El Delibes que llevamos todos

Cuaresma, España, Esperanza, Fe, Literatura, Soledad, humildad Sin Comentarios

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 No sólo el realismo, sino la belleza literaria intrínsicamente ligada al realismo, caracteriza la obra del gran novelista contemporáneo español que nos dejo el pasado viernes, Miguel Delibes. Un realismo, a mi corto entender, propuesto en dos niveles superpuestos: el primero el de la hondura del drama y de la sabiduría humana arraigada en la experiencia del hombre, frente a la erudita y superficial irrealidad con la que la cultura de cartón piedra de los tópicos y la zafiedad pretenden huir de la verdad. El segundo nivel, es el del realismo que ahonda en el corazón humano, en su innata fragilidad y dependencia, que en sus obras, como en la vida misma, muestra toda su vulnerabilidad, y en ella, toda la grandeza de su reclamada salvación.
Delibes fue quien expresó, a mi parecer mejor que nadie en nuestro idioma, y mejor que nadie desde nuestra idiosincrasia española, tres experiencias por las que, supongo, Dios Providente querrá que pasemos todos o casi todos los hombres, porque son tres pruebas del dolor por las que, si se afrontan paciente y sabiamente, uno alcanza esa madurez nunca deseada, aunque en el fondo, siempre anhelada. Esas tres experiencias son, como bocanadas férreas e inmisericordes de realidad, la soledad, el oprobio, y la burla. Podríamos hasta clasificar las obras de Delibes por estas tres vivencias en sus personajes, y en alguna de ellas, como en “Los santos inocentesâ€, encontramos las tres a la vez. Son tres pruebas de un dolor que se vive en la más profunda intimidad, pero que tienen su causa, aunque sea meramente circunstancial, y su ensoñadora pista de salida, su utópico deseado desenlace, en los demás, en la relación con nuestros prójimos. Pero que sólo se asumen y se superan desde el encuentro, radical y decisivo, con Aquél que es el único que jamás nos abandona, que jamás nos deshonra, que jamás hace escarnio de nosotros, porque nos ama inmensamente. Es más, porque es el único que ha hecho suyas la soledad, el oprobio y la burla, de toda la humanidad.
Al recordar a Delibes, y aunque posiblemente nunca se leyeran el uno al otro, yo querría recordar a la mística y escritora italiana, aunque universal, Chiara Lubich, que hoy hace dos años que también nos dejo. Ella, de un modo mucho más explícito, pero también de un modo tan auténticamente evangélico que llegaba a todos los hombres, creyentes y no creyentes, no hizo otra cosa que aquello que expresó en esta suplica que tanto tiene que ver con la soledad, el oprobio y la burla vividas por Jesús, y vividas por tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo: “Querría dar testimonio ante el mundo de que Jesús Crucificado y Abandonado ha llenado todo vacío, ha acompañado toda soledad, ha anulado todo dolor, ha iluminado toda tiniebla, y ha borrado todo pecadoâ€.

¡Gracias, Santo Padre, por venir este año a España!

Benedicto XVI, Cardenales, Diócesis, España, Esperanza, Europa, Evangelización, Fe, Iglesia, Obispos, Santiago de Compostela, Santos Sin Comentarios

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 Benedicto XVI visitará España los días 6 y 7 de noviembre de 2010 con dos escalas en su viaje-relámpago: Barcelona, para consagrar el templo de la Sagrada Familia, la primera catedral del siglo XXI, y Santiago de Compostela, con motivo del Año Santo Jacobeo. Los dos motivos son suficientemente importantes como para que el Santo Padre, que ya estuvo en España en el segundo año de su pontificado para presidir en Valencia la Jornada Mundial de la Familia, y que ha elegido Madrid para celebrar el año que viene la Jornada Mundial de la Juventud, venga también este año a nuestras tierras, pueblos, y gentes de España, siempre necesitados de más comunión, más misión, más testimonio, más Iglesia de Cristo, y por tanto, siempre agradecidos a que el Sucesor de Pedro venga a alentarnos.
Santiago es España, pero también, sobre todo en un Año Santo, es Europa, y es toda la Cristiandad. Lo es porque la Tumba del Apóstol que llegó hasta el fin del mundo entonces conocido para predicar la Buena Noticia es el origen de la experiencia de la peregrinación cristiana, el signo por excelencia de la vida cristiana entendida como Camino, y la más preclara expresión de cómo a lo largo de la historia la fe en Cristo se ha hecho cultura, se ha hecho pueblo, y se ha hecho civilización.
Barcelona es mucha Barcelona para llevar 28 años sin que la visite un Sucesor de Pedro, desde aquella larga e intensa visita del Siervo de Dios Juan Pablo II en 1982. Sobre todo cuando a lo que viene el Santo Padre es a consagrar una joya única de la evangelización –porque la arquitectura cristiana es evangelización- como es Catedral de la Sagrada Familia, de un artista de Dios como es Antonio Gaudi, en proceso de beatificación.
Las palabras del Cardenal Sistach, arzobispo de Barcelona, de esta mañana, son suficientemente elocuentes de la alegría con la que todos hemos recibido esta noticia: “Debemos manifestar nuestro agradecimiento con nuestro afecto al Santo Padre, con nuestra oración constante por su ministerio de sucesor del apóstol Pedro al servicio de toda la Iglesia y con nuestra acogida filial, devota y entusiasta cuando venga a nuestra ciudad de Barcelona y esté entre nosotros. La visita del Santo Padre Benedicto XVI confirmará nuestra fe, fortalecerá nuestra esperanza e impulsará nuestra caridad. Será para nosotros un auténtico don de Dios. Su presencia y su magisterio nos enriquecerán en nuestra vida cristiana de fidelidad y amor a Dios y a la Iglesiaâ€.

En marzo, oremos por Ãfrica

Benedicto XVI, Denuncia Social, Esperanza, Evangelización, Iglesia, pobreza, Ãfrica Sin Comentarios

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 El Santo Padre Benedicto XVI tiene como intención misionera en sus oración para este mes de marzo el pedir por las Iglesias en Ãfrica, para que sean signo y un instrumento de reconciliación y de justicia en todas las regiones del Continente. En la homilía del Papa Benedicto XVI para la apertura de la II Asamblea especial para Ãfrica del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar meses atrás, el Santo Padre decía que “cuando se habla de tesoros de Ãfrica, enseguida se piensa en los recursos en los que su territorio es rico y que desgraciadamente se han convertido y a veces siguen siendo motivo de explotación, de conflictos y de corrupción. En cambio la Palabra de Dios nos hace contemplar otro patrimonio: el espiritual y cultural, que la humanidad necesita más todavía que las materias primasâ€.
Es importante esta perspectiva mucho más completa y profunda sobre el continente africano, porque además de apuntar en los valores de los africanos, y no tanto en sus deficiencias, señala también con mayor agudeza cuales son estas deficiencias, que no provienen tanto de las tradiciones y de la identidad de sus gentes y de sus pueblos, como de un colonialismo cultural impuesta desde Europa, que va desde la importación de todos nuestros males morales, hasta la proyección de un efecto llamada ilusorio que provoca una inmigración que luego se siente defraudada.
Decía el Papa que aunque Ãfrica representa un inmenso “pulmón” espiritual para una humanidad que se halla en crisis de fe y esperanza, este “pulmón” puede enfermar, mostrando, sobre todo dos peligrosas patologías típicamente  occidentales: el materialismo relativista y, como en América, el auge de las sectas. De ambos decía que “es indiscutible que a veces el llamado primer mundo ha exportado, y sigue exportando, residuos espirituales tóxicosâ€.
La Iglesia en Ãfrica, como bien sabemos por el testimonio permanente en nuestros micrófonos de nuestros misioneros españoles, en los más variados países y en las más variadas circunstancias, está dando el “do de pecho†de una evangelización en primera línea, de una promoción humana sorprendente inseparable de la anterior, y con un extensión de espíritu de reconciliación mucho más preventivo de lo que podamos imaginar. Como decía también el Papa: Ãfrica, “dejándose guiar por el Espíritu Santo, se convertirá en una bendición para la Iglesia universal, aportando su propia y cualificada contribución a la edificación de un mundo más justo y fraternoâ€.

10 horas por la vida

Aborto, Defensa de la vida, Educación, Esperanza, Familia, Iglesia, amor 1 Comentario

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 De la aprobación definitiva esta semana, en el Senado, de la nueva ley del aborto, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la CEE, ha dicho en los micrófonos de COPE que, “en contra de los eslóganes políticosâ€, la ley “no prevé la prestación de ninguna ayuda a la mujer gestante que tenga dificultades y que esté tentada de eliminar al hijo que lleva en su vientre, para que pueda seguir con esa gestación y para que pueda evitar la tragedia que supone para ella ese acto tremendoâ€. La nueva ley, de hecho, ha conseguido “convertir el crimen en derechoâ€. La pregunta ahora es: ¿qué podemos hacer ahora? Y la respuesta no puede obviar que, fruto de la manipulación de la propaganda abortista, pero sobre todo de la crisis moral que padece nuestra sociedad, si una parte considerable de la misma sufre una gravísima deshumanización, otra nada desdeñable sufre amnesia de la conciencia y pasiva resignación. Por eso, porque la verdad esta de nuestra parte y que nuestra debilidad se convierte en fortaleza cuando estamos unidos, sabemos que ésta es la hora.
1. Es la hora de la verdad, porque sabemos que el crimen del aborto es tan abominable como todos aquellos crímenes, viejos y nuevos, que tanto nos avergüenzan.
2. Es la hora de la libertad, que está a favor de la vida y del bien del hombre, y no dejarnos vencer por la espiral del silencio, el derrotismo o la presión social.
3. Es la hora de la conciencia formada y firme, de su hondura, su honestidad, y su valor para afrontar la defensa de la vida y promover la cultura de la vida.
4. Es la hora de la familia –de los padres, de los hermanos, de los abuelos- porque es allí donde el verdadero amor puede frenar un delito que nace de la soledad.
5. Es la hora de los jóvenes, que sin prejuicios ideológicos, y buscadores de verdad y de bien, puedan demostrar que no hay nada más viejo que la cultura de la muerte.
6. Es la hora de los educadores, llamados a despertar en los jóvenes el valor sagrado de la vida, el sentido de responsabilidad, el espíritu de entrega y amor a los demás.
7. Es la hora de los médicos, cuidadores de la persona, física, psíquica y anímicamente, porque son los primeros que pueden inculcar amor a la vida a jóvenes y mayores.
8. Es la hora de los laicos, que en unidad con creyentes de otras confesiones o con no creyentes, tienen como vocación construir un mundo que respete y ame la vida.
9. Es la hora de toda la Iglesia, donde habita la única comunión con el hombre capaz de arrojar luz en la oscuridad y de despertar esperanza en la ofuscación.
10. Es la hora de Dios, porque sólo él, dador y salvador del hombre, puede, si le abrimos las puertas del corazón, prender por doquier el fuego del amor a la vida. 

El Gen Verde en España

España, Esperanza, Evangelización, Juan Pablo II, Movimientos, Múscia, amor 3 Comentarios

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 Tras haber llenado el teatro Gayarre de Pamplona y el Recinto Ferial de Talavera de la Reina, el Conjunto Musical Gen Verde continúa su periplo español con un gran concierto mañana en el Teatro Municipal de Jaén. Si existe un ejemplo de lo que Juan Pablo II llamó “nueva evangelizaciónâ€, en sus métodos, en su ardor, y en sus expresiones, al menos a través del lenguaje artístico, ese es el del Gen Verde, grupo musical internacional formado por 24 mujeres de 14 nacionalidades, con muchísimo que decir y dar, con la sonoridad de sus diferentes países de origen y la originalidad de sus diversas culturas.
El Gen Verde, con sede en Florencia, en la ciudadela internacional de Loppiano, del Movimiento de los Focolares, se formó en 1966, cuando un grupo de chicas recibieron como regalo de su fundadora, Chiara Lubich una batería verde. Así, con el color de su primera batería junto a la sigla “Gen†–generación nueva- trabajan, desde el ámbito artístico, en la realización de la unidad entre hombres y pueblos en un proyecto de “fraternidad universalâ€. Con una experiencia de más de 40 años en el mundo del espectáculo, con más de 130 integrantes a lo largo de este periodo, con 1300 espectáculos para millones de espectadores en todo el mundo, y con manifestaciones ante el Parlamento Europeo o la sede de las Naciones Unidas, el Gen Verde, como el Gen Rosso, han sobrepasado con creces los límites de los ámbitos intra-eclesiales para llevar la Buena Noticia de Dios-Amor al mundo de la música de máxima calidad, al mundo del espectáculo más exigente, y al mundo de los jóvenes, principales destinatarios por los estilos musicales primordialmente utilizados.
Pero aún hay una característica típica de este conjunto musical cristiano, y es que además de en teatros y estadios, el Gen Verde actúa muy a menudo en cárceles, escuelas, hospitales, o residencias de ancianos. Es más, como en el magnífico concierto del pasado sábado en Talavera, el Gen Verde actúa generalmente a favor de obras sociales, como en este caso fue a favor de la Fundación Madre de la Esperanza, de atención de niños y jóvenes con discapacidad mental. Un espectáculo de máxima calidad, que empapa el corazón de alegría y de esperanza, ante miles de personas, no pudo terminar mejor que con una treintena de estos discapacitados abrazando a las mujeres del Gen Verde, y entregándoles una flor, mostrando que lo importante en la vida es poder compartir lo mejor que cada uno tiene, y saber que siempre esto es un dar y recibir desde la gratuidad y la confianza.

Acogidos y queridos sin límte

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 Nourn Chourn, una chica camboyana de 23 años, perdió la mandíbula inferior cuando le alcanzó una bala perdida a la edad de 12 años. En el 2008, se sometió a cirugía plástica en Tokyo antes de volver a Camboya. Ahora ha vuelto de nuevo a Tokyo a una parroquia católica cercana al hospital. Una de las personas que más le ha ayudado ha sido Sor Kuniko Sonoda, de la Congregación de las Hermanas del Niño Jesús. Esta misionera se encontró con Chourn en su misión en Camboya. Tras el éxito de la operación, Chourn, dijo que espera que los chicos ya no salgan corriendo al verla. Como ella, muchísimas personas viven atormentadas por el rechazo, y no únicamente por deformaciones físicas. Basta que tengan esta impresión de parte de una sola persona, para vivir en estado de vejación, de marginación, de soledad. Chourn, a pesar de su pobreza, y de su deformación física, tiene esperanza, sino en dejar de ser rechazada, al menos en serlo cada vez menos tras su operación.
Pero además, Chourn, no por la operación, sino por frecuentar la Misión católica, encuentra día a día motivos para ser feliz, a pesar del rechazo. Saber que Dios le ama como es -saber que Dios nos ama como somos-, es el único consuelo capaz de superar todos los límites de la desesperación. Si la pobreza se mide no tanto por las carencias, sino por la experiencia de la exclusión, la felicidad humana tampoco se mide por las cosas que se posean, ni por los sueños que se tengan, sino por el amor. Sólo hay un secreto para ser feliz amando a los demás, aún sintiendo a cambio rechazo, que es, como hace Chourn, creyendo en el amor infinito, incondicional, e inmenso de Dios.
Cuando los economistas buscan una salida a la crisis económica saben que los milagros no son habituales a la hora de hacer balances, que las habas son habas contadas. En cambio, existe otro tipo de economía, la Economía de la Salvación, la del misterio de la muerte y la resurrección de Cristo, a la que estamos llamados a asomarnos especialmente en este tiempo de cuaresma, por la que la riqueza humana, la del corazón, no se mide con habas contadas, sino que, para quien libremente quiera acercarse a la inagotable fuente del amor de Dios, existe una sobre abundancia. “Donde abundo el pecado –dice San Pablo- sobreabundo la gracia†(Romanos 5, 20). Porque hay Uno, infinitamente más grande que nosotros, capaz de colmar todas las deudas de amor, y de hacer que todos se sientan por el acogidos y queridos sin límite.

Misiones diocesanas vascas

Diócesis, Esperanza, Iglesia, Misiones, amor 1 Comentario

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 Las “Misiones Diocesanas Vascasâ€, promovidas y amparadas por las diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, constituye una de esas realidades eclesiales de las que, no sólo por su pasado, sino también por su presente y por su esperanzador futuro, ofrecen motivos de sobra para dar muchas gracias a Dios y para abrazar con sano orgullo un agradecimiento eclesial a todos los que, tanto desde la retaguardia de la animación misionera en estas diócesis, cono desde la vanguardia de sus misioneros en los diversos lugares de la misión ad gentes, nos ofrecen todos los días un testimonio tan estimulante.  
El inicio de la aventura misionera de estas diócesis se hizo realidad en 1948: el Papa Pío XII encomendó el territorio de Los Ríos en Ecuador a las diócesis vascas, que por entonces eran una sola diócesis. Posteriormente les fueron encomendados otros territorios en Ãfrica y América. Esa aventura largamente soñada tenía hondas motivaciones evangélicas, y fue animada desde el principio por el Espíritu. Ha sido el Espíritu Santo quien, sin duda, ha animado a estos misioneros a ser fieles y leales colaboradores de las iglesias locales en las que están. Les ha llevado a potenciar de una manera clara y nítida a laicos autóctonos para que asuman con responsabilidad su compromiso en la sociedad y al interior de la comunidad. Les ha llevado a profundizar la labor comunitaria, en sus dos vertientes: por un lado a fortalecer la red de Comunidades como presente y futuro de la Iglesia de los pobres; por otro lado, a hacer una tarea de verdadero Desarrollo Local, a formar agentes locales responsables de su propio desarrollo. Esto ha llevado a los misioneros vascos, como a los del resto de España y del mundo, a levantar dispensarios, hospitales, escuelas, talleres de formación integral y profesional, oficinas de Derechos Humanos, laboratorios de análisis clínicos, escuelas de danzas, comedores populares, bodegas de acopio y comercialización de productos del campo, cajas de ahorro y crédito, granjas, huertos comunitarios, microempresas familiares y comunitarias, proyectos de Desarrollo Local, viviendas populares, carreteras, puentes, tiendas comunitarias, movimientos políticos, y otras muchas tareas sociales.
A veces sólo conocemos de nuestra Iglesia, en su concreción diocesana, parroquia, cercana, los desafíos, los problemas, las dificultades. En cambio, en cuento las contemplamos de la universalidad de su comunión y de su misión, afloran los frutos de una vitalidad hasta entonces desconocida.

Libres de todas las pestes

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 Cuando hace cuatro siglos la “Peste de Landres†trajo la desolación a este enclave único y encantador de la costa tinerfeña, los habitantes de estas tierras se encontraron cara a cara con el misterio más devastador del dolor, esa rabia que penetra hasta el fondo del alma, que, con  fe o incluso sin ella, clama al Todopoderoso con un interminable e insoluble “porquéâ€. Si la peste se cobró entonces miles de vidas, como ha ocurrido estos días en el terremoto de Haití, sabemos, creemos y esperamos, como lo supieron, lo creyeron y lo esperaron los canarios de aquella época, que esas vidas gozan de la paz eterna del amor inconmensurable del Creador.
Pero el dolor más grande es el de aquellos que ni la peste tinerfeña de hace cuatro siglos o del devastador seísmo del país más pobre del mundo hoy, sufren el drama de ver como todo lo que querían, personas, hogares, sueños, se derrumbaba.
Pero no solamente ellos, sino que seguro que muchos de quienes nos sigan en estos momentos podrían contarnos miles de historias personales, familiares y sociales que podrían calificarse también como “pestesâ€, es decir, como acontecimientos impredecibles que alcanzan el cuerpo y el alma de los hombres y lo trituran por dentro.
Las pestes, que arrasan siempre sin que apenas se note, y cuyo silencio es tan elocuente como su destrucción, no son eternas, no duran para siempre, es más, no duran ni se prolongan nunca más que lo que Dios providente permite.
Ni la peste del desamor, de la ingratitud, de la mentira, de la desesperanza, tiene nunca la última palabra. Y los antepasados de este hermoso pueblo de Los Realejos, desde donde hoy emitimos El Espejo para toda España, lo saben bien. Ellos, en lugar de callar y lamentarse en el silencio de la resignación, elevaron su voz al cielo, y por la intercesión de San Vicente mártir, rogaron al Dios de la vida que los librara de la peste. Y el mártir diacono de la persecución de Diocleciano, aquel que no quiso salvar su cuerpo para poder salvar su alma, aquel que rechazo las riquezas y los halagos de quienes querían que renunciase a su fe, les concedió el favor de su intercesión para darles la libertad deseada. San Vicente, como los realejeros de entonces, hicieron honor a su nombre, vencieron y reinaron sobre el peor de los males, que no es la peste que mata el cuerpo, sino la peste que mata el alma con la pérdida de la fe o del amor o de la esperanza.
Y cuando hoy, cuatrocientos años después, en este trozo de cielo en la tierra celebra con alegría esta fiesta, y clausura con ello un año jubilar lleno de gracias, nos muestra el mejor legado de un pueblo: la perseverancia en la fe, la valentía de la humildad, la confianza en Dios, que un día los libero de una peste mortal, y que los libera, y nos libera, de las pestes del desamor, del silencio, de la complacencia con el mal, y de una vida pseudo-cristiana tentada de pactar con la autosuficiencia y la incredulidad.

Una noche de fe

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 La noche que vivíamos el 5 enero de cada año, mientras fuimos niños, no era una noche mágica, como algunos dicen. Era una noche de fe, de fe en la Navidad, de fe en Dios que venía, que se hacía niño como nosotros, y que tal suerte de bendiciones y de gracias que sentíamos con él, nos hacía sus cómplices amigos, que aceptaban de los Magos de Oriente aquellos regalos, a cambio de algo tan sencillo y gratuito como era nuestra sonrisa.  Nos dolió cuando el color de la fe tuvo por fuerza que pasar, con el paso de los años, de brillante a claro, de la forma al fondo, del regalo al don. Pero nadie nos robo aquella sonrisa, aquella complicidad de aquellos años. Y gracias a ellos pudimos entender mucho mejor que significaba el colorido de esa tradición, a donde nos remitía, y hacia donde nos conducía, porque formaba parte de la única fe en el misterio de la Navidad. Pero más nos duele cuando vemos como ahora a tantos niños se les ha arrebatado esa sonrisa, se les ha negado la fantasía, y se les ha llenado la habitación de juguetes, como si eso fuese lo que realmente necesitan, como si los kilos de plástico pudiesen sustituir la experiencia de tan hermosa tradición.
Incluso la imagen de los Reyes Magos que a veces ofrecemos nos habla de la historia de estos personajes como si fuese un cuento de hadas, y no un pasaje evangélico, una historia verdadera, que cuenta la verdad de una llamada, un camino y un encuentro de conversión, como no podía ser de otro modo, entre cada uno de estos reyes y el hijo de Dios hecho hombre.
Recuerdo un libro para niños maravilloso sobre los Reyes que se adentraba, con la mirada de la fe, en cada uno de ellos: Melchor, endiosado en su ciencia y su saber, llego a renunciar a comprender esa estrella, dejó de buscar en los libros su explicación para quedarse toda la noche mirándola, no resistió su llamada, y se puso en camino; Gaspar, endiosado en sus sueños de poder y de conquistas, cayó de bruces de su silla para arrodillado llegar a considerar inútiles sus deseos de dominación. Algo le decía que su vida cambiaría con esa estrella. Era necesario dejarlo todo para seguirla. Baltasar, viendo aquella estrella, pensó que todos sus brillantes y diamantes juntos eran pobre polvo negro y oscuro. Y al final, en el encuentro con Aquel que la estrella señalaba, cuentan que al abrir sus cofres abrieron también sus vidas, y le entregaron todo lo que tenían: Melchor sus libros y su saber, Gaspar su imperio y su gobierno, Baltasar sus mercancías y riquezas. Porque ese pequeño niño, «que parecía ignorante -nada sabía-, indefenso -nada podía-, y pobre -nada tenía-», iba a llenarles de felicidad toda su vida.
En este día, víspera de Reyes, queridos oyentes, todos estamos llamados a perder la esclavitud del saber, del poder o del tener, para encontrar el único tesoro que ni la polilla ni el herrumbre corrompen.

Un año de libertad

Benedicto XVI, Esperanza, Fe, Navidad 1 Comentario

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 “La historia tiene un sentido, porque esta habitada por la Sabiduría de Diosâ€, explicaba esta mañana Benedicto XVI. Pero, añadía, “el designio de Dios no se cumple automáticamente, porque es un proyecto de amor, y el amor genera libertadâ€. Cada uno de nosotros somos responsables de acoger el Reino de Dios, ha dicho el Papa, “día a díaâ€. De este modo, el año 2010 que hemos comenzado, no será mejor o peor en virtud de la suerte, del azar, o de fuerzas misteriosas que lo condicionen, sino, como ha dicho el Papa, “en la medida en la que cada uno, según su propia responsabilidad, sepa colaborar a la gracia de Diosâ€. El año nuevo que comienza esta ya bendecido por el amor providente de Dios. Por tanto, no debemos tener ningún temor. Con realismo tendremos que asumir las circunstancias sociales, económicas, políticas, y también las familiares y personales, que se muestran favorables, o al contrario, que nos procuren preocupación, desasosiego, o temor. Pero a la postre el nuevo año que comienza será para cada uno de nosotros un buen año o un mal año según como lo vivamos, si desde la esperanza que nos procura la fe en el amor providente de Dios, o desde la desesperanza que nos arrastre la inquietud y el miedo ante las innumerables incertidumbres que nos acechan.
La libertad humana es el gran regalo que Dios nos ha dado, y su uso puede llevarnos a conducirnos a lo largo del año con sabiduría, prudencia, y sobre todo con amor, o puede llevarnos a dejarnos arrastrar por los afanes, los contratiempos, los problemas y tantos motivos que nos procuren inseguridad. Pero no sólo eso, sino que el uso de la libertad humana sobre todo nos puede llevar a mirar las cosas con ojos mezquinos, sin perspectiva, sin hondura, como queriendo entender y actuar afianzados en nuestros juicios y en nuestras limitaciones, o podemos, en cambio, invocar constantemente la luz de lo alto, para saber reconocer que es lo que Dios nos dice en cada momento a través de las circunstancias, y la luz de lo alto que haga que nuestra percepción de la realidad, de la de nuestra propia vida, la de nuestros semejantes, y la del mundo que nos rodea, se la más parecida a mirada de los ojos de Dios.
Lo mismo ocurre con los grandes desafíos a los que la humanidad de hoy se enfrenta en este nuevo año: el desafío de la defensa de los derechos humanos, de la justicia social, del valor y la protección de la vida humana. Los desafíos de la crisis económica y moral que nos aflige. Sólo la libre búsqueda de la mirada de Dios sobre ellos, nos ofrecerá caminos concretos de esperanza. 

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