El Delibes que llevamos todos

Cuaresma, España, Esperanza, Fe, Literatura, Soledad, humildad Sin Comentarios

miguel-delibes.jpg

 No sólo el realismo, sino la belleza literaria intrínsicamente ligada al realismo, caracteriza la obra del gran novelista contemporáneo español que nos dejo el pasado viernes, Miguel Delibes. Un realismo, a mi corto entender, propuesto en dos niveles superpuestos: el primero el de la hondura del drama y de la sabiduría humana arraigada en la experiencia del hombre, frente a la erudita y superficial irrealidad con la que la cultura de cartón piedra de los tópicos y la zafiedad pretenden huir de la verdad. El segundo nivel, es el del realismo que ahonda en el corazón humano, en su innata fragilidad y dependencia, que en sus obras, como en la vida misma, muestra toda su vulnerabilidad, y en ella, toda la grandeza de su reclamada salvación.
Delibes fue quien expresó, a mi parecer mejor que nadie en nuestro idioma, y mejor que nadie desde nuestra idiosincrasia española, tres experiencias por las que, supongo, Dios Providente querrá que pasemos todos o casi todos los hombres, porque son tres pruebas del dolor por las que, si se afrontan paciente y sabiamente, uno alcanza esa madurez nunca deseada, aunque en el fondo, siempre anhelada. Esas tres experiencias son, como bocanadas férreas e inmisericordes de realidad, la soledad, el oprobio, y la burla. Podríamos hasta clasificar las obras de Delibes por estas tres vivencias en sus personajes, y en alguna de ellas, como en “Los santos inocentesâ€, encontramos las tres a la vez. Son tres pruebas de un dolor que se vive en la más profunda intimidad, pero que tienen su causa, aunque sea meramente circunstancial, y su ensoñadora pista de salida, su utópico deseado desenlace, en los demás, en la relación con nuestros prójimos. Pero que sólo se asumen y se superan desde el encuentro, radical y decisivo, con Aquél que es el único que jamás nos abandona, que jamás nos deshonra, que jamás hace escarnio de nosotros, porque nos ama inmensamente. Es más, porque es el único que ha hecho suyas la soledad, el oprobio y la burla, de toda la humanidad.
Al recordar a Delibes, y aunque posiblemente nunca se leyeran el uno al otro, yo querría recordar a la mística y escritora italiana, aunque universal, Chiara Lubich, que hoy hace dos años que también nos dejo. Ella, de un modo mucho más explícito, pero también de un modo tan auténticamente evangélico que llegaba a todos los hombres, creyentes y no creyentes, no hizo otra cosa que aquello que expresó en esta suplica que tanto tiene que ver con la soledad, el oprobio y la burla vividas por Jesús, y vividas por tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo: “Querría dar testimonio ante el mundo de que Jesús Crucificado y Abandonado ha llenado todo vacío, ha acompañado toda soledad, ha anulado todo dolor, ha iluminado toda tiniebla, y ha borrado todo pecadoâ€.

El arquitecto de Dios

Benedicto XVI, España, Familia, Fe, Juan Pablo II, Santos, amor, humildad, pobreza 3 Comentarios

2gaudi26.jpg

 Cuentan algunos que Antonio Gaudí era austerísimo en el vestir, en el comer, en el descanso. Oía la santa misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesús sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas en Barcelona. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad. “Dios lo quiere así –decía-; su Divina Providencia sabe lo que haceâ€. Y junto a su austeridad de vida, su humildad, que le llevo a decir: “La pobreza lleva a la elegancia y a la belleza; la riqueza lleva a la opulencia y a la complicación, que no pueden ser bellasâ€.
Gaudí sostenía que la curva es la línea de Dios, y la recta, la de los hombres. Quizás por eso la curva es esencial en su obra; descubrió nuevas formas arquitectónicas, y supo copiar de la naturaleza, obra de Dios. Su sueño era el de de construir una gran catedral medieval, pero para nuestro tiempo. Un estilo que él calificaría como gótico perfeccionado. Se ha llegado a hablar de Gaudí y de su Sagrada Familia como el templo al honor de Dios: una basílica gótica, de cinco naves, crucero, claustro y dieciséis gigantescas torres dedicadas a los doce apóstoles y a los cuatro evangelistas, con dos cimborrios consagrados a Jesucristo y a la Virgen María, y con sus tres fachadas dedicadas al Nacimiento, a la Pasión y a la Gloria de Cristo. La Sagrada Familia, en realidad, es –según Miguel Ãngel Velasco- una inmensa escultura, en piedra, a la fe, a la esperanza y a la caridad. En la cripta del templo esperan los restos mortales de Antonio Gaudí Cornet el día de la resurrección eterna. Cuando, en 1936, la cripta fue saqueada y profanada, la tumba de Gaudí permaneció intacta. Cuenta también que un coreano se convirtió del budismo al catolicismo través de las obras Gaudí y del toque divino que tienen.
Del primer arquitecto consagrado y famoso de la Historia camino a los altares, dijo el Siervo Juan Pablo II, cuando vio por primera vez el templo creado por Gaudí en Barcelona: “Este templo de la Sagrada Familia recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la de la familia cristiana, donde la fe y el amor nacen y se cultivan sin cesarâ€.
Con la anunciada visita de Benedicto XVI a consagrar este maravilloso canto arquitectónico al Dios del Amor, sin duda será la familia cristiana, la que vive en Cataluña, en España, en Europa, y en todo el mundo, la que recibirá un gran impulso en la construcción de la gran familia de Dios.

¡Gracias, Santo Padre, por venir este año a España!

Benedicto XVI, Cardenales, Diócesis, España, Esperanza, Europa, Evangelización, Fe, Iglesia, Obispos, Santiago de Compostela, Santos Sin Comentarios

b16.jpg

 Benedicto XVI visitará España los días 6 y 7 de noviembre de 2010 con dos escalas en su viaje-relámpago: Barcelona, para consagrar el templo de la Sagrada Familia, la primera catedral del siglo XXI, y Santiago de Compostela, con motivo del Año Santo Jacobeo. Los dos motivos son suficientemente importantes como para que el Santo Padre, que ya estuvo en España en el segundo año de su pontificado para presidir en Valencia la Jornada Mundial de la Familia, y que ha elegido Madrid para celebrar el año que viene la Jornada Mundial de la Juventud, venga también este año a nuestras tierras, pueblos, y gentes de España, siempre necesitados de más comunión, más misión, más testimonio, más Iglesia de Cristo, y por tanto, siempre agradecidos a que el Sucesor de Pedro venga a alentarnos.
Santiago es España, pero también, sobre todo en un Año Santo, es Europa, y es toda la Cristiandad. Lo es porque la Tumba del Apóstol que llegó hasta el fin del mundo entonces conocido para predicar la Buena Noticia es el origen de la experiencia de la peregrinación cristiana, el signo por excelencia de la vida cristiana entendida como Camino, y la más preclara expresión de cómo a lo largo de la historia la fe en Cristo se ha hecho cultura, se ha hecho pueblo, y se ha hecho civilización.
Barcelona es mucha Barcelona para llevar 28 años sin que la visite un Sucesor de Pedro, desde aquella larga e intensa visita del Siervo de Dios Juan Pablo II en 1982. Sobre todo cuando a lo que viene el Santo Padre es a consagrar una joya única de la evangelización –porque la arquitectura cristiana es evangelización- como es Catedral de la Sagrada Familia, de un artista de Dios como es Antonio Gaudi, en proceso de beatificación.
Las palabras del Cardenal Sistach, arzobispo de Barcelona, de esta mañana, son suficientemente elocuentes de la alegría con la que todos hemos recibido esta noticia: “Debemos manifestar nuestro agradecimiento con nuestro afecto al Santo Padre, con nuestra oración constante por su ministerio de sucesor del apóstol Pedro al servicio de toda la Iglesia y con nuestra acogida filial, devota y entusiasta cuando venga a nuestra ciudad de Barcelona y esté entre nosotros. La visita del Santo Padre Benedicto XVI confirmará nuestra fe, fortalecerá nuestra esperanza e impulsará nuestra caridad. Será para nosotros un auténtico don de Dios. Su presencia y su magisterio nos enriquecerán en nuestra vida cristiana de fidelidad y amor a Dios y a la Iglesiaâ€.

Un magisterio liberador

Benedicto XVI, Diócesis, Fe, Iglesia, Obispos, Roma Sin Comentarios

estatuadesanpedroenroma.jpg

 Celebrar hoy la fiesta de la Cátedra del San Pedro, es una buena ocasión para reconocer el verdadero significado del magisterio de la Iglesia, el del Papa y el de los demás sucesores de los apóstoles en comunión con el sucesor de Pedro. Desde finales del siglo IV damos, con esta fiesta, gracias a Dios por la misión confiada al apóstol Pedro y a sus sucesores. La cátedra, literalmente, quiere decir la sede fija del obispo, colocada en la iglesia madre de una diócesis, que por este motivo es llamada catedral, y es el símbolo de la autoridad del obispo y, en particular, de su magisterio, es decir, de la enseñanza evangélica que él, en cuanto sucesor de los apóstoles, está llamado a custodiar y transmitir a la comunidad cristiana.
Pero, ¿entendemos, tanto los fieles cristianos como los alejados de la Iglesia, el significado de este magisterio y de esta cátedra, del Papa para la Iglesia universal y de cada obispo en su diócesis? No es fácil cuando el lenguaje de la cultura dominante mira a la Iglesia en clave de poder, y no de comunidad fraterna y de escuela en la que se aprende una verdad revelada, regalada, y custodiada por la transmisión apostólica, de Pedro a Benedicto, de los apóstoles a todos sus sucesores.
Recuerdo, a propósito de esto, unas declaraciones de hace unos años del obispo Charles Chaput, de Denver, en Estados Unidos, que causaron mucho revuelo, y que me parecieron provocadoramente clarividentes. El decía que “para aprender los misterios que le dan sentido a la vida, existen dos maestros: la Iglesia y el mundoâ€, y que “durante 40 años, los católicos hemos escuchado un coro constante que señala cómo tenemos que estar abiertos al mundo, aprender del mundo, reconocer las cosas buenas del mundo y a ser más humildes en nuestra aproximación al mundo”, lo que nos ha hecho demasiado cómodos y acomodaticios: “Hemos escuchado al mundo con demasiada cortesía cuando miente sobre el aborto, la contracepción, el divorcio o la pena de muerte, nuestras obligaciones con los pobres, el derecho de los trabajadores indocumentados, o el verdadero sentido del pluralismo… porque en ningún momento hemos gritado la verdad”. Y hemos olvidado que “la obediencia a la Iglesia y la fidelidad a sus enseñanzas no son una suerte de esclavitud, son una opción por participar en el acto de dar vida al mundo. Sin la Iglesia, nos quedamos sólo con el mundo, y el mundo no basta para saciar el hambre de nuestros corazones”. Como la vida misma…

La justicia de Dios

Benedicto XVI, Cuaresma, Fe, amor, justicia 3 Comentarios

llorar.jpg

 En su mensaje para la cuaresma, el Santo Padre Benedicto XVI explica con gran claridad como es el egoísmo el origen único de la injusticia, de tal modo que el hombre, herido por el pecado original, y “abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbreâ€.
Pero el Papa, además de explicar esto, se hace una pregunta constructiva: ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor? Y la respuesta, en síntesis, es clara: “para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticiaâ€. El problema está en que para esta radical justicia hace falta la gratuidad del amor de Dios, su gracia, porque el hombre por si mismo no es capaz de restituir la justicia que previa e indefectiblemente ha quebrado. Aquí, el Papa, vuelve a apelar a la definición original de justicia, la de dar a cada uno lo suyo, para explicar que la justificación en Cristo, la de la cruz, la justicia de Dios, va más allá que dar a cada uno lo suyo, porque el Inocente carga con el pecado de los culpables. Es la justicia del amor, “la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperarâ€. Y frente a esta justicia de la Cruz, “el hombre se puede rebelarâ€, sino quiere aceptar que no es un ser autárquico, “sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismoâ€. Este resentimiento es, a mi modo de ver, el verdadero origen de todo proceso de secularización y de rechazo a Dios, el no querer aceptar la deuda de amor de la criatura con el Creador, del pecador con el Redentor.
Ese resentimiento con Dios es el mismo resentimiento que nace del hijo contra el Padre, o del discípulo contra el maestro, cuando el hijo o el discípulo no quieren aceptar con humildad que no podrán nunca pagar el bien recibido, y confunden la libertad con la rebeldía. Al final, a lo largo de nuestra vida, casi todas las relaciones humanas por las que pasamos, cuando no son indiferentes (en familia, entre amigos…), han de atravesar esta prueba, al de aprender del amor de Dios, que no sólo es aprender a amar, sino también a dejarse amar, aceptando, de Dios y de los demás, el don de la gratuidad.

Lo que no es posible para los hombres, es posible para Dios

Defensa de la vida, Denuncia Social, España, Fe, Laicismo, Política 2 Comentarios

zapatero1.jpg

 Con ocasión del famoso desayuno de oración de esta mañana en Washington al que asistió nuestro presidente del gobierno invitado por el de Estados Unidos, he recordado una célebre oración anglosajona, que dice así: “Dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; la valentía para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para distinguir lo uno de lo otroâ€. A pesar de su respetable incredulidad habitual, he soñado con que nuestro presidente, habiendo participado en este encuentro de oración, de cuya intencionalidad no tengo yo porque tener ningún prejuicio, hubiese podido respirar un atisbo de esa apertura del alma que siempre ofrece la experiencia de cerrar los ojos, dejarse mirar por Alguien infinitamente más grande que nosotros, y atreverse a decirle algo así desde nuestra radical pequeñez.
“Dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiarâ€; Ojala que, detrás de esa apariencia de serena seguridad, habitual en quienes tienen importantes responsabilidades de gobierno, nuestro presidente haya podido esta mañana reconciliarse un poquito con la realidad, para que, ante situaciones tan difíciles de resolver, como son la crisis económica, y la aún peor crisis moral, pueda dirigirse a sus gobernados con humildad, y reconocer que no sabe, no puede, no tiene la barita mágica, como para cambiarlas. Porque sólo desde la humildad, uno puede ver la luz para encontrar soluciones, o al menos, abrir el oído para escuchar a quienes las puedan tener.
“Dame Señor la valentía para cambiar las cosas que puedo cambiarâ€: Ojala que nuestro presidente haya podido oír el clamor de quienes exigen de él una decisión urgente: los cientos de miles de niños a los que con sus leyes impide nacer, y los cientos de miles de personas de todas las edades que, dentro y fuera de nuestras fronteras, sufren constantes vulneraciones de sus derechos humanos. Porque cuando la oscuridad ofusca la razón del gobernante, sólo un golpe de gracia, favorecido por la apertura a la fe, es capaz de dar luz.
Y “dame, Señor, la sabiduría para distinguir lo uno de lo otroâ€: una sabiduría que también, y sobre todo, exige, como decía el Patriarca Atenágoras, “desarmarseâ€, porque, “si nos desarmamos, si nos despojamos, si nos abrimos al Dios-hombre que hace nuevas todas las cosas, entonces él mismo borra el pasado malo y nos restituye un tiempo nuevo donde todo es posibleâ€.
¿Les parece utópico este sueño? No crean. Bien lo dijo Jesús: “lo que no es posible para los hombres, es posible para Dios†(Mc. 10, 26-27).

Libertad y diversidad

Diócesis, Ecumenismo, Fe, Iglesia, Libertad Religiosa, Obispos, Relaciones Iglesia-Estado Sin Comentarios

juan-de-rio.jpg

 Hoy comienza en Madrid un acontecimiento importantísimo que pone de relieve la normalidad con la que, en España y en todo el mundo, debe desarrollarse una positiva aplicación de la libertad religiosa, uno de los pilares de los Derechos Humanos, y una positiva relación de colaboración entre los Estados y las confesiones religiosas. Se trata de la celebración de la Conferencia Internacional de Capellanes Militares, que hasta el 5 de febrero, reúne a los principales representantes de la asistencia religiosa a los ejércitos, asistencia regulada en la gran mayoría de los países del mundo, y en la que están implicadas, además de la Iglesia Católica, las principales Iglesias y confesiones cristianas, así como las demás religiones.
Monseñor Juan del Río, arzobispo castrense de España, acoge estas jornadas de estudio y reflexión sobre “El Hecho Religioso en las Fuerzas Armadas. Libertad y diversidadâ€, convencido de que “dentro de la diversidad de religiones y creencias, el papel del Capellán Castrense es un plus de humanidad, no sólo para nuestros militares, sino para la sociedad entera, a la que las Fuerzas Armadas debe servirâ€. Es evidente que en países como España, donde la presencia de otras confesiones cristianas y religiosas, y por tanto, la demanda de la asistencia religiosa en las Fuerzas Armadas, es minoritaria, además de garantizar esta asistencia para las minorías que lo deseen, es importantísimo garantizar la asistencia religiosa de la confesión mayoritaria no sólo del pueblo español en general, sino también de la comunidad militar en particular, una comunidad que no sólo tradicionalmente ha mantenido una mayoritaria y entusiasta adhesión a la fe y a la Iglesia católicas, sino que además hoy, bajo el impulso de la Archidiócesis Castrense, promueve una fructífera experiencia pastoral en la familia y las familias militares, cuanta con su propio presbiterio y seminario, y con la presencia y las iniciativas de diversos grupos laicales.
La celebración este año de este importante encuentro, en el que participaran obispos castrenses de diversos países, popes ortodoxos, ministros luteranos, imanes musulmanes, y rabinos hebreos, etc…, y en el que también participarán e intervendrán representantes de las autoridades públicas, incluso del gobierno español, habrá de dejar bien claro, de cara a la próximas revisiones legislativas de la libertad religiosa, que ésta jamás podrá garantizarse sin instituciones que, como los ordinariatos castrenses, puedan ofrecer a los militares de hoy, en sus lugares y en sus ámbitos propios, esta presencia plural y libre. 

Chirstus omnia in omnibus

Diócesis, Fe, Iglesia, Medios de comunicación, Obispos 5 Comentarios

sanz-sonrie_260x346.jpg

 “Chirstus omnia in omnibus†(Colosenses 3, 11), “Cristo lo es todo en todas las cosasâ€: este es el lema del nuevo arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, que mañana tomará posesión cómo guía, maestro y oferente de esta hermosa porción del Pueblo de Dios que peregrina en Asturias, desde donde hoy emitimos El Espejo. Como explica la publicación diocesana “Esta horaâ€, la radicalidad de esta expresión significa que si Cristo lo es todo, “no es una cosa másâ€, no es “algo opcionalâ€, sino que si Cristo lo es todo, es que de verdad la Belleza –con mayúscula- nos salva, la Bondad –con mayúscula- nos devuelve la inocencia, la Verdad –con mayúscula- nos hace libres.
Mientras los informadores locales y nacionales, ante la noticia de una toma de posesión de un obispo, unos con el atenuante de la ignorancia, otros con el agravante de la intencionalidad distorsionante, repiten manidos tópicos ideológicos para encasillar a los obispos –conservador, ultraconservador, de centro, progresista, etc…-, o se dedican a hacer conjeturas de poder de rancio clericalismo, ellos mismos y por ellos una sociedad desinformada se pierden el corazón de la noticia. Porque el corazón de la noticia de la acogida en una diócesis de un nuevo sucesor de los apóstoles es que, con un nuevo rostro, con un nuevo timbre de voz, con un nuevo equipaje de entregas, dolores, alegrías y experiencias, alguien viene deseando ser y encarnar un buena noticia, que “Cristo es todo en todas las cosasâ€. Es decir, que la gran riqueza del tesoro de la fe cristiana estriba en que nada de lo que pensamos, hacemos, soñamos, ofrecemos o vivimos es ajeno a la novedad cristiana, a Aquel que viene a hacer nuevas todas las cosas. Y en esta tierra asturiana, tan bella como sufrida, tan enraizada en la tradición cristiana como vapuleada por vientos de doctrinas utópicas y decepcionantes, pero sobre todo tan esperanzada y esperanzadora, todos los sucesores de los apóstoles que han ido sucediéndose a su vez en los últimos años –don Gabino, don Carlos, don Raúl (como administrador diocesano), y ahora don Jesús- han sido y serán presencia elocuente y generosa de esta novedad. Porque cada uno de ellos, con la impronta de los particulares dones de Dios, han venido a servir, como Jesús, hasta el lavatorio de los pies, hasta la donación de toda su vida que es todo por los demás, hasta encarar el mal y expulsarlo de su pueblo con la fuerza de lo alto, y hasta promover, paciente y silentemente, el bien, sembrándolo en el corazón de los hombres, sin esperar el día ni la hora de la cosecha.

Décalogo del sacerdote en el mundo digital

Benedicto XVI, Fe, Medios de comunicación Sin Comentarios

radiotv1.gif

 Benedicto XVI dedicó ayer su mensaje de la cuadragésimo cuarta Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, a “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra”. A modo de resumen, éste podría ser el decálogo del sacerdote en el mundo digital:
1. Ver en los medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web) ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.
2. En constante fidelidad al mensaje del Evangelio, ser animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas voces surgidas en ese mundo digital.
3. Trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la “red”.
4. Mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que “Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente”
5. Allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales.
6. Ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo “digital” los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral.
7. Afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: “Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos” (Ap 3, 20).
8. Tener en cuenta a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes.
9. Valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta, en un campo pastoral como éste que no tiene fronteras.
10. Ser apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva ágora que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.

Libres de todas las pestes

Esperanza, Fe, Iglesia, amor 2 Comentarios

601losreal.jpg

 Cuando hace cuatro siglos la “Peste de Landres†trajo la desolación a este enclave único y encantador de la costa tinerfeña, los habitantes de estas tierras se encontraron cara a cara con el misterio más devastador del dolor, esa rabia que penetra hasta el fondo del alma, que, con  fe o incluso sin ella, clama al Todopoderoso con un interminable e insoluble “porquéâ€. Si la peste se cobró entonces miles de vidas, como ha ocurrido estos días en el terremoto de Haití, sabemos, creemos y esperamos, como lo supieron, lo creyeron y lo esperaron los canarios de aquella época, que esas vidas gozan de la paz eterna del amor inconmensurable del Creador.
Pero el dolor más grande es el de aquellos que ni la peste tinerfeña de hace cuatro siglos o del devastador seísmo del país más pobre del mundo hoy, sufren el drama de ver como todo lo que querían, personas, hogares, sueños, se derrumbaba.
Pero no solamente ellos, sino que seguro que muchos de quienes nos sigan en estos momentos podrían contarnos miles de historias personales, familiares y sociales que podrían calificarse también como “pestesâ€, es decir, como acontecimientos impredecibles que alcanzan el cuerpo y el alma de los hombres y lo trituran por dentro.
Las pestes, que arrasan siempre sin que apenas se note, y cuyo silencio es tan elocuente como su destrucción, no son eternas, no duran para siempre, es más, no duran ni se prolongan nunca más que lo que Dios providente permite.
Ni la peste del desamor, de la ingratitud, de la mentira, de la desesperanza, tiene nunca la última palabra. Y los antepasados de este hermoso pueblo de Los Realejos, desde donde hoy emitimos El Espejo para toda España, lo saben bien. Ellos, en lugar de callar y lamentarse en el silencio de la resignación, elevaron su voz al cielo, y por la intercesión de San Vicente mártir, rogaron al Dios de la vida que los librara de la peste. Y el mártir diacono de la persecución de Diocleciano, aquel que no quiso salvar su cuerpo para poder salvar su alma, aquel que rechazo las riquezas y los halagos de quienes querían que renunciase a su fe, les concedió el favor de su intercesión para darles la libertad deseada. San Vicente, como los realejeros de entonces, hicieron honor a su nombre, vencieron y reinaron sobre el peor de los males, que no es la peste que mata el cuerpo, sino la peste que mata el alma con la pérdida de la fe o del amor o de la esperanza.
Y cuando hoy, cuatrocientos años después, en este trozo de cielo en la tierra celebra con alegría esta fiesta, y clausura con ello un año jubilar lleno de gracias, nos muestra el mejor legado de un pueblo: la perseverancia en la fe, la valentía de la humildad, la confianza en Dios, que un día los libero de una peste mortal, y que los libera, y nos libera, de las pestes del desamor, del silencio, de la complacencia con el mal, y de una vida pseudo-cristiana tentada de pactar con la autosuficiencia y la incredulidad.

« Entradas Anteriores

twitter.jpgfacebook.gifyoutube.jpgtuenti_mobile_large.gif