta novela, de calidad incuestionable, lucharemos junto a él y su amigo Quinto primero en el muro de Adriano en las lejanas Islas Británicas, contra los pictos y los escotos. Más tarde defenderemos el Rin de los bárbaros; miles de godos pretenderán pasar por las buenas o por las malas a la Galia. Los hunos eran despiadados y los estaban achuchando demasiado por el Este. Máximo (que le servirá a Ridley Scott en su famosa película como ejemplo) deberá defender el imperio con su legión. Una misión suicida, valiente y perfecta para un hombre que tanto amaba su trabajo y su forma de vida.

Además de la calidad literaria de esta obra, el entretenimiento está garantizado por la acción, intriga, estrategia militar y la veracidad de la época y las acciones que el autor desarrolla. Es un libro en el que además de entretenernos aprenderemos mucho de lo que fue el final del imperio romano. Los bárbaros romanizados en parte (y por ello no tan bárbaros) serán estudiados de cerca. Aprenderemos de sus costumbres guerreras y de su forma de vida. De sus necesidades y del porqué se obsesionaron por cruzar el Rin y el Danubio y vivir bajo el paraguas romano o directamente como los señores de lo que fue el imperio romano.

BREEM, Wallace

“El águila en la nieve”

Alamut, 2008

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