Occidente y el Islam
El Islam ha dado a luz una de las grandes civilizaciones del planeta. Tomad cualquiera de las facetas en que el ser humano se expresa y encontraréis una voz modulada por la fe del Profeta en algún rincón del mundo. No se puede entender el mundo de hoy sin su patrimonio.
Por eso, reviste el mayor interés el discurso que el Presidente Barack Obama dará el 4 de junio desde Egipto, uno de los paÃses más importantes del mundo islámico. Si Arabia Saudà acoge los Santos lugares y TurquÃa cohonesta la democracia con el Islam sunnÃ, Egipto es la gran potencia cultural de esta gigantesca comunidad que cinco veces al dÃa vuelve sus ojos a La Meca.
Espero que allà hable del necesario desarrollo de los derechos humanos en las sociedades islámicas. Ojalá abra el debate sobre la situación de la mujer y los derechos de gays y lesbianas, que padecen atroces persecuciones en la Autoridad Palestina e Irán, por poner dos ejemplos. Por supuesto, tendrá que hablar de derechos civiles y polÃticos: del respeto a los opositores y de la libertad de expresión, de la libertad religiosa –que no es mera tolerancia sino auténtico respeto- y de la gran contribución que los valores positivos de esta civilización suponen para el mundo globalizado. El Islam es variado y diverso, y nada tiene que ver el Islam de Tunez o Marruecos con las atrocidades de Darfur o los ahorcamientos en el Irán de los ayatollahs.
El Islam afronta en su sena acalorados debates sobre todas esas cuestiones. Occidente puede ser parte del problema o parte de la solución. Se puede condenar y simplificar el mensaje de una religión antigua y profunda o se pueden buscar, en ella misma, las claves para el desarrollo y el avance. Existe la tiranÃa iranÃ, pero también existe la democracia turca.
¿Cuál será la opción de Occidente?




