La Iglesia no negocia su libertad

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La Iglesia Católica no es sólo que sea fiel a sus principios y a sus convicciones, es que vive no para si misma, sino para evangelizar, que supone, inseparablemente por imposibilidad metafísica, humanizar. La Iglesia Católica esta y estará siempre dispuesta a dialogar con todos, pero jamás a negociar, pactar o consensuar su fidelidad a la verdad recibida y su lealtad para con su único fin. La Iglesia Católica no hace ni hará nunca componendas políticas con unos o con otros que supongan, por su parte, renuncia alguna a su absoluta libertad ante el hombre, ante cada hombre, ante el más pequeño de los hombres de este mundo, por mucho que los políticos, en el gobierno, en la oposición, o sólo sabe Dios donde, quieran venderla lo que es suyo por de suyo, esto es, su libertad, y menos al precio de renunciar a su independencia.
Los políticos –no todos, gracias a Dios, pero si muchos, y de todo el abanico ideológico- quieren chantajearla: la autoridad moral de sus pastores –que por otro lado tratan de minar a través de el escarnio mediático-, la fuerza cuantitativa pero sobre todo cualitativa de su laicado comprometido socialmente, su presencia real en cada rincón del país, sobre todo en esos rincones a los que jamás se han dignado acercarse los poderosos, y porque no decirlo, esta humilde radio y televisión confesionalmente católicas que conforman el grupo COPE, son un bien muy preciado que todos querrían, de izquierdas y de derechas, controlar a su antojo. Pero ni la libertad e independencia de los pastores, ni la libertad e independencia de los laicos –que son antes católicos que votantes, militantes o representantes políticos-, ni la libertad de COPE y de Popular TV, están en venta.
Defender la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural, defender los derechos humanos de todos; proteger la familia, principio básico de la estabilidad social; y respetar escrupulosamente a la Iglesia y colaborar con ella en pro del bien común, son deberes que se cumplen o no se cumplen desde el poder, se exigen o no se exigen desde la oposición. Pero nunca se negocian. 

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