Iglesia y bien común
El vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, Fernando Jiménez de Barriocanal, ha explicado hoy en “La Mañana†de COPE que si poner la “X†en la Declaración de la Renta a favor de la Iglesia Católica significa una aportación al bien común, no es sólo en virtud de la acción social benéfica de la Iglesia, sino porque todo lo que esta hace es un servicio al bien común. La afrimación tiene su importancia, porque para la mirada cristiana del hombre y del mundo, no existe una frontera entre acción evangelizadora, acción social, acción educativa, acción promocional, acción asistencial, acción pastoral… Ciertamente, las acciones pueden ser diversas, pero la actuación es la misma. Lo explicaba estupendamente Fernando Jiménez. Por un lado, nadie dudarÃa del beneficio social producido por esa ingente cantidad de instituciones, pero sobre todo de personas, entre consagrados y voluntarios, entregadas en cuerpo y alma a la atención de los últimos.
Pero, ¿existirÃan esos consagrados y esos voluntarios, existirÃan las innumerables obras e instituciones eclesiales donde ellos ejercen su labor, si no fuera porque de la Iglesia han recibido la fe, la experiencia de la comunión eclesial -que es como un anticipo del cielo en la tierra-, la formación, y la llamada de Dios para entregarse a los demás. Y esto lo han recibido a través del resto de “acciones†de la Iglesia:
1. la predicación del Evangelio y del Estudio de la teologÃa cristiana en todos sus niveles, incluida la Doctrina Social de la Iglesia, en parroquias, escuelas y universidades de la Iglesia,
2. la vivencia comunitaria en los grupos parroquiales, en asociaciones; y en esos verdaderos ámbitos de gestación de vida cristiana que son los carismas eclesiales, antiguos y nuevos, religiosos y laicos, que siempre están en la vanguardia de la misión.
3. Y la vida sacramental de la Iglesia, fuente misteriosa pero palpable de perdón y reconciliación, de comunión y de paz.
Pero todavÃa hay un aspecto más a destacar. La mirada misericordiosa de la Iglesia, además de no tratar con paternalismo a los más necesitados sino de procurar su bien y su desarrollo integral, hace por educar, pero nunca juzgar, a tantos aquellos que son, al menos en parte, causantes de su propio destino. Es más, dos mil años de cristianismo demuestran que la misericordia es la mejor terapia social.
Por tanto, no es del todo exacta la distinción entre actos y motivaciones en la actividad social de la Iglesia, y sobre todo que los primeros entran en la consideración de aportaciones al bien común, mientras los segundos quedarÃan recluidos en el ámbito interno de la vida eclesial. No es cierto. No sólo porque la actividad social de la Iglesia es impensable sin la motivación y lo que es más importante sin la vocación de quien la lleva a cabo, sino que es precisamente esa experiencia de fe y esa mirada cristiana del hombre y del mundo que se aprende y se gusta en la Iglesia, la que ha propiciado la gran mayorÃa de los beneficios sociales conquistados en el mundo moderno, desde la legislación hasta protección social de sus estados democráticos.
Y por eso a un Estado laico sin prejuicios ideológicos, justo e inteligente, le interesa mucho colaborar especialmente con la Iglesia Católica, donde esta su “tradición prevalerteâ€, como dice la Constitución Española.
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