Huelga inmoral

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 ¿Es moralmente lícita la actual huelga de transportistas que esta teniendo lugar desde hace más de una semana en España? Vallamos de los principios a los hechos. Los principios los tomamos de la Doctrina Social de la Iglesia. Según el nº 2435 del Catecismo de la Iglesia Católica, la huelga es “moralmente legítima cuando constituye un recurso inevitable, si no necesario para obtener un beneficio proporcionado. Resulta moralmente inaceptable cuando va acompañada de violencias o también cuando se lleva a cabo en función de objetivos no directamente vinculados con las condiciones del trabajo o contrarios al bien comúnâ€. Ya en el nº 68 de la Constitución Gaudem et Spes, del Concilio Vaticano II, se decía que la huelga “debe ser el último recurso después de agotar otras medidas de diálogo, negociación y concertación para resolver los problemas laboralesâ€. A este principio general, la Doctrina Social de la Iglesia añade cuatro consideraciones morales concretas y muy pertinentes:
1. Las autoridades democráticas y los responsables de declarar la huelga han de asegurar un mínimo de servicios para que se justifique.
2. Un régimen democrático dispone de medios suficientes, legales y persuasivos, para solucionar conflictos por cauces distintos al de la huelga. Se han de asegurar todas las vías del diálogo y de la negociación, antes, en y después de la huelga, sea ésta espontánea, regulada o general.
3. La negociación ha de posibilitar convenios con horizonte de eficacia y ha de tener una visión amplia sobre las consecuencias que derivan de la huelga y de su terminación.
4. En razón de las consecuencias negativas que puedan derivarse para el bien común, el Estado tiene el derecho y el deber de asegurarlo y de atender al cumplimiento de los derechos de los ciudadanos.
 Aunque, aplicando el principio general a esta huelga de transportes, cupiese una cierta duda sobre si la proporcionalidad del beneficio buscado –a la postre, reducción de precios en el gasto del negocio del transporte- e inevitable el recurso a la huelga, de lo que si que no hay duda es de que es ilícita la violencia desatada, la paralización generalizada impuesta al transporte por carreteras, y sus consecuencias de falta de abastecimiento básico para la población. Tampoco es moralmente lícita la negligencia del gobierno, no asegurando el orden público, ni la libertad de movimiento de los ciudadanos españoles, ni el acceso a los bienes de consumo primarios. Vamos, que como huelga injusta, y como irresponsabilidad gubernamental, de libro.

Ética, política y cristianismo

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El libro “Ética, política y cristianismoâ€, publicado por Ediciones Palabra, contiene dieciocho recientes trabajos de Robert Spaemann que abordan gran parte de los temas más actuales y relevantes del panorama cultural europeo: la identidad cristiana de Europa, la relación entre ciencia y ética, entre fe y cultura, importantes aspectos de la discusión bioética como el aborto, la eutanasia, la manipulación de embriones humanos, etc.

Es conocida la lucidez y profundidad del prof. Spaemann y su papel de conciencia crítica de algunos aspectos de la sociedad contemporánea.

En estos trabajos, reunidos por el prof. José María Barrio, el autor ofrece de forma viva y ágil numerosas ideas especialmente relevantes en un momento en el que está en juego el futuro ideológico de Europa así como el papel que corresponde al cristianismo en la vida pública de nuestras sociedades.

Robert Spaemann es uno de los filósofos contemporáneos más importantes. Ha sido Profesor de Filosofía en las Universidades de Stuttgart, Heidelberg -en cuya cátedra sucedió a Gadamer- y, finalmente, hasta su jubilación en 1992, en la Ludwig-Maximilian de München.

En una de las entrevistas a Spaemann publicadas en este libro, se puede leer esta explicación del autor sobre lo poco acertada que es la expresión “valores cristianosâ€:
 
Hay un cierto orden de los asuntos humanos que es evidenciable a la razón, por ejemplo, los derechos fundamentales del hombre, el que exista una dignidad humana y que la institución del matrimonio sea la forma más elevada y plena de vida de sentido para organizar la vida en común entre individuos de diferente sexo, ya que también es la base de continuidad del género humano, lo cual, naturalmente, la hace acreedora de una consideración especial entre todas las demás formas de convivencia. Todo esto no son cosas que los cristianos sacan de la Revelación. Por eso entiendo que no se debe abusar de la expresión “valores cristianos†(…) Los cristianos argumentan sus exigencias políticas y sociales no en nombre del cristianismo, sino en nombre de la razón (…) Cuando hay muchos creyentes en un país que consideran la verdad como algo importante, entonces domina el sentido común para que sea respetada, y precisamente sucede también esto con aquellos que no comparten esas convicciones. Por otro lado, se produce esa defensa igualmente en nombre del derecho de los padres, que está previamente regulado en materia de educación para el Estado. Que el Estado haya asumido la ordenación de la escuela no significa, en último término, que le esté permitido privar de sus derechos a los padres.

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