El espÃritu de las leyes
 La vicepresidenta segunda del Gobierno, Elena Salgado ha comentado en “La Mañana” de COPE la opinión de los obispos ante la nueva legislación del aborto. Para ella, criticar a los parlamentarios es intentar sustituirlos.
¿Sabe la Señora ministra que vivimos en una democracia? Ya decÃa Montesquieu en “El EspÃritu de las Leyesâ€, principal fuente de inspiración de las democracias modernas, la separación de los poderes, y todas esas cosas que algunos o las han olvidado, o a lo peor jamás se las creyeron, que existen dos tipos de leyes, unas leyes inmutables y eternas, las leyes naturales, y otras contingentes, las leyes-relaciones o leyes positivas, pero cuyo fundamento está en las primeras. Lo primero que recordamos los católicos, junto a los demás demócratas, a nuestros gobernantes, es esto, que los legisladores tienen que tener en cuenta el orden natural y elemental de la razón y la virtud, porque ejemplo, que matar, sobre todo a los más indefensos, es un delito punible.
Lo segundo que le queremos recordar a la señora ministra, es que también los sucesores de los apóstoles de Cristo, los obispos, forman parte del pueblo soberano. Son ciudadanos libres como los demás, y los gobernantes tienen la obligación de legislar y gobernar escuchándoles también, no tapándoles la boca. Le recuerdamos a Montesquieu, que dice que “el pueblo entero es -¿lo captará?, entero, es decir, todos sus miembros- dueño del poder soberanoâ€, porque “si el poder soberano está en manos de una parte del puebloâ€, se trata de una aristocracia, no de una democracia. Y para quienes no le entiendan o se resistan a entenderle, añade esta otra sentencia: “ley fundamental de la democracia es que sólo el pueblo debe hacer leyesâ€.
También hay que recordarles que como para Montesquieu las leyes polÃticas y civiles conforman el tercer nivel de la Ley, lo normal es que el pueblo soberano las apoye si ve que ellas son, de alguna manera, reflejo, en primer lugar, de la ley moral, y en último lugar, de la ley de Dios. Por tanto en “El espÃritu de las leyes†del padre intelectual de la democracia moderna es “de libro†que los ciudadanos protesten ante leyes que contradicen lo que ellos consideran gravÃsimo para la ley natural y que además, si son creyentes, identifiquen como contrarias a la ley de Dios. Y la ministra, aunque ni crea en Dios ni crea en la Ley Natural, si es demócrata debe respetarles, escucharles, y aplaudir que como pueblo soberano intervengan, critiquen, y exijan a sus representantes. Y que eso no es sustituirles, sino ponerles, a los legisladores, en su lugar.



