El equipaje de Dios
Aeropuerto de Barajas. Una larga lista de pasajeros a Buenos Aires espera poder embarcar el equipaje. Esteban lleva un año con nosotros, haciendo el doctorado y ayudándonos en la programación socio-religiosa de la COPE, donde no le ha sido difÃcil hacerse querer. “Creo que llevo exceso de equipaje –nos dice a Jesús Luis y a mi mientras recordamos las peripecias de un año juntos-, pero no creo que tenga problemas. Qué no me trajese sólo llevo libros, y libros sobre Dios, que allà no encontraré. No creo que tenga problemas, porque el peso de más que llevo es suyo, es de Diosâ€. Dos horas de espera, y al final llegamos al mostrador. Efectivamente, exceso de peso. Muchos kilos de más –casi el doble de lo permitido- y nos obligan a hacer otra cola para pagar la diferencia. Hacemos los cálculos. Imposible pagarlo. Casi tanto como otro vuelo trasatlántico. Rezamos. Y confiamos. En la ventanilla Esteban se explica con convicción: “Soy estudiante. Llevo sobrepeso por los libros. Pero sólo tengo cien euros. No más. Usted diráâ€. Y el encargado de la compañÃa aérea le firma un vale. ¿Cuánto tengo que pagar? Nada. Vaya, y si le ponen alguna pega que me llamen. Y vamos que si le llamaron. No todos los dÃas te condonan una cantidad asÃ. Embarcamos el equipaje y, corriendo, nos dirigimos al embarque de pasajeros. El tiempo apremia. En cuanto paramos, en la fila de la aduana, Esteban, ya sosegado, irrumpe a llorar, y medio aeropuerto le oye decir algo insólito, pero real: “Asà ha sido todo el año, un milagro constante. Cuando parecÃa que todo iba a salir mal, Dios estaba allÃ, y me sacaba a flote. Como ahora. Es asÃâ€. Si, es asÃ. Es como si Dios jugase con nosotros al escondite de la confianza. Tienes que esperar contra toda esperanza. Mirarle a él, hacer tu parte, pero esperarlo todo de él. Y él actúa, vaya que si actúa. Este año para Esteban ha sido asÃ. Un regalo de Dios para él, y un regalo de Dios para nosotros, sobre todo para todos los que formamos la gran familia de “Crónica Blanca” y de la Programación socio-religiosa de la COPE. Como con tantos miles que nos visitan, y son acogidos para estudiar o para trabajar con nosotros.
Tras despedirle nos decÃamos: hemos encontrado la huella de Dios en los más insospechados hechos y cosas, personas y acontecimientos, pero donde nunca habÃamos encontrado la huella de Dios es en unas pesadas maletas. Hoy, Jesús Luis, Esteban y yo, hemos visto la huella de Dios en dos pesadas maletas embarcadas hacia Buenos Aires. Seguramente en ese mismo vuelo, otras maletas, y otras historias, llevaban también su huella. Sus ángeles no duermen, y si velan el equipaje de Dios –un equipaje de peso excesivo, como son todas sus cosas- cuanto más velan por sus hijos, sus queridos hijos, como Esteban, como tú y como yo.



