Una marea roja (y gualda)
¿Y quién me iba a decir a mí que acabaría escribiendo de fútbol? El caso es que ya ven: hasta yo quiero echar mi cuarto a espadas porque he visto a la gente en la calle yporque me apetece. Había madrileñosy vascos y barceloneses cantando juntos por las calles de España. Ayer estaban los bilbotarras y los gaditanos, los valencianos y los pontevedreses en las plazas y las fuentes de todo el país. Se veían unas rubias de campeonato y unas morenas de infarto en los alrededores de Colón. Había también muchos extranjeros con nosotros: ecuatorianos, bolivianos, rumanos, polacos… He visto rostros salidos del altiplano envueltos en la bandera rojigualda y he escuchado celebrar los goles con acento de Bogotá. Hoy España es las Españas. Con nosotros cantaban y balilaban todos los que han hecho suya nuestra suerte y se han venido a esta tierra en busca de un futuro mejor. Hace más de dos siglos, unos rebeldes al Rey Jorge escribieron que todos los hombres tenían derecho a la búsqueda de la felicidad. Anoche y hoy, españoles y extranjeros, ricos y pobres, blancos y negros la han encontrado en los colores de la selección. Empieza a gustarme el fútbol.




