Cortázar

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Debo a Julio Cortázar algunas de las horas más felices de mi vida. Hemos pasado juntos noches de jazz y tardes solitarias en el Retiro. Creo que no hay café de Madrid, París, Lisboa, Belgrado… En fin, creo que no hay café donde haya estado ausente por completo. Como Borges y Roth, está presente allí donde me siento con un libro, un café y un cuaderno para escribir y conjurar así los fantasmas o crear universos. Hay algo mágico en la escritura y la lectura, y los textos de este argentino prodigioso son como conjuros. Hay libros de Cortázar (La vuelta al día en ochenta mundos) que se leen como grimorios.

El País me ha dado un alegrón esta mañana. Publican nuevos textos de Cortázar. Me han dado más horas de placer silencioso y de compañía para el cafecito mañanero con Duke Ellington y Aretha.

Leed Manuscrito hallado junto a una mano y me contáis.

Que lo disfrutéis.

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