Informar de las llagas de la Iglesia

Iglesia, Movimientos, Sacerdocio, amor 1 Comentario

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 Al recordar ayer, en el segundo aniversario de su fallecimiento, a la Fundadora del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, recordé un texto suyo que me enviaron hace pocos días, y que me pareció una respuesta ante el dolor que todos en la Iglesia, también a los que nos dedicamos a la información religiosa, nos causan las sucesivas noticias de escándalos de sus miembros, especialmente de algunos de sus sacerdotes. Una respuesta no sólo a este dolor, sino también al modo como personalmente y profesionalmente debíamos afrontar tanto la recepción como la difusión de estas noticias desde la misma pasión por la Iglesia de siempre, que no debe jamás restar un ápice a la objetividad informativa, ni tampoco a una forma de afrontarla que no sólo no caiga en la desinformación de la desproporción o del amarillismo, sino tampoco obvie que la santidad de la Iglesia no sólo no entra en contradicción con la condición pecadora de todos –y todos es todos- sus miembros, sino que precisamente su santidad se funda en que Cristo, su cabeza, que es el único Santo, la hace santa en y desde la debilidad de sus hijos. El texto de Chiara Lubich, que me ha confirmado este pensamiento, es el siguiente:
 “El rostro de la Iglesia -transparente de luz aquí, ofuscado de sombras allá- tiene que reflejarse en cada cristiano, en cada grupo de cristianos. Esto significa que tenemos que sentir como nuestras, no sólo todas las alegrías de la Iglesia, sus esperanzas, sus brotes y renuevos, sus conquistas, sino, principalmente, todos sus dolores: el dolor de la falta de comunión plena entre las Iglesias; el dolor lacerante de situaciones penosas, de controversias negativas, de la amenaza misma de demoler tesoros seculares; el dolor angustioso de los muchos que reniegan o no aceptan el mensaje que Dios anuncia al mundo para su salvación. (…) Pensé que todos los cristianos verdaderos tendrían que ser personas estigmatizadas, no en un sentido extraordinario y externo, sino espiritual. Y me pareció comprender que los estigmas del cristiano de hoy son precisamente las misteriosas pero reales llagas de la Iglesia de hoy. Si la caridad de Cristo no es en nosotros tan dilatada como para sentir el dolor de estas llagas, no somos como Dios nos quiere hoyâ€.

 Por tanto, acoger en cristiano e informar en cristiano de las “llagas reales†de la Iglesia, significa abrazarlas con un realismo exquisito, pero también con un amor a la Iglesia aún más grande que nunca.

El arquitecto de Dios

Benedicto XVI, España, Familia, Fe, Juan Pablo II, Santos, amor, humildad, pobreza 3 Comentarios

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 Cuentan algunos que Antonio Gaudí era austerísimo en el vestir, en el comer, en el descanso. Oía la santa misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesús sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas en Barcelona. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad. “Dios lo quiere así –decía-; su Divina Providencia sabe lo que haceâ€. Y junto a su austeridad de vida, su humildad, que le llevo a decir: “La pobreza lleva a la elegancia y a la belleza; la riqueza lleva a la opulencia y a la complicación, que no pueden ser bellasâ€.
Gaudí sostenía que la curva es la línea de Dios, y la recta, la de los hombres. Quizás por eso la curva es esencial en su obra; descubrió nuevas formas arquitectónicas, y supo copiar de la naturaleza, obra de Dios. Su sueño era el de de construir una gran catedral medieval, pero para nuestro tiempo. Un estilo que él calificaría como gótico perfeccionado. Se ha llegado a hablar de Gaudí y de su Sagrada Familia como el templo al honor de Dios: una basílica gótica, de cinco naves, crucero, claustro y dieciséis gigantescas torres dedicadas a los doce apóstoles y a los cuatro evangelistas, con dos cimborrios consagrados a Jesucristo y a la Virgen María, y con sus tres fachadas dedicadas al Nacimiento, a la Pasión y a la Gloria de Cristo. La Sagrada Familia, en realidad, es –según Miguel Ãngel Velasco- una inmensa escultura, en piedra, a la fe, a la esperanza y a la caridad. En la cripta del templo esperan los restos mortales de Antonio Gaudí Cornet el día de la resurrección eterna. Cuando, en 1936, la cripta fue saqueada y profanada, la tumba de Gaudí permaneció intacta. Cuenta también que un coreano se convirtió del budismo al catolicismo través de las obras Gaudí y del toque divino que tienen.
Del primer arquitecto consagrado y famoso de la Historia camino a los altares, dijo el Siervo Juan Pablo II, cuando vio por primera vez el templo creado por Gaudí en Barcelona: “Este templo de la Sagrada Familia recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la de la familia cristiana, donde la fe y el amor nacen y se cultivan sin cesarâ€.
Con la anunciada visita de Benedicto XVI a consagrar este maravilloso canto arquitectónico al Dios del Amor, sin duda será la familia cristiana, la que vive en Cataluña, en España, en Europa, y en todo el mundo, la que recibirá un gran impulso en la construcción de la gran familia de Dios.

Ejemplo de perdón

Cuaresma, Defensa de la vida, España, Obispos, Santos, amor, perdón Sin Comentarios

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 Cuenta en la revista Vida Nueva su director, Juan Rubio, biógrafo de Lolo Lozano Garrido, cuya beatificación ha sido anunciada para el mes de junio de en Jaén, una hermosa anécdota de este periodista español a punto de subir a los altares: “Acabada la contienda, que no la guerra –comienza a relatar Juan Rubio-, desde el lado vencedor comenzaron las delaciones, acusaciones, venganzas (…) Lolo fue llamado para que señalara con el dedo a sus perseguidores y los delatara. Su firma está al pie del documento y una línea trazada en diagonal; un silencio absoluto, una amnesia evangélica. No quiso decir nombre alguno. Era la hora de la reconciliación. Más tarde escribiría: Ese día arranqué del diccionario la palabra odio. La cambió por perdónâ€.
Este elocuente y escalofriante testimonio de Lolo nos puede llevar a hacer infinidad de consideraciones. Podríamos, por ejemplo, reflexionar sobre ese peligro del poder político y cultural, que en los últimos años han denunciado nuestros obispos, de desenterrar el hacha del rencor de aquella contienda a través de la memoria histórica. Pero al hacerlo, y es necesario hacerlo, no nos deberíamos quedar ahí. Como tampoco podemos quedarnos, en la defensa de la vida, con denunciar la inhumanidad de la nuevas leyes que nos están imponiendo, sino conseguimos penetrar en todos los ámbitos de la sociedad para despertar un adormecido y relativizado amor y respeto a la vida. Pues bien, tampoco serviría de mucho denunciar esta corriente de enfrentamiento y de inquina respecto a nuestra historia reciente, el de la memoria histórica, sino vamos al origen de esta desafortunada manera de entender la memoria, que junto a la radicalización ideológica, está en el corazón de los hombres. No sólo en el de sus promotores, sino en el de muchos en la sociedad española. Porque ese rencor, que nunca desapareció del todo entre los españoles, ha resurgido con una crisis moral que abarca todos los ámbitos de la existencia. 
Por eso, nunca un tiempo de conversión como la cuaresma es atemporal. Por eso, en la vida personal, familiar, laboral, económica, política y social, las palabras de Jesús proclamadas en la liturgia de hoy son de rabiosa actualidad: “Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá†(Lc. 6, 36-38).

10 horas por la vida

Aborto, Defensa de la vida, Educación, Esperanza, Familia, Iglesia, amor 1 Comentario

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 De la aprobación definitiva esta semana, en el Senado, de la nueva ley del aborto, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la CEE, ha dicho en los micrófonos de COPE que, “en contra de los eslóganes políticosâ€, la ley “no prevé la prestación de ninguna ayuda a la mujer gestante que tenga dificultades y que esté tentada de eliminar al hijo que lleva en su vientre, para que pueda seguir con esa gestación y para que pueda evitar la tragedia que supone para ella ese acto tremendoâ€. La nueva ley, de hecho, ha conseguido “convertir el crimen en derechoâ€. La pregunta ahora es: ¿qué podemos hacer ahora? Y la respuesta no puede obviar que, fruto de la manipulación de la propaganda abortista, pero sobre todo de la crisis moral que padece nuestra sociedad, si una parte considerable de la misma sufre una gravísima deshumanización, otra nada desdeñable sufre amnesia de la conciencia y pasiva resignación. Por eso, porque la verdad esta de nuestra parte y que nuestra debilidad se convierte en fortaleza cuando estamos unidos, sabemos que ésta es la hora.
1. Es la hora de la verdad, porque sabemos que el crimen del aborto es tan abominable como todos aquellos crímenes, viejos y nuevos, que tanto nos avergüenzan.
2. Es la hora de la libertad, que está a favor de la vida y del bien del hombre, y no dejarnos vencer por la espiral del silencio, el derrotismo o la presión social.
3. Es la hora de la conciencia formada y firme, de su hondura, su honestidad, y su valor para afrontar la defensa de la vida y promover la cultura de la vida.
4. Es la hora de la familia –de los padres, de los hermanos, de los abuelos- porque es allí donde el verdadero amor puede frenar un delito que nace de la soledad.
5. Es la hora de los jóvenes, que sin prejuicios ideológicos, y buscadores de verdad y de bien, puedan demostrar que no hay nada más viejo que la cultura de la muerte.
6. Es la hora de los educadores, llamados a despertar en los jóvenes el valor sagrado de la vida, el sentido de responsabilidad, el espíritu de entrega y amor a los demás.
7. Es la hora de los médicos, cuidadores de la persona, física, psíquica y anímicamente, porque son los primeros que pueden inculcar amor a la vida a jóvenes y mayores.
8. Es la hora de los laicos, que en unidad con creyentes de otras confesiones o con no creyentes, tienen como vocación construir un mundo que respete y ame la vida.
9. Es la hora de toda la Iglesia, donde habita la única comunión con el hombre capaz de arrojar luz en la oscuridad y de despertar esperanza en la ofuscación.
10. Es la hora de Dios, porque sólo él, dador y salvador del hombre, puede, si le abrimos las puertas del corazón, prender por doquier el fuego del amor a la vida. 

El Gen Verde en España

España, Esperanza, Evangelización, Juan Pablo II, Movimientos, Múscia, amor 3 Comentarios

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 Tras haber llenado el teatro Gayarre de Pamplona y el Recinto Ferial de Talavera de la Reina, el Conjunto Musical Gen Verde continúa su periplo español con un gran concierto mañana en el Teatro Municipal de Jaén. Si existe un ejemplo de lo que Juan Pablo II llamó “nueva evangelizaciónâ€, en sus métodos, en su ardor, y en sus expresiones, al menos a través del lenguaje artístico, ese es el del Gen Verde, grupo musical internacional formado por 24 mujeres de 14 nacionalidades, con muchísimo que decir y dar, con la sonoridad de sus diferentes países de origen y la originalidad de sus diversas culturas.
El Gen Verde, con sede en Florencia, en la ciudadela internacional de Loppiano, del Movimiento de los Focolares, se formó en 1966, cuando un grupo de chicas recibieron como regalo de su fundadora, Chiara Lubich una batería verde. Así, con el color de su primera batería junto a la sigla “Gen†–generación nueva- trabajan, desde el ámbito artístico, en la realización de la unidad entre hombres y pueblos en un proyecto de “fraternidad universalâ€. Con una experiencia de más de 40 años en el mundo del espectáculo, con más de 130 integrantes a lo largo de este periodo, con 1300 espectáculos para millones de espectadores en todo el mundo, y con manifestaciones ante el Parlamento Europeo o la sede de las Naciones Unidas, el Gen Verde, como el Gen Rosso, han sobrepasado con creces los límites de los ámbitos intra-eclesiales para llevar la Buena Noticia de Dios-Amor al mundo de la música de máxima calidad, al mundo del espectáculo más exigente, y al mundo de los jóvenes, principales destinatarios por los estilos musicales primordialmente utilizados.
Pero aún hay una característica típica de este conjunto musical cristiano, y es que además de en teatros y estadios, el Gen Verde actúa muy a menudo en cárceles, escuelas, hospitales, o residencias de ancianos. Es más, como en el magnífico concierto del pasado sábado en Talavera, el Gen Verde actúa generalmente a favor de obras sociales, como en este caso fue a favor de la Fundación Madre de la Esperanza, de atención de niños y jóvenes con discapacidad mental. Un espectáculo de máxima calidad, que empapa el corazón de alegría y de esperanza, ante miles de personas, no pudo terminar mejor que con una treintena de estos discapacitados abrazando a las mujeres del Gen Verde, y entregándoles una flor, mostrando que lo importante en la vida es poder compartir lo mejor que cada uno tiene, y saber que siempre esto es un dar y recibir desde la gratuidad y la confianza.

El legado de Juan Pablo II

Denuncia Social, Iglesia, Juan Pablo II, María, amor, justicia 1 Comentario

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 En la Universidad Sergio Arboleda de Colombia más de 30 especialistas internacionales analizarán el legado de Juan Pablo II El Magno. Y con ocasión de este congreso, en cope.es hemos propuesto a nuestros oyentes una pregunta: Para ti, ¿cuál es el mayor legado de Juan Pablo II? Empiezo por contestar yo mismo.
La imagen del Papa que ganó todos los record imaginables de un pontificado, jamás podrá borrarse de la retina de nuestros ojos. Le conocimos en la otoñal tarde de un día de octubre de 1978, cuando el hasta entonces Cardenal Wojtyla fue elegido sucesor de Pedro, Vicario de Cristo en la Tierra. Todos recordamos su voz, grave, enfática, convincente. Todos recordamos su gesto más significativo e identificador, abrazado posando su cabeza sobre la cruz de su báculo. Como diría espléndidamente el aún entonces Cardenal Ratzinguer en la homilía de su funeral, toda su vida fue un continuo, fiel y entregado seguimiento de Cristo, de Cristo en la cruz. Toda su vida supo no sólo abrazar su cruz, perseguido, hasta el último de sus suspiros, por los diversos totalitarismos de este mundo, sino que además toda su vida abrazó la cruz de la humanidad entera, las cruces más pesadas de nuestro tiempo.
Todos recordamos su mirada penetrante, la de esos pequeños ojos fijos en los de quienes estaban con él, supremo reconocimiento de la inquebrantable dignidad de cada hombre. Todos recordamos como nos hablaba de la infinita misericordia de Dios, y de cómo sin ella, las culturas degeneran en deshumanización; o como nos explicaba la “lucha por el alma de este mundo†en el campo de la cultura o la urgencia de que la novedad cristiana se hiciese presente en los “nuevos areópagos†de la “Nueva Evangelizaciónâ€. Recordamos también como Juan Pablo II denunciaba las injusticias sociales, hasta acusar a los potentados de estar sometidos moralmente a una gravísima “hipoteca socialâ€; o como nos hablaba del ser humano, y lo que significa su dignidad para los cristianos, hasta el punto de afirmar que “el centro de la Iglesia es el hombreâ€. Por eso, para Juan Pablo II, como nos decía, y hasta nos gritaba, vale la pena dar la vida en amor por el hombre, por cada hombre, y por cada familia….
Todos recordamos su amor a la Virgen María, expresado en el más sencillo lema y escudo pontificio conocidos, en el Totus Tuos que se hacía vida año tras año, tanto cuando él la encomendaba los dolores del mundo y de la Iglesia, como cuando, desde el principio hasta el final, hasta físicamente, Ella lo sostuvo en sus brazos, y le abrió siempre aquellas puertas que sólo la Inmaculada que somete a la serpiente bajo sus pies es capaz de abrir.

Acogidos y queridos sin límte

Asia, Crisis, Cuaresma, Esperanza, Iglesia, Soledad, amor, economía, pobreza 3 Comentarios

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 Nourn Chourn, una chica camboyana de 23 años, perdió la mandíbula inferior cuando le alcanzó una bala perdida a la edad de 12 años. En el 2008, se sometió a cirugía plástica en Tokyo antes de volver a Camboya. Ahora ha vuelto de nuevo a Tokyo a una parroquia católica cercana al hospital. Una de las personas que más le ha ayudado ha sido Sor Kuniko Sonoda, de la Congregación de las Hermanas del Niño Jesús. Esta misionera se encontró con Chourn en su misión en Camboya. Tras el éxito de la operación, Chourn, dijo que espera que los chicos ya no salgan corriendo al verla. Como ella, muchísimas personas viven atormentadas por el rechazo, y no únicamente por deformaciones físicas. Basta que tengan esta impresión de parte de una sola persona, para vivir en estado de vejación, de marginación, de soledad. Chourn, a pesar de su pobreza, y de su deformación física, tiene esperanza, sino en dejar de ser rechazada, al menos en serlo cada vez menos tras su operación.
Pero además, Chourn, no por la operación, sino por frecuentar la Misión católica, encuentra día a día motivos para ser feliz, a pesar del rechazo. Saber que Dios le ama como es -saber que Dios nos ama como somos-, es el único consuelo capaz de superar todos los límites de la desesperación. Si la pobreza se mide no tanto por las carencias, sino por la experiencia de la exclusión, la felicidad humana tampoco se mide por las cosas que se posean, ni por los sueños que se tengan, sino por el amor. Sólo hay un secreto para ser feliz amando a los demás, aún sintiendo a cambio rechazo, que es, como hace Chourn, creyendo en el amor infinito, incondicional, e inmenso de Dios.
Cuando los economistas buscan una salida a la crisis económica saben que los milagros no son habituales a la hora de hacer balances, que las habas son habas contadas. En cambio, existe otro tipo de economía, la Economía de la Salvación, la del misterio de la muerte y la resurrección de Cristo, a la que estamos llamados a asomarnos especialmente en este tiempo de cuaresma, por la que la riqueza humana, la del corazón, no se mide con habas contadas, sino que, para quien libremente quiera acercarse a la inagotable fuente del amor de Dios, existe una sobre abundancia. “Donde abundo el pecado –dice San Pablo- sobreabundo la gracia†(Romanos 5, 20). Porque hay Uno, infinitamente más grande que nosotros, capaz de colmar todas las deudas de amor, y de hacer que todos se sientan por el acogidos y queridos sin límite.

Sacerdotes hoy: el coraje de no ser nada

Benedicto XVI, Iglesia, Medios de comunicación, Sacerdocio, Soledad, amor 1 Comentario

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 El mismo día que el Papa recibe a los obispos irlandeses, y en el que ha tenido palabras de hondo pesar y de clara firmeza ante los escandalosos casos de inmoralidad de sacerdotes por todos conocidos, llegan a mis manos los materiales de día del seminario, con un lema que reza así: “El sacerdote, testigo de la misericordia de Diosâ€. Un lema no sólo teológicamente explicativo, sino también sociológicamente descriptivo de la vida de la inmensa mayoría de los sacerdotes. No es explicable ni justificable que el escándalo de unos pocos sea siempre noticia de portada, y el testimonio de entrega hasta el final de muchos no sea nunca noticia, porque nunca aparece la que para Benedicto XVI es la verdadera imagen de la “entera existencia†del sacerdote de hoy, “la imagen de Jesús que en la Última Cena se levanta de la mesa, se quita el manto, toma una toalla, se la ciñe a la cintura y se inclina para lavar los pies a los apóstolesâ€.
En la villa papal de Castelgandolfo he podido compartir unos días de oración, formación y convivencia, con un millar de sacerdotes y de religiosos de todo el mundo. El denominador común, como no puede ser de otro modo, podría contarse así: sacerdotes de todas las edades, que no han hecho otra cosa en su vida que desvivirse por sus feligreses, escuchándoles, ayudándoles, mostrándoles la misericordia infinita de Dios, sacando de cada uno de ellos lo mejor de si mismos para aprender a ser misericordiosos con todos; uniendo familias, vecindades, comunidades, forjando un pequeño cielo en la tierra. Hombres que llevan sobre sus espaldas tanta humildad como generosidad, y que ni siquiera ellos mismos tienen ni idea del “plus†de humanidad que aportan a nuestras sociedades cada vez más frías, más individualistas, más deshumanizadoras.
Compartiendo confidencias con unos y con otros, aparecía un rasgo absolutamente desconocido por la mayoría de la gente, incluso dentro de la Iglesia, y por su puesto inexistente para la opinión pública. Me refiero a los miles de casos de sacerdotes que por su ingenuidad, por su vulnerabilidad, por su generosidad sin medida, reciben a diario el pago de la ingratitud, el amargo cáliz del abandono, el desafío espiritual de la cruz, que como se explicaba en una ponencia sobre el sacerdote de hoy, consiste en el “coraje de no ser nadaâ€. Ellos no son noticia, y en cambio, son no sólo anunciadores, sino verdaderos promotores de la única verdadera Buena Noticia.

La justicia de Dios

Benedicto XVI, Cuaresma, Fe, amor, justicia 3 Comentarios

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 En su mensaje para la cuaresma, el Santo Padre Benedicto XVI explica con gran claridad como es el egoísmo el origen único de la injusticia, de tal modo que el hombre, herido por el pecado original, y “abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbreâ€.
Pero el Papa, además de explicar esto, se hace una pregunta constructiva: ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor? Y la respuesta, en síntesis, es clara: “para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticiaâ€. El problema está en que para esta radical justicia hace falta la gratuidad del amor de Dios, su gracia, porque el hombre por si mismo no es capaz de restituir la justicia que previa e indefectiblemente ha quebrado. Aquí, el Papa, vuelve a apelar a la definición original de justicia, la de dar a cada uno lo suyo, para explicar que la justificación en Cristo, la de la cruz, la justicia de Dios, va más allá que dar a cada uno lo suyo, porque el Inocente carga con el pecado de los culpables. Es la justicia del amor, “la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperarâ€. Y frente a esta justicia de la Cruz, “el hombre se puede rebelarâ€, sino quiere aceptar que no es un ser autárquico, “sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismoâ€. Este resentimiento es, a mi modo de ver, el verdadero origen de todo proceso de secularización y de rechazo a Dios, el no querer aceptar la deuda de amor de la criatura con el Creador, del pecador con el Redentor.
Ese resentimiento con Dios es el mismo resentimiento que nace del hijo contra el Padre, o del discípulo contra el maestro, cuando el hijo o el discípulo no quieren aceptar con humildad que no podrán nunca pagar el bien recibido, y confunden la libertad con la rebeldía. Al final, a lo largo de nuestra vida, casi todas las relaciones humanas por las que pasamos, cuando no son indiferentes (en familia, entre amigos…), han de atravesar esta prueba, al de aprender del amor de Dios, que no sólo es aprender a amar, sino también a dejarse amar, aceptando, de Dios y de los demás, el don de la gratuidad.

Historia de un hombre libre

Educación, Iglesia, Movimientos, Sacerdocio, Vida Religiosa, amor 1 Comentario

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 De la mano de un gran periodista y escritor como es Gil de Muro, ayer se presentó el libro “José Kentenich, historia de un hombre libre. Fundador del  Movimiento de Shöenstatt. El Padre Kentenich fue, sobre todo, un gran educador: del mismo modo irradiaba esperanza entre sus compañeros del campo de concentración de Dachau, que hacía sentirse a sus alumnos importantes y libres. A unos y a otros los educaba como una madre a sus hijos, porque la educación es sobre todo amor. 
Nació en Gymnich, Colonia, en 1885. Fue ordenado sacerdote en el año 1910. En el año 1912 fue nombrado director espiritual de la Casa de estudios de los Padres Palotinos en Schoenstatt, lugar donde pudo promover una educación integradora de la toda la persona -“orgánica†la llamaba él- según la imagen de María para nuestro tiempo. En el correr de los años el Padre Kentenich se manifestó como un educador genial y carismático. Paso por dos difíciles periodos de prueba: entre los años 1941 y 1945 padeció en la prisión de la Gestapo y en el campo de concentración de Dachau. Tras permanecer 14 años separado del Movimiento por él fundado, tras una audiencia con el Papa Pablo VI regresó a Schoenstatt y pudo entregar aún, durante tres años, todas sus fuerzas al servicio de su Obra. Murió el 15 de septiembre de 1968.
Siempre se puso a entera disposición de los jóvenes, regalándoles toda su confianza, pero especialmente su corazón. El les decía: “Yo quiero hacer de Madre para ustedes”. Los estudiantes se daban cuenta de cómo los valoraba. Supo guiar su entusiasmó por la verdadera libertad. Uno de los jóvenes contó: “El Padre causó en nosotros una profunda impresión. Entre los estudiantes nunca se escuchó una crítica contra él. Nosotros le teníamos mucha confianza, escuchábamos sus conferencias con gusto y más tarde las analizábamos. El era simplemente el guía que comprendía a los jóvenesâ€.
En el Campo de Concentración su celda fue para muchos –prisioneros y guardias- hogar donde recibían consejo, ayuda y comprensión. Uno de sus compañeros de prisión pudo decir: “A través de la presencia del Padre Kentenich el infierno de Dachau se convirtió para nosotros en cielo”. Cuando se le presentó la oportunidad de ser liberado la rechazó porque había visto que la voluntad de Dios era que siguiera ese duro camino. A un sacerdote prisionero le dijo: “en Dachau me necesitan” y “nunca antes en mí vida me he sido tan feliz como aquí”.

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