El cliente siempre tiene razón

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Según informa hoy mismo HazteOír.org, el Corte Inglés acaba de anunciar que cancela su inversión publicitaria en un programa basura y blasfemo de La Sexta. Su Director de Relaciones Externas, Ãngel Barutell, dijo que están respondiendo individualmente a los clientes que se han dirigido a ellos para protestar por su patrocinio de un programa ofensivo con los sentimientos religiosos de la mayoría de la población. Pidió disculpas por la inclusión de ese spot debido a un error de programación, y manifestó su malestar e indignación por que la central de medios que gestiona su inversión publicitaria no ha seguido las órdenes que tienen todas las televisiones sin excepción de no incluir su publicidad en programas que por su contenido puedan resultar ofensivos y dañar la sensibilidad de determinados grupos sociales de la población y, especialmente, los religiosos.
Cuando la Sociedad Civil funciona, da gusto. Claro que en España la Sociedad Civil la conforman minorías muy minoritarias, eso si, valientes hasta el desaliento. Si el principal anunciante de este país se ha unido a las cervezas Heineken y a los Seguros Ocaso, ha sido sin duda gracias a los 37.000 activistas de HazteOír que han dedicado un par de minutos a firmar una alerta dirigida a estas y a otras empresas que todavía no han dicho esta boca es mía. Pero sobre todo, gracias a los promotores de HazteOír, que junto a esta emisora de radio y a unos pocos medios de comunicación más –no muchos- esta en la vanguardia de la defensa de los derechos humanos más políticamente incorrectos, como son el derecho a la vida y los de la libertad educativa, familiar y religiosa.
En Estados Unidos y en el resto de países verdaderamente democráticos, no sólo un programa, sino la misma Sexta, sería inviable como televisión en abierto –otra cosa sería de pago, junto a las pornográficas-. Porque una sociedad libre de verdad no acepta que un medio de comunicación se dedique sistemáticamente a insultarla, sobre todo si el grupo más directamente ofendido, la comunidad católica, es mayoritario. En una verdadera democracia no debe haber censuras políticas a la comunicación, y ni siquiera hace falta que intervengan los jueces, porque los mismos consumidores de los medios, que lo son también de las empresas publicitadas, saben que tienen la sartén por el mango, y la sartén, y el mango. Y agrupados consiguen que también las televisiones, como los anunciantes, reconozcan eso de que el cliente siempre tiene razón.

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