Día de la libertad de información

Aborto, Defensa de la vida, Denuncia Social, Educación, España, Iglesia, Laicos, Libertad Religiosa, Medios de comunicación, Ofensas a la religión, Política, Socialistas, justicia, libertad Sin Comentarios

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 De la Libertad de Información –hoy celebramos el día de su defensa- ha hablo mucho, con rigor y con autoridad moral –aunque desde los tópicos ideológicos comúnmente aceptados esto sea impensable- el Magisterio de la Iglesia. En él se deploran las tentativas de las autoridades públicas de bloquear el acceso a la información, considerándola amenazadora o molesta; manipular al público con la propaganda y la desinformación; o impedir la legítima libertad de expresión y opinión. También denuncia que siendo los regímenes autoritarios los peores transgresores, el problema también existe en las democracias liberales, donde, a menudo, el acceso a los medios de comunicación para la expresión política es muy escasa, y desde el poder político, no se respeta la verdad y la lealtad, calumniando a quienes desde los medios los critican.
No es difícil en la aún débil democracia española constatar la tentativa del poder político de no respetar la formulación más o menos provocativa de la objetividad de las noticias, desacreditar el periodismo de investigación, denigrar a los comunicadores críticos, e infravalorar los problemas sociales que los medios reflejan. Hoy a no pocos medios de comunicación y a sus profesionales se les acusa sobre todo de dar y de valorar como graves aquellas noticias que el poder político trata siempre de ocultar o minimizar. En estos últimos años, por ejemplo:
• la gravedad de la aniquilación legal, conceptual y cultural del matrimonio,
• la gravedad de las leyes de educación, que incluyen adoctrinamientos ideológicos y pérdida de libertad de los padres en la educación de sus hijos.
• la gravedad de la nueva legislación del aborto y de la promoción de la cultura de la muerte,
• la gravedad de la permanente escenificación del revisionismo histórico como vuelta al enfrentamiento entre “dos españasâ€,
• y la gravedad del escarnio contra la Iglesia Católica.
Pero a pesar de que se intente frenar la pluralidad informativa, y se trate de desarticular desde la propaganda con un aparato mediático muy fuerte por parte del poder, la mermada, pero existente, libertad informativa en España, desarrolla una misión primordial para mantener la democracia, y los medios y comunicadores católicos, libres de ideologías, están en la vanguardia de esta importante misión social.

Día internacional de la mujer trabajadora

Denuncia Social, Familia, Iglesia, Juan Pablo II, Política, Trabajo, ideología de género, justicia Sin Comentarios

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 Dice el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), a propósito de la mujer trabajadora, a cuya defensa, como día internacional, hoy se fijan los medios de comunicación, tres consideraciones fundamentales:
1. Que persisten muchos condicionamientos perniciosos para la mujer, que ha sido y es todavía “olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitudâ€, como dijo el Siervo de Dios Juan Pablo II en su Carta a las mujeres (nº 3). Dificultades que, como comenta el Compendio, “desafortunadamente, no han sido superadas, como lo demuestran en todo el mundo las diversas situaciones que humillan a la mujer, sometiéndola a formas de verdadera y propia explotaciónâ€.
2. Que el derecho del acceso de la mujer al mercado laboral es indiscutible y debe darse en igualdad de oportunidades con respecto al hombre. Y para ello, el Compendio de la DSI dice que lo primero que hay que garantizar “es la posibilidad concreta de acceso a la formación profesionalâ€. Así como que este derecho no es efectivo sino “se advierte especialmente en los aspectos de la retribución, la seguridad y la previsión socialâ€.
3. Que la constatación de que “el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida socialâ€, es inseparable del derecho a su acceso al mercado laboral, puesto que “el reconocimiento y la tutela de los derechos de las mujeres en este ámbito dependen, en general, de la organización del trabajo, que debe tener en cuenta la dignidad y la vocación de la mujerâ€, cuya “verdadera promoción exige que el trabajo se estructure de manera que no deba pagar su promoción con el abandono del carácter específico propio y en perjuicio de la familia, en la que como madre tiene un papel insustituibleâ€, tal y como también Juan Pablo II explicó en su encíclica Laborem Escercens (nº 19), pues, como comenta el Compendio, esta “es una cuestión con la que se miden la cualidad de la sociedad y la efectiva tutela del derecho al trabajo de las mujeresâ€.
Denuncia de la esclavitud de la mujer, demanda de la igualdad de derechos que el hombre, y reconocimiento de la singularidad de la vocación de la mujer en el ámbito familiar, son no sólo tres principios claves de la DSI sobre la mujer trabajadora, sino tres objetivos permanentes en la acción social de la Iglesia, a través del compromiso de los laicos en la vida pública, tanto en las empresas y los sindicatos, como en los parlamentos y en los gobiernos. 

En marzo, oremos por Ãfrica

Benedicto XVI, Denuncia Social, Esperanza, Evangelización, Iglesia, pobreza, Ãfrica Sin Comentarios

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 El Santo Padre Benedicto XVI tiene como intención misionera en sus oración para este mes de marzo el pedir por las Iglesias en Ãfrica, para que sean signo y un instrumento de reconciliación y de justicia en todas las regiones del Continente. En la homilía del Papa Benedicto XVI para la apertura de la II Asamblea especial para Ãfrica del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar meses atrás, el Santo Padre decía que “cuando se habla de tesoros de Ãfrica, enseguida se piensa en los recursos en los que su territorio es rico y que desgraciadamente se han convertido y a veces siguen siendo motivo de explotación, de conflictos y de corrupción. En cambio la Palabra de Dios nos hace contemplar otro patrimonio: el espiritual y cultural, que la humanidad necesita más todavía que las materias primasâ€.
Es importante esta perspectiva mucho más completa y profunda sobre el continente africano, porque además de apuntar en los valores de los africanos, y no tanto en sus deficiencias, señala también con mayor agudeza cuales son estas deficiencias, que no provienen tanto de las tradiciones y de la identidad de sus gentes y de sus pueblos, como de un colonialismo cultural impuesta desde Europa, que va desde la importación de todos nuestros males morales, hasta la proyección de un efecto llamada ilusorio que provoca una inmigración que luego se siente defraudada.
Decía el Papa que aunque Ãfrica representa un inmenso “pulmón” espiritual para una humanidad que se halla en crisis de fe y esperanza, este “pulmón” puede enfermar, mostrando, sobre todo dos peligrosas patologías típicamente  occidentales: el materialismo relativista y, como en América, el auge de las sectas. De ambos decía que “es indiscutible que a veces el llamado primer mundo ha exportado, y sigue exportando, residuos espirituales tóxicosâ€.
La Iglesia en Ãfrica, como bien sabemos por el testimonio permanente en nuestros micrófonos de nuestros misioneros españoles, en los más variados países y en las más variadas circunstancias, está dando el “do de pecho†de una evangelización en primera línea, de una promoción humana sorprendente inseparable de la anterior, y con un extensión de espíritu de reconciliación mucho más preventivo de lo que podamos imaginar. Como decía también el Papa: Ãfrica, “dejándose guiar por el Espíritu Santo, se convertirá en una bendición para la Iglesia universal, aportando su propia y cualificada contribución a la edificación de un mundo más justo y fraternoâ€.

El legado de Juan Pablo II

Denuncia Social, Iglesia, Juan Pablo II, María, amor, justicia 1 Comentario

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 En la Universidad Sergio Arboleda de Colombia más de 30 especialistas internacionales analizarán el legado de Juan Pablo II El Magno. Y con ocasión de este congreso, en cope.es hemos propuesto a nuestros oyentes una pregunta: Para ti, ¿cuál es el mayor legado de Juan Pablo II? Empiezo por contestar yo mismo.
La imagen del Papa que ganó todos los record imaginables de un pontificado, jamás podrá borrarse de la retina de nuestros ojos. Le conocimos en la otoñal tarde de un día de octubre de 1978, cuando el hasta entonces Cardenal Wojtyla fue elegido sucesor de Pedro, Vicario de Cristo en la Tierra. Todos recordamos su voz, grave, enfática, convincente. Todos recordamos su gesto más significativo e identificador, abrazado posando su cabeza sobre la cruz de su báculo. Como diría espléndidamente el aún entonces Cardenal Ratzinguer en la homilía de su funeral, toda su vida fue un continuo, fiel y entregado seguimiento de Cristo, de Cristo en la cruz. Toda su vida supo no sólo abrazar su cruz, perseguido, hasta el último de sus suspiros, por los diversos totalitarismos de este mundo, sino que además toda su vida abrazó la cruz de la humanidad entera, las cruces más pesadas de nuestro tiempo.
Todos recordamos su mirada penetrante, la de esos pequeños ojos fijos en los de quienes estaban con él, supremo reconocimiento de la inquebrantable dignidad de cada hombre. Todos recordamos como nos hablaba de la infinita misericordia de Dios, y de cómo sin ella, las culturas degeneran en deshumanización; o como nos explicaba la “lucha por el alma de este mundo†en el campo de la cultura o la urgencia de que la novedad cristiana se hiciese presente en los “nuevos areópagos†de la “Nueva Evangelizaciónâ€. Recordamos también como Juan Pablo II denunciaba las injusticias sociales, hasta acusar a los potentados de estar sometidos moralmente a una gravísima “hipoteca socialâ€; o como nos hablaba del ser humano, y lo que significa su dignidad para los cristianos, hasta el punto de afirmar que “el centro de la Iglesia es el hombreâ€. Por eso, para Juan Pablo II, como nos decía, y hasta nos gritaba, vale la pena dar la vida en amor por el hombre, por cada hombre, y por cada familia….
Todos recordamos su amor a la Virgen María, expresado en el más sencillo lema y escudo pontificio conocidos, en el Totus Tuos que se hacía vida año tras año, tanto cuando él la encomendaba los dolores del mundo y de la Iglesia, como cuando, desde el principio hasta el final, hasta físicamente, Ella lo sostuvo en sus brazos, y le abrió siempre aquellas puertas que sólo la Inmaculada que somete a la serpiente bajo sus pies es capaz de abrir.

Lo que no es posible para los hombres, es posible para Dios

Defensa de la vida, Denuncia Social, España, Fe, Laicismo, Política 2 Comentarios

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 Con ocasión del famoso desayuno de oración de esta mañana en Washington al que asistió nuestro presidente del gobierno invitado por el de Estados Unidos, he recordado una célebre oración anglosajona, que dice así: “Dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; la valentía para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para distinguir lo uno de lo otroâ€. A pesar de su respetable incredulidad habitual, he soñado con que nuestro presidente, habiendo participado en este encuentro de oración, de cuya intencionalidad no tengo yo porque tener ningún prejuicio, hubiese podido respirar un atisbo de esa apertura del alma que siempre ofrece la experiencia de cerrar los ojos, dejarse mirar por Alguien infinitamente más grande que nosotros, y atreverse a decirle algo así desde nuestra radical pequeñez.
“Dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiarâ€; Ojala que, detrás de esa apariencia de serena seguridad, habitual en quienes tienen importantes responsabilidades de gobierno, nuestro presidente haya podido esta mañana reconciliarse un poquito con la realidad, para que, ante situaciones tan difíciles de resolver, como son la crisis económica, y la aún peor crisis moral, pueda dirigirse a sus gobernados con humildad, y reconocer que no sabe, no puede, no tiene la barita mágica, como para cambiarlas. Porque sólo desde la humildad, uno puede ver la luz para encontrar soluciones, o al menos, abrir el oído para escuchar a quienes las puedan tener.
“Dame Señor la valentía para cambiar las cosas que puedo cambiarâ€: Ojala que nuestro presidente haya podido oír el clamor de quienes exigen de él una decisión urgente: los cientos de miles de niños a los que con sus leyes impide nacer, y los cientos de miles de personas de todas las edades que, dentro y fuera de nuestras fronteras, sufren constantes vulneraciones de sus derechos humanos. Porque cuando la oscuridad ofusca la razón del gobernante, sólo un golpe de gracia, favorecido por la apertura a la fe, es capaz de dar luz.
Y “dame, Señor, la sabiduría para distinguir lo uno de lo otroâ€: una sabiduría que también, y sobre todo, exige, como decía el Patriarca Atenágoras, “desarmarseâ€, porque, “si nos desarmamos, si nos despojamos, si nos abrimos al Dios-hombre que hace nuevas todas las cosas, entonces él mismo borra el pasado malo y nos restituye un tiempo nuevo donde todo es posibleâ€.
¿Les parece utópico este sueño? No crean. Bien lo dijo Jesús: “lo que no es posible para los hombres, es posible para Dios†(Mc. 10, 26-27).

Burla de la solidaridad

Denuncia Social, Medios de comunicación, Obispos, solidaridad Sin Comentarios

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 Monseñor Joan Piris, Obispo de Lleida y Presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de la CEE, decía ayer que “los medios han cubierto la tragedia de Haití en condiciones difíciles e incluso han sabido perseverar en el empeño de encontrar hueco para su tenaz llamada de socorro cuando la agenda informativa la ocupaban asuntos más caseros o los habituales de la política nacional, europea o mundial (…) Este trabajo nos recuerda algo que nunca debiéramos olvidar: que la comunicación no es posible sin la referencia a los otros, desde el nivel básico de las relaciones interpersonales al de la vida social en el más amplio sentido. La solidaridad tampoco podría llevarse a cabo sin la comunicación que da a conocer y aproxima el sufrimiento de los demás, hasta sentirlo como propio y familiarâ€. Pero además, para monseñor Piris, esta felicitación tiene especial importancia porque, desgraciadamente, no siempre ocurre así: “¡Qué oportuno es –añadía-, por esto mismo, recordar y alabar este buen hacer cuando muchas veces, por desgracia, nos invaden desde los medios de comunicación mensajes superficiales o modelos que responden a una visión distorsionada de la persona, de la familia, y de la misma sociedad, o nos entretienen por los caminos evasivos de una existencia humana convertida en espectáculo, neutralizando así todo verdadero compromiso personal y social!â€.
Eso mismo es lo que precisamente Cáritas y otras 11 ONGD han denunciado de un programa televisivo de próxima emisión, en el que personajes públicos se harán pasar por personas sin hogar, “para ofrecer –dicen- un espectáculo mediático sobre una realidad social traumática que afecta a muchas personas con experiencias personales muy dolorosas y que merecen por parte de todos, y especialmente de los medios de comunicación social, el máximo respeto hacia su integridad, su dignidad y su intimidad”. Y que además, “han intentado comprometer de manera subrepticia a los centros y servicios para las personas sin hogar de nuestras entidades, falseando los objetivos expuestos por los responsables de la productoraâ€.
Es una pena que, precisamente en un momento en el que los MCS parecen haber redescubierto, por el terremoto de Haití, su vocación de servicio a la dignidad humana, ejemplos como el de este programa nos recuerdan una realidad lamentable, el extendido convencimiento del poder mediático de que no hay otro entretenimiento y espectáculo que la zafiedad deshumanizadora.

Opulencia interior

Denuncia Social, Soledad, pobreza 3 Comentarios

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 Al celebrarse hoy el Día de los Sin Techo, me vienen a la mente, y al corazón, las historias de tantos indigentes de quienes he podido asomarme, de puntillas, al drama humano que padecen. El de quienes al no haber podido subirse a ese tren de la competitividad y del bienestar y quedarse en la cuneta, han perdido el norte de una existencia que se les hace muy difícil, y han asumido una lamentable situación, refugio de la propia debilidad. Porque detrás de la miseria exterior, existe siempre un abandono interior, una perdida de credibilidad en la propia dignidad.
Y al leer esta semana el discurso del Papa ante la FAO, en la cumbre sobre la alimentación, sobre el hambre en el mundo, he caído en la cuenta de que al otro lado de la cuerda de la insolidaridad, de la impiedad, del individualismo y de la ausencia de compasión, esta lo que Benedicto XVI llamaba en ese discurso “la opulencia y el derrocheâ€. Y me he dado cuenta que frente a al abandono interior que se esconde tras la miseria, existe otro abandono, otro drama humano, no reconocido por el discurso dominante, que es el de la opulencia interior, consecuencia también humanamente trágica de la riqueza, el derroche, la superficialidad y la opulencia exterior.
En realidad, en cada uno de nosotros, donde habita y convive el hombre viejo fruto del pecado original, y el hombre nuevo fruto de la gracia de la redención, existen, como latentes, en el lado del hombre viejo, dos tentaciones, la de poder llegar al abandono de la indigencia interior, y la de poder llegar al abandono de la opulencia interior, si se ha alcanzado o no subirse a ese tren falso y encantador. Ambas contrarias, como dos extremos que se tocan, a la verdad radical del hombre: su auténtica pobreza que es capaz de acoger todo como don, y que desde esa experiencia es capaz de convertirse en gratuidad para los demás. Dentro de cada uno de nosotros se esconde un hombre capaz de caer en el abismo desesperante del abandono de si mismo, de su propia dignidad, y está es una pobreza que clama a gritos escucha, ayuda, pero sobre todo amor. Y dentro de nosotros se esconde también ese ser tentado de autosuficiente, orgulloso, incorregible, seguro y rico de sí mismo, y a la postre, pobre y miserable, que ha hecho de su vida un castillo de naipes que se derrumba al primer suspiro, y que aunque niegue que necesite ayuda, es el más necesitado de todos. Pero hasta los más complejos problemas sociales y económicos, encontrarían solución si por la gracia de Dios nos dejásemos hacer como Él nos quiere, ni abandonados ni autosuficientes, sino pobres en el espíritu, pobres por veraces, y ricos, inmensamente ricos, porque en nuestra pobreza interior, Dios nos hace felices y sencillos, acogedores y dadores de gratuidad.

Fueron y vieron, y dieron su vida

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 ”Fueron y vieron”. Lo dice el primer capítulo del Evangelio de San Juan, cuando nos narra el momento, e incluso la hora, en el que los primeros discípulos del Señor se encontraron con Él. La experiencia descrita es la experiencia humana fundamental, la del encuentro, con la respuesta  anhelada por todo hombre: “¿qué buscáis? (…) venid y veréis”. Y ellos “fueron con Él, vieron donde vivía, y pasaron aquel día con Él”. Así de sencillo, y de impresionantemente grande, fue aquel encuentro, y así fue desde entonces y desde siempre todo verdadero encuentro con la Verdad. Fueron y vieron. Tras la llamada a la movilidad, a la disponibilidad, a la prontitud para cambiar, para mudarse, para salir del propio entorno y de la propia cultura, de la propia casa y de la propia mentalidad, Dios siempre invita a ver, a ver con claridad, a ver sin filtraciones ni ocultaciones, a encararnos con la realidad, nuestra propia realidad, la de nuestros hermanos, la de nuestro mundo. Un encuentro que continuamente se renueva, “hiendo” cada vez más lejos, a donde Él llama, y “viendo” cada vez más, aquello que Él nos enseña.
También “fueron y vieron” todos aquellos cristianos que sabiéndose llamados, han visto, con Dios y desde Dios, el dolor de su pueblo, las injusticias, las atrocidades, las hambrunas, el mundo de la marginación y de la insolidaridad, los infiernos de la opresión y de la miseria. Y porque han ido allí donde está, porque se han lavado los ojos de las legañas de la indiferencia y de la justificación, han denunciado y han anunciado, han cambiado sus corazones, y han compartido la vida de los pobres, les han ayudado al despertar de su dignidad, y han sido entre ellos semilla de esperanza y de paz, hasta dar la vida. Fueron y vieron, entre tantos y tantos, aquellos jesuitas de El Salvador, que a través de la Universidad Centroamericana José Simón Cañas,  enseñaban a “ver y pensar”, con una “confesada opción por los pobres de quienes, -cómo el mismo rector Ignacio Ellacuría decía- aprende en su realidad y en su múltiple expresión integrante y apuntante. Se pone de parte de ellos para poder encontrar la verdad de lo que está pasando, y la verdad que entre todos debemos buscar y construir”. Hoy se cumplen 20 años de aquel día en que fueron brutalmente asesinados los jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Amando López, Joaquín López, y Elba y Celia Ramos. Ver y pensar, y después escribir, hablar, denunciar la injusticia, procurar la paz, fue lo que desencadeno la ira de sus asesinos. Como tantos otros miles de mártires de la Iglesia de hoy, la opción por los pobres, en el seguimiento de Jesucristo, les costo la vida.

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