Amo Haití por muchas razones. Fue la primera república libre en el Caribe. Los esclavos se sublevaron y construyeron lo que Carpentier llamó el reino de este mundo. Desde entonces, Haití ha sufrido tanto que ha hecho buenas las palabras de Derek Walcott cuando recordaba la tristeza de la Historia del Caribe.
El terremoto ha dejado más de cien mil muertos.
Ante el horror sólo cabe el silencio que rompe la oración, la contemplación del vacío con espanto. Cien mil muertos.
Pero ¿cómo orar ante la devastación y la muerte?
¿Cómo no preguntar donde está el Todopoderoso?
¿Quién no clamará contra el dolor inmenso que ensombrece la isla?
¿Acaso se volvió Destructor quien era Creador y Dador de Vida?
Él prometió que jamás destruiría su obra, y el Amor infinito por el ser humano mantiene el Universo en cada instante. Si pudiéramos verlo, nos asombraríamos de cada instante en que el mundo se recrea.
Entonces, ¿por qué el sufrimiento infinito de las madres huérfanas de hijo?
¿Dónde está Él?
¿Se volvió tan Innombrable que no se lo puede invocar en la tragedia?
No.
Está ahí. Junto a ellos, junto a los machacados, hundidos, sufrientes, dolientes de todo en el marasmo. Mirándonos a todos lso demás y preguntando, ¿dónde está tu hermano?
Ante esa pregunta, no hay ser humano que pueda alzar la vista con tranquilidad. Nuestros hermanos agonizan en Haití ahora y desde hace mucho tiempo.
Nuestros hermanos agonizan por doquier en este mundo tan pequeño pero con distancias insondables.
Hemos construido un mundo de agonías y dolores con tantos rincones y esquinas que no puede girar.
Ahora el mundo se ha roto en Haití.
Tenemos que empezar a repararlo.
Una oración es un buen comienzo porque hay cosas que ningún humano puede hacer solo.
Este blog la eleva esta noche por todos los haitianos.