Libertad y diversidad

Diócesis, Ecumenismo, Fe, Iglesia, Libertad Religiosa, Obispos, Relaciones Iglesia-Estado Sin Comentarios

juan-de-rio.jpg

 Hoy comienza en Madrid un acontecimiento importantísimo que pone de relieve la normalidad con la que, en España y en todo el mundo, debe desarrollarse una positiva aplicación de la libertad religiosa, uno de los pilares de los Derechos Humanos, y una positiva relación de colaboración entre los Estados y las confesiones religiosas. Se trata de la celebración de la Conferencia Internacional de Capellanes Militares, que hasta el 5 de febrero, reúne a los principales representantes de la asistencia religiosa a los ejércitos, asistencia regulada en la gran mayoría de los países del mundo, y en la que están implicadas, además de la Iglesia Católica, las principales Iglesias y confesiones cristianas, así como las demás religiones.
Monseñor Juan del Río, arzobispo castrense de España, acoge estas jornadas de estudio y reflexión sobre “El Hecho Religioso en las Fuerzas Armadas. Libertad y diversidadâ€, convencido de que “dentro de la diversidad de religiones y creencias, el papel del Capellán Castrense es un plus de humanidad, no sólo para nuestros militares, sino para la sociedad entera, a la que las Fuerzas Armadas debe servirâ€. Es evidente que en países como España, donde la presencia de otras confesiones cristianas y religiosas, y por tanto, la demanda de la asistencia religiosa en las Fuerzas Armadas, es minoritaria, además de garantizar esta asistencia para las minorías que lo deseen, es importantísimo garantizar la asistencia religiosa de la confesión mayoritaria no sólo del pueblo español en general, sino también de la comunidad militar en particular, una comunidad que no sólo tradicionalmente ha mantenido una mayoritaria y entusiasta adhesión a la fe y a la Iglesia católicas, sino que además hoy, bajo el impulso de la Archidiócesis Castrense, promueve una fructífera experiencia pastoral en la familia y las familias militares, cuanta con su propio presbiterio y seminario, y con la presencia y las iniciativas de diversos grupos laicales.
La celebración este año de este importante encuentro, en el que participaran obispos castrenses de diversos países, popes ortodoxos, ministros luteranos, imanes musulmanes, y rabinos hebreos, etc…, y en el que también participarán e intervendrán representantes de las autoridades públicas, incluso del gobierno español, habrá de dejar bien claro, de cara a la próximas revisiones legislativas de la libertad religiosa, que ésta jamás podrá garantizarse sin instituciones que, como los ordinariatos castrenses, puedan ofrecer a los militares de hoy, en sus lugares y en sus ámbitos propios, esta presencia plural y libre. 

La vida es ecumenismo

Ecumenismo, Fe, Iglesia, amor 2 Comentarios

manos_amistad_union.jpg

 Dice el Concilio Vaticano II al hablar del ecumenismo que “tenemos que implorar del Espíritu Santo la gracia de la abnegación sincera, de la humildad y de la mansedumbre en nuestros servicios y de la fraterna generosidad del alma para con los demás (…). A las faltas contra la unidad pueden aplicarse las palabras de San Juan: Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Humildemente, pues, pedimos perdón a Dios y a los hermanos (…), como nosotros perdonamos a quienes nos hayan ofendido. (…) Esta conversión del corazón y santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y con razón puede llamarse ecumenismo espiritualâ€.
Abnegación, humildad, mansedumbre, perdón, conversión… si estas palabras expresan el alma del espíritu ecuménico, la moneda con la que garantizar la suplica auténtica y verdadera por la unidad de los cristianos, que estamos viviendo junto a nuestros hermanos separados de las demás iglesias y confesiones cristianas, no es porque constituyan una estrategia espiritual del ecumenismo, o de las relaciones interreligiosas, eclesiales, sino porque son la ley de la vida, inscrita en el corazón de todos los hombres, de todos los tiempos, en todos los lugares, y en todas las circunstancias de sus relaciones en el seno de las familias, entre amigos, y por tanto en todo tipo de relaciones interpersonales, origen y prototipo de todo tipo de relaciones sociales.
Al final, las heridas abiertas por viejas o nuevas incomprensiones, ofensas, resquemores, rencores, resentimientos, acusaciones, gestos de desprecio, y un sin fin de desencuentros, sólo se curan desde la humildad y el perdón. Incluso cuando pensamos, como en el caso de la histórica desunión de los cristianos, en cuestiones de fondo, como son las diferencias en la comprensión y la formulación de la fe, tendríamos también que reconocer que, por ejemplo, entre hermanos o amigos, ocurre lo mismo. Siempre hubo un mismo pensar y un mismo sentir original, y que por la pérdida de confianza y de afecto, se ha tornado en desacuerdo. Por eso, no sólo las diferencias teológicas están llamadas a resolverse a la luz de la caridad reconquistada, sino que, para los ojos de Dios, todas las relaciones humanas y sociales están llamadas al “ecumenismoâ€, porque todos los caminos para el consenso y la concordia pasan por la oración de Jesús, “que todos sean uno como tu y yo somos uno†(Jn. 17,21) .

Volver a casa

Ecumenismo Sin Comentarios

cardlevada.jpg

 Desde hace muchos años numerosos anglicanos han solicitado volver al seno de la Iglesia Católica, de la que hace siglos se desligaron, como todo el mundo sabe, por razones fundamentalmente políticas. En las últimas décadas, por razones diversas, entre otras por las decisiones de algunos miembros destacados del anglicanismo que frenaban el tan deseado como bien conducido camino ecuménico, ha hecho que estas peticiones se hayan multiplicado, llegando a ser comunidades enteras las que han llamado a las puertas de la Católica no para renunciar completamente al patrimonio religioso y espiritual de su tradición anglicana, sino para vincularlo a la unidad en la diversidad que siempre ha caracterizado a la Iglesia, y que constituye un rasgo esencial de la misma catolicidad, que no es uniformidad, sino comunión en la pluralidad de carismas, vocaciones y ritos. Una comunión inquebrantable en la única fe, en el reconocimiento del sucesor de Pedro como quien llevan el timón de la nave de la Iglesia de Cristo, y en la única misión evangelizadora a un mundo que sigue sin conocerle a Él y su presencia vida en medio de su Iglesia. El Cardenal Levada, prefecto para la Doctrina de la Fe, ha explicado claramente como van a constituirse estas comunidades al modo de las diócesis personales, de tal manera que se conjugue a la vez la plena y visible incorporación a la Iglesia una, santa, católica y apostólica, manteniendo a su vez del anglicanismo tradiciones referentes tanto a la espiritualidad, como al culto, como al propio recorrido personal y comunitario en el camino de la fe.
Al conocer algunos testimonios, antiguos como el del magnífico Cardenal Henry Newman, o nuevos, de ese gran río de conversos anglicanos al catolicismo tan caudaloso desde el inicio del pontificado de Juan Pablo II hasta hoy, conviene tener en cuenta dos cosas muy importantes. Primero, que tanto las numerosas conversiones al catolicismo de anglicanos, como las medidas, hasta ahora excepcionales y cautelares, y a partir de hoy institucionalmente estables, por parte de la Iglesia para su plena incorporación, no suponen un freno al ecumenismo, sino todo lo contrario. Si el ecumenismo tiene un fin es precisamente aquel para el que estos pasos suponen un anticipo: el de una única Iglesia unida en lo indivisible querido por Cristo, y diversa en su formas y tradiciones plurales. Segundo, que para cada uno de estos conversos, este paso es insoslayable de su camino personal de obediencia en conciencia a la voluntad de Dios, y por tanto, algo insuperablemente sagrado. 

twitter.jpgfacebook.gifyoutube.jpgtuenti_mobile_large.gif