Estatutos neocatecumenales

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La Santa Sede hizo publico el viernes pasado la aprobación definitiva de los Estatutos del Camino Neocatecumenal. Todo comenzó en las chabolas del barrio madrileño de Vallecas, cuando en los años 60 Kiko Argüello se fue allí a vivir llevando consigo tan sólo una Biblia, una guitarra, y un crucifijo. A partir de ese momento, primero en Madrid, luego en toda España, después en Roma, y al final en todo el mundo, nacieron y crecieron miles comunidades en un camino hacia la conversión después del anuncio del kerigma especialmente dirigido a los alejados.
El Camino Neocatecumenal no es un grupo formado espontáneamente, ni una asociación, ni un movimiento espiritual, ni una elite dentro de la parroquia. Más bien es un grupo de gente que desea redescubrir y vivir la vida cristiana en toda su plenitud, vivir las consecuencias esenciales de su Bautismo, por medio de un Neocatecumenado dividido en diferentes etapas, tal como era el de la Iglesia primitiva, pero adaptado a su condición de personas ya bautizadas. Como consecuencia, estas comunidades tienen la misión de ser, en el interior de la parroquia, el signo y sacramento de la Iglesia misionera, de abrir un camino concreto de evangelización para los alejados, dando los signos que llaman a conversión a los paganos, esto es, el amor en la dimensión de la cruz y la unidad. Este amor, por el que según el Evangelio todos reconocerán a los seguidores de Cristo, es un amor que exige una donación total, un amor que Kiko Argüello define así: “Amar significa morir y nuestra tragedia es precisamente que no queremos morir. Amar al otro cuando es diferente de lo que yo deseo siempre significa un salto en la oscuridad, significará superar la muerte”.
Para mi esta aprobación es importantísima. Porque creo que es muy importante para la Iglesia universal, y para cada una de las Iglesias particulares, porque de este modo los obispos cuentan, como con el resto de realidades eclesiales carismáticas, viejas y nuevas, con un interlocutor que tiene no sólo nombre y apellidos, sino objetivos, instrumentos, estructuras, y por tanto derechos pero también condiciones necesarias para poder armonizar su presencia y servicio en comunión con el resto de instituciones de la vida de la Iglesia, especialmente con el resto de los nuevos movimientos y realidades eclesiales, vinculados al Consejo Pontificio para los Laicos. Y lo es, desde luego, para El Camino Neocatecumenal, para que su inspiración inicial y fundacional no se pierda, ni se desvirtúe, sino que tenga un sitio, su sitio, que ni es el único, ni esta fuera, de la acción misionerauniversal de la Iglesia.

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