1492

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El 31 de marzo de 1492 los Reyes Católicos firmaron el Decreto de Expulsión de los Judíos. Así, se empobrecieron las Españas y se enriqueció la Sublime Puerta. Así terminó una España que pudo ser y comenzó una que fue y nació entre las sombras y los llantos de quienes eran expulsados.

Algunos se marcharon a Portugal y de ahí a los Países Bajos. Otros fueron a los Balcanes, al Bósforo, al Norte de África. Consigo llevaron la lengua, las tradiciones, las bromas y las veras de una judería vieja de siglos y que dio al mundo escritores, filósofos, poetas, médicos, traductores, místicos, músicos…

La España de la limpieza de sangre y los conversos quedó como un triste remedo de lo que hubiera sido si hubiera dedicado el esfuerzo de todos sus hijos a los mejores empeños. Con los judíos, con los moriscos, se fue la posibilidad de una España distinta, más diversa, más rica aún que la de hoy, bella en su diversidad de lenguas y de paisajes.

Allá, lejos, se marcharon llorosos los otros hijos de esta tierra; los expulsados. Aquellos que seguían recordando Sefarad, cantando romances y contando cuentos en esta lengua maravillosa de España. Állí alumbraron el ladino y la jaquetía.

Hoy recordamos a quienes se fueron y preservaron la memoria y el legado de aquella España que brindaba por la vida y hacía el voto de celebrar la Pascua, el año que viene, en Jerusalem. Recordamos a Maimónides y a Espinoza, a Joseph Karo y a Fernando de Rojas, el esclarecido converso que retrató la condición humana.

P.S. Esuchad esto: he aquí la tristeza de lo perdido.

Una de gangsters

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Me gusta la novela negra, el jazz, el blues y el cine de gangsters desde Paul Muni a Bogart (jamás le perdonaré que me quitara a Bacall y a Bergman) y más allá. La verdad es que me gusta el cine negro desde niño.  Claro, con una infancia llena de blues y swing (¡arriba Glenn Miller!), de pelis y de periódicos con la tinta fresca se explican muchas cosas. :) Hay pedradas de las que uno no se recupera :)

Hace 23 años que falleció James Cagney, el enemigo público número uno.

¿Habéis visto ¨The roaring Twenties¨? Salen él, Priscilla Lane y nueva York, y no sé quién de los tres hace mejor papel. Empezaba con un imágenes de documental de los años 30, que se remontan hasta la Primera Guerra Mundial y ahí empieza la Historia. Junto a un Borgart jovencísimo, sale la ciudad del boxeo, los clubes, la modernidad y el crimen organizado.

No contaremos el final…

Sin embargo, me gusta este cine en blanco y negro, que retrata la hipocresía de una sociedad donde más mugre se ve cuanto más alto se sube, y donde los héroes no siempre son altos, guapos ni perfectos, sino sólo honrados y éticos, y eso ya es mucho con la que está cayendo.

Elliott Ness y Marlowe tienen en común ser tipos normales que, en un momento dado, hacen lo correcto sin grandes aspavientos ni pretenderse mejores que el resto. Quien conoce la calle sabe que es muy difícil ir dando lecciones a todo el mundo.

Quizás sea que me gusta esa épica de los perdedores y los tipos normales bajo las luces de neón y la ciudad que nunca duerme; seguramente siento debilidad por estos héroes cansados y estos mafiosos de trajes caros y escrúpulos baratos, baratísimos. Dashiell Hammet y Raymond Chandler los llevaron a la novela y Robert johnson les puso música después de venderle el alma al diablo en el cruce de la Autopista 49 con la 61 en Clarksdale (Mississippi); por supuesto, luego el Diablo debió de cobrarse la deuda y no creo que le gustase al bluesman pero eso es otra historia.

Aquí nace el camino que lleva a Michael Corleone, a Muerte entre las Flores y a Traffic pasando por Los Intocables y Good Fellas (¿Cómo la tradujeron al español?).

Así que hoy voy a llamar a Bogart, a Cagney, a Muni, a Edward G. Robinson; me voy a poner un traje de tres piezas y, mientras me bebo un café de esos que pueden servir para cargar una estilográfica (Juan Madrid scripsit) voy a ver una de gangsters a la salud de todos los que seguimos creyendo en los héroes cotidianos, en los villanos que a veces pierden y en la magia del cine.

¿Os apuntáis?

En París

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Llegué a París de madrugada en compañía de unos amigos que aún conservo. Llevaba en la mochila un ejemplar de Les fleurs du mal que me había dado alguien a quien hace muchos años que no veo.

Recuerdo la Torre Eiffel en la distancia. Era como las fotos y yo estaba allí, viendo un pedazo de modernidad después de una tremenda trasnochada. A veces, ser un noctámbulo tiene su recompensa porque hay cosas en la madrugada y en la noche, como decía Radio Futura, que es mejor no ver.

El caso es que la Torre y la Pirámide del Louvre cumplen años; aquellá 120 y ésta sólo 20. Aunque no hayamos estado, forman parte de neustras vidas, sobre todo la primera.

Uno no termina de creer que las divisiones del Reich llegaran hasta París y que el Führer -que dejaba tras de sí un rastro de sangre y muerte- pudiera contemplarla como el que ve el patio de su casa.

Borges cuenta la tristeza que sintió cuando París cayó en manos de la Wehrmacht. Joseph Roth no alcanzó a ver a esta ciudad de luz horadada por los nazis, pero Stephan Zweig sufrió terriblemente y creyó que el nazismo se extendería por todo el planeta. He aquí lo que escribió antes de suicidarse:

“Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra.”

París significa para muchos de nosotros la libertad, la modernidad, el jazz en locales llenos de humo y la noche iluminada que jamás duerme. Como en Nueva York y Buenos Aires, en París uno cree en la libertad de los sueños. ¿Verdad?

Bon anniversaire!

Quiroga, Lavalle, Güemes

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Tal día como hoy, en 1823, en La Rioja (Argentina) el general federal Facundo Quiroga mató en combate singular a lanza al general Miguel Dávila. Sus ejércitos se enfrentaron en  la batalla de El Puesto, que ganaron las tropas de Quiroga.

Al vencedor ya lo llamaban el Tigre de los Llanos y la fama de su ferocidad era merecida. Lo derrotó a su vez el Manco Paz, un general más capacitado pero igual de valiente.

Así se despidió Facundo Quiroga del general Lamadrid:

“¡Adiós, general, hasta que nos podamos juntar para que uno de los dos desaparezca!, porque esta es la resolución inalterable de su enemigo Facundo Quiroga.”

Cuando leo estas historias, recuerdo la cabalgada de los hombres de Lavalle huyendo camino de Bolivia con el cadaver de su general para evitar que lo capturaran los lanceros de Oribe; o el poncho rojo de los gauchos del general Martín Güemes -los infernales- que le pusieron un ribete negro en memoria de su comandante muerto.

Hubo héroes entre los unitarios y los federales y tantos otros… Cierta sombra envuelve los rostros y las máscaras de la Historia hispanoamericana; tal vez debería decir de las Historias de Hispanoamérica. Caudillos alucinados, visionarios prodigiosos y unos pueblos que tantas veces confiaron y fueron derrotados, defraudados, traicionados y vendidos sólo para entregarse de nuevo y caer y levantarse… Tal vez sea esta la tristeza y la esperanza de ese continente maravilloso.

¿No os parece?

Ciento ocho años no es nada…

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Hace 108 años nació el gran tanguero Enrique Santos Discepolo, el autor de Cambalache, que encierra el mismo secreto de la vida que encierran Troilo en el fuelle y Piazzola en Libertango.

Nacer en el Once imprime carácter. Es como ser cosmopolita al cuadrado. Desde los italianos a los judíos de Europa Oriental, el Once es, en realidad, un universo propio, un Buenos Aires dentro de Buenos Aires, esa ciudad mágica. No es un barrio (éste se llama Balvanera9 pero es sin duda un lugar prodigioso.

Discepolo vio la luz, pues, en una formidable ventana a lo creado: un maravilloso abrazo al mundo judío, armenio, chino, coreano y, hoy, también boliviano y peruano. Tal vez por eso sus tangos son tan estupendos. La diversidad produce vida.

Casi parece que este tipo genial compuso Cambalache para estos días. Tal vez lo hizo porque veía el futuro… El tango tiene estas cosas, ya saben.

Que el mundo fue y será una porquería:
ya lo sé…
en el quinientos seis
y en el dos mil también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador.

¡Todo es igual,
nada es mejor,
lo mismo un burro
que un gran profesor!
¡No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao!

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición:
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón.

Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón…
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón.
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y “La Mignón”,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.

Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril.
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.

¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!

¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!

Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley.

¿No hay algo de esto en el tiempo que vivimos?

En verdad,ciento años no es nada.

Que los cumplas muy feliz.

¿Y si…?

Algo está fallando…

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Jean Marie Le Pen puede presidir la sesión inaugural del Parlamento Europeo tras las próximas elecciones.

Un tipo que dice que las cámaras de gas sólo fueron detalles de la Guerra, no merece presidir nada de nada.

Le Pen no ha entendido nada de lo que Auschiwitz significa en la Historia de Europa, en nuestra Historia. El continente que decía ser civilizado y culto alumbró el horror de la Shoah. el exterminio de la judería europea. Europa murió en las chimeneas de Auschwitz. Hay que ver si el viejo continente puede resucitar. Tal vez incluso deberíamos considerar, con Steiner, si merece hacerlo.

Este hombre dijo que la ocupación nazi de Francia -un cúmulo de atrocidades como la del resto de la Europa ocupada- no fue particularmente inhumana. Deberían preguntárselo a las víctimas de Klaus Barbie o a los miembros de la Resistencia; deberían preguntárselo a las sombras y los recuerdos del París ocupado. Por todas partes puedne verse plazas que conmemoran muertos, heridos…

Le Pen puede presidir la sesión inaugural del Parlamento Europeo.

Algo está fallando…

Romero

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Las décadas de los 70 y los 80 fueron terrible en Hispanoamérica. La lucha entre las guerrillas y las tropas de las distintas dictaduras militares convirtieron a los pueblos americanos en víctimas del combate entre unos radicales y otros.

La represión militar en Guatemala fue atroz. Hubo detenciones, torturas, desapariciones, asesinatos masivos de indígenas y se mataba por igual a sindicalistas y a catequistas con inquietud social. El pretexto de la lucha contra la subversión y el comunismo justiifcaba cualquier crimen vestido de uniforme.

Frente a estas barbaridades, se alzó la voz de los cristianos comprometidos con los que menos tenían; con los excluidos de la Historia y de toda esperanza. Animadores parroquiales, comunidades cristianas y catequistas denunciaron, pagando con sus vidas, los crímenes de Estado, las matanzas, las torturas, las desapariciones…

Entonces llegó un hombre que creía en la paz y en la palabra. Hablaba con la claridad y la firmeza de los hombres libres. Se llamaba Óscar Arnulfo Romero. Era el arzoobispo metropolitano de San Salvador. He aquí lo que decía en aquel tiempo de huelgas y pobreza, de crisis y de muerte, de sueños vanos y desesperaciones:

El gobierno no debe tomar al sacerdote que se pronuncia por la justicia social como un político o elemento subversivo, cuando éste está cumpliendo su misión en la política de bien común

Él no hablaba de política sino de paz, de compasión, de perdón y de justicia, sobre todo de justicia.

En nombre de Dios, alzó la voz por todos aquellos que no le tenían porque estaban en un grupo de teatro o en un sindicato; denunció al poder en nombre de todos aquellos muertos, desaparecidos, enterrados, torturados; en nombre de todas las violadas; en el nombre de todos los que no tenían nombre ni lugar en Guatemala.

Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.

Tal día como hoy lo mataron en 1980.

El que trate de salvar su vida la perderá y el que la pierda la conservará quienes creen en esto hacen prodigios. Nadie infunde tanto terror a los tiranos -antes y ahora- como quienes van por la vida dispuestos a sacrificar la vida y a perderla como Aquel que dijo esto.

Romero era uno de esos tipos dispuestos a jugárselo todo porque saben que, al final, la suya es la apuesta ganadora. El Evangelio me impulsa a hacerlo y en su nombre estoy dispuesto a ir a los tribunales, a la cárcel y a la muerte. Lo asesinaron hace 29 años mientras celebraba la Eucaristía. Imagínense la catadura moral de los asesinos.

No pudieron con él porque tenía, como dice Frossard, una Amistad que no era de este mundo. También las circunstancias desconocidas pueden ser afrontadas con la gracia de Dios. Él ha asistido a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy próximo, al confiarle mi último suspiro. Pero más todavía que al enfrentarme con la muerte, necesitamos coraje al entregar toda la vida y vivir para Él

Hoy lo recordamos y celebramos su memoria.

Hace 234 años…

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Sucedió en Richmond, la ciudad que después sería Capital de la Confederación. Se debatía  en la iglesia Episcopal de San Juan si la colonia de Virginia debía unirse o no a la lucha por la independencia de las colonias americanas contra el Rey Jorge.

 Las posiciones estaban divididas. Algunos creían que, en realidad, la guerra se perdería y que los británicos terminarían cobrándose con creces el precio de la traición a la corona británica.

 Entonces tomó la palabra un hombre llamado Patrick Henry. Tras fracasar en los negocios, decidió hacerse abogado y así terminó dedicado a la vida pública.

Patrick Henry ya había pronunciado algunos discursos famosos, pero el de aquel día 23 de marzo de 1775 ha pasado a la Historia de los Estados Unidos y de la libertad porque concluyó pidiendo que le dieran la libertad o le dieran muerte. Give me liberty or give me dead.

Ya nadie habla de este modo.

Aquel día, aquel hombre, conmovió a sus conciudadanos. Es cierto, no fue sólo un discurso. Había intereses, inquietudes, recelos y esperanza; estaba la alta política y las distintas facciones enfrentadas. Nada de lo humano es monocausal.

Pero aquel día se escribió una de las grandes páginas de la oratoria y su discurso ha pasado a la Historia.

Un hombre, un ciudadano, estaba dispuesto a luchar y a morir por aquello en lo que creía.

Hace 234 años que sucedió aquello. El lugar sigue en pie en la deliciosa ciudad de Richmond y la memoria de Patrick Henry no se ha perdido.

¿Qué nos ha pasado entonces?

¿Por qué nadie habla ya así?

Este fin de semana en Barcelona

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Un amigo muy querido ha perdido a su padre y he estado con él este fin de semana. Nadie nos prepara para perder a quienes amamos aunque lo veamos venir; aunque lo sospechemos; aunque sepamos que ese momento se acerca, nadie nos prepara.

Conocí a mi amigo en Jerusalén, y pasé junto a él y otros tres viajeros prodigiosos una noche memorable en el lago Tiberíades. Empezamos cantando Mediterráneo y acabamos con La llorona de Chavela Vargas; uno se cayó al agua en la madrugada de Galilea de tan perjudicado que iba. Acabamos suspendiendo la juerga por falta de verticalidad de la mayor parte de los juerguistas. Ahí es nada.

Cada semana he tenido la alegría de saludarlo en catalán y comparto con él la pasión por la novela negra, la música y el debate. A la salida de la tele, nos hemos ido a hablar de música renacentista y a reírnos con los disparates de los nacionalistas de uno y otro signo. Con él he bailado sobre mesas y he brindado por la vida.

Ahora mi amigo está sufriendo.

Por eso, a través de los kilómetros y las vías de tren y la distancia querría estar con él más tiempo.

Querría decirle que haga su luto en paz y sin prisas; que la muerte no es el final pero se sufre.

Es cierto que la vida le ha dado una compañera maravillosa y algunos amigos de esos que intercederán por nosotros cuando llegue el Juicio. También lo es que él goza de salud y de talento.

Sin embargo, ahora lo pasa mal porque le falta el padre. Hay que ser muy hombre para reconocer que uno siente dolor y mantenerse en pie y defenderse.

Su padre ya no sufre. Ya no padecerá más la enfermedad ni la vejez ni los achaques. Él ya descansa en paz y todas sus preguntas están respondidas. El Misericordioso –que es Clemente y Compasivo y Justo- se ocupa ya de él y, como decía otro amigo, descansa en el País de la Vida. Cada uno llama al Paraíso como quiere. :)

Y sin embargo, sufrimos la partida de aquellos a quienes amamos aun sabiendo que los reencontraremos. Incluso sabiendo que la muerte no es el final.

Por eso los recordamos, Por eso rezamos por ellos y -por eso- hacemos nuestro el dolor del amigo y su familia. No, no podemos sufrir por ellos pero sí podemos estar junto a ellos. Ojalá hubiera podido quedarme más tiempo.

La muerte no es el final. Ella no tiene la última palabra ni es suya la victoria. La historia no termina así. Ponemos nuestra confianza en la más firme de las Rocas, en la más fpoderosa Fortaleza, en un Amor y una Misericordia tan grandes que –como decía Dante- entenderla non può chi non la prova. No puede entenderla quien no la prueba.

Mi amigo sufre, y ni el amor de su compañera ni el de su familia –que sufre con él- puede llenar el vacío que deja quien se marcha. Querría decirle, desde el interior de la Meseta hasta la Barcelona entristecida, que nunca estará solo; que no se acaba aquí la historia humana; y que al final siempre triunfa la vida.

Sin embargo, no le diré nada.

Comparto su silencio a cientos de kilómetros. Ya habrá tiempo de hablar. Ahora toca duelo y no me marcharé aunque esté lejos y aunque nos veamos menos.

Y algún día –cuando Él quiera, la mayúscula no es casual- brindaremos de nuevo por la Vida, y recordaremos los buenos momentos.

Y nos daremos cuenta de que Madrid y Barcelona no están lejos.

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