El aplauso a Galparsoro y la escolta de De Juana
El régimen nazi tuvo uno de sus fundamentos en la movilización de las masas. A diferencia de la multitud, en la masa se pierde la individualidad. Elias Canetti vio sus peligros. Decía Díaz Cañabate, a propósito de los toros, que lo que da miedo de verdad no es el toro sino el público. Algunos necesitan del grupo para sentirse fuertes. Hay gente normal (?) que, diluida en la muchedumbre, es capaz de hacer locuras. Al calorcito del gentío, las atrocidades parecen menos. Todo esto me sugiere la noticia del paseillo que le han hecho a la alcaldesa Inocencia Galparsoro en Mondragón como homenaje a su salida de la cárcel. No hay duda: España se ha vuelto Absurdistán. Un digital publicaba que le van a poner, es decir, le vamos a poner, una escolta a De Juana. ¡A De Juana! ¡Si la escolta deberían llevarla sus vecinos por si el tipo vuelve a las andadas! A veces me arrebato y creo que lo mejor que se puede comprar en España es un juego de maletas y un billete al lugar más lejano. Luego, cuando lo pienso mejor, recapacito y recuerdo a aquel argentino en pleno corralito: ¿si todos nos fuéramos, quién se quedaría? No, no hay que marcharse; no hay que dejar el campo a la masa ni a los asesinos por escoltados que estén. En España no sobra nadie más que el pistolero, el extorsionador, el secuestrador y quienes los jalean bien arropados por el grupo. Les confieso también que, a veces, me entristece pensar qué contestaré cuando, en el futuro, algún niño me pregunte: ¿qué hacíais los demás cuando todo eso pasaba?




