Esta mañana me he levantado temprano (mejor olvidemos la hora a que me acosté) y puse las noticias. No hay prensa y sin periódicos todo se me hace raro. He esperado para escuchar la Bendición Urbi et Orbi mientras preparaba café bien cargado. Hay cosas que no cambian ni con las fiestas. Me he sentado a ver Al Jazeera mientras hacía tiempo. Un atentado en Irak ha dejado cuatro muertos y un derrumbe en Ucrania ha dejado otros diecinueve. Sigue habiendo mucho dolor en el mundo.
Cuando se ha hecho la hora, he escuchado a Benedicto XVI:
La gracia de Dios ha aparecido a todos los hombres. […] También hoy, quienes en su vida lo esperan y lo buscan, encuentran al Dios que se ha hecho nuestro hermano por amor; todos los que en su corazón tienden hacia Dios desean conocer su rostro y contribuir a la llegada de su Reino. Jesús mismo lo dice en su predicación: estos son los pobres de espíritu, los afligidos, los humildes, los hambrientos de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por la causa de la justicia (cf. Mt 5,3-10). Estos son los que reconocen en Jesús el rostro de Dios y se ponen en camino, come a los pastores de Belén, renovados en su corazón por la alegría de su amor.
Benedicto XVI ha hablado de la paz:
Que sientan el poder de la gracia salvadora de Dios tantas poblaciones que todavía viven en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Lc 1,79). Que la luz divina de Belén se difunda en Tierra Santa, donde el horizonte parece volverse a oscurecer para israelíes y palestinos; se propague en Líbano, en Irak y en todo el Medio Oriente. Que haga fructificar los esfuerzos de quienes no se resignan a la lógica perversa del enfrentamiento y la violencia, y prefieren en cambio la vía del diálogo y la negociación para resolver las tensiones internas de cada País y encontrar soluciones justas y duraderas a los conflictos que afectan a la región. A esta Luz que transforma y renueva anhelan los habitantes de Zimbabwe, en África, atrapado durante demasiado tiempo por la tenaza de una crisis política y social, que desgraciadamente sigue agravándose, así como los hombres y mujeres de la República Democrática del Congo, especialmente en la atormentada región de Kivu, de Darfur, en Sudán, y de Somalia, cuyas interminables tribulaciones son una trágica consecuencia de la falta de estabilidad y de paz. Esta Luz la esperan sobre todo los niños de estos y de todos los Países en dificultad, para que se devuelva la esperanza a su porvenir.
Lo más impactante para mí ha venido después:
Donde se atropella la dignidad y los derechos de la persona humana; donde los egoísmos personales o de grupo prevalecen sobre el bien común; donde se corre el riesgo de habituarse al odio fratricida y a la explotación del hombre por el hombre; donde las luchas intestinas dividen grupos y etnias y laceran la convivencia; donde el terrorismo sigue golpeando; donde falta lo necesario para vivir; donde se mira con desconfianza un futuro que se esta haciendo cada vez más incierto, incluso en las Naciones del bienestar: que en todos estos casos brille la Luz de la Navidad y anime a todos a hacer su propia parte, con espíritu de auténtica solidaridad. Si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo se encamina a la ruina.
Ya casi nadie habla así.
Hay una expresión en hebreo que me encanta. Se repite en una oración que se reza tres veces al día: tikun olam, reparar el mundo. En verdad nuestro mundo necesita ser reparado. Son millones los que claman por el pan y la justicia, por la paz y la palabra. El egoísmo y el odio están destruyendo, a la vez, a la gente y al planeta. Sí, hay que reparar el mundo y llevar la libertad y la esperanza a quienes viven esclavos de la tiranía y sumidos en la desesperación. En todo el mundo, muchos seres humanos viven perseguidos por sus ideas, por sus creencias, por ser homosexuales o por ser disidentes. Apenas quedan cristianos en Irak de una comunidad antes floreciente. El drama de Darfur sigue clamando por una intervención del mundo libre. El terrorismo islamista sigue mancillando la nombre del Islam y la vida humana. Son sólo algunos ejemplos.
Tenemos mucho por hacer. Es nuestra responsabilidad.
¿No os parece?