El santo de Molokai

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 El beato Jozef Damien de Veuster, sacerdote belga, dedicó su vida a ejercer su ministerio entre las personas con la enfermedad de Hansen, normalmente conocidos como leprosos, en una colonia de ese archipiélago. Será canonizado por Benedicto XVI en Roma el próximo 11 de octubre. Ayer la Diócesis de Honolulu anunció que las reliquias del “apóstol de los leprosos” visitarán varias de las ciudades en las que ejerció su misión, en Hawai.
Cuando, a finales del siglo XIX, en Hawai se desató una terrible epidemia de lepra, el pánico cundió por todas partes ya que se trataba de una enfermedad terrible en la que se pudre lentamente el cuerpo del enfermo. No se conocía cura. El rey promulgó un decreto: todos los que contraen la enfermedad deben ser aislados, llevándoseles a una colonia especial para ellos en la isla de Molokai. Se les llevaba alimentos y algunos abastecimientos pero por lo demás eran allí abandonados a su suerte. En 1873 el obispo de las islas se preocupaba de los leprosos, pero comprendía que si enviaba un sacerdote a Molokai sería con la provisión que, bajo las nuevas regulaciones del gobierno, debería quedarse allí para siempre y casi de seguro contraería la enfermedad. 
El Padre Damián pidió ser enviado. En Honolulu se embarcó con 50 leprosos que eran enviados a Molokai. Sus nuevos feligreses lo esperaban en la playa en condiciones de extrema necesidad y desesperación. En las pésimas condiciones que encontró en la colonia, solo tenía refugio en una cruda capilla de madera donde su primer acto fue arrodillarse a rezar. Se pasó esa noche limpiándola. Con tristeza escuchaba la risa de los borrachos, el llanto de los moribundos, los aullidos de los perros salvajes que devoraban a los muertos. Allí no había ley ni protección para nadie. La gente vivía sin esperanza y sin paz. Se consideraba aquel lugar como un infierno en la tierra. El Padre Damián transformó aquel infierno en una comunidad de y amor y paz, ocupándose tanto las necesidades espirituales como las corporales. En 1885, contrajo lepra con 49 años. A pesar del avance de la enfermedad, rehusó ser trasladado para recibir tratamiento. Murió en 1889, y Juan Pablo II lo beatificó en 1995.
A las puertas de su canonización, el obispo Clarence Silva de Honolulu ha dicho en estos días: “Pedimos que el padre Damián nos inspire a todos nosotros para llegar a los más necesitados, para lograr que haya un cambio real en sus vidas, y servirles con el amor de Cristo”.

4 Comentarios

  • aris Dice:

    que gran ejemplo de santidad y de entrega, lo primero que hizo fue rezar, para que luego digan que la oración se riñe con la acción, todos sabemos que sin oración no hay acción.

    PD: Sistach vuelve a contraprogramar, esta vez a la manifestación del 17 de Octubre.

    saludos

  • Señor racional Dice:

    ¿Sin oración no hay acción?

    No me hace falta hacer el gilipollas para conseguir algo

  • atreyu Dice:

    Vaya ya salio el tipico troll paleto retratandose a si mismo

    No necesitas hacer el gilipollas, pq sencillamente ya lo eres

  • etc Dice:

    Esa entrega y resistencia extraordinaria durante tanto tiempo sólo puede darla la oración y estar cerca de Dios, al igual que los religiosos/sas que se quedan en las zonas de guerra de África hasta el final (muchas veces muriendo) cuando se han ido las ong’s, la ONU y hasta los militares. Esa fuerza si no la da Dios ¿quién la da?.

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