Ministerio de culto

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El nombramiento de José María Contreras como Director General de Asuntos Religiosos es gravemente preocupante, pues supone el paso a una etapa de ejecución del trabajo que desde octubre de 2004 viene realizando un auténtico “ministerio de culto†del nuevo Estado Confesional Laicista, bajo la encubierta denominación de “Fundación para el Pluralismo y la Convivenciaâ€, cuya cartera comparte con la de Justicia el Ministro Fernández Bermejo, y que cuenta con directores generales de prácticamente todos los demás ministerios del gobierno. Su existencia no sólo demuestra que la “cuestión religiosaâ€, en su acepción de la Segunda Republica, es decir, la de “descristianización de Españaâ€, es primordial para este gobierno, sino que basta con rastrear los objetivos reconocidos públicamente por esta Fundación “ministerial”, para conocer cual es el proyecto de ingeniería socio-religiosa de la misma.
El primer objetivo del gobierno, a tenor de lo ya iniciado por este ministerio a la sombra durante cuatro años es, en palabras textuales de la Fundación tapadera “el apoyo directo a las actividades de las confesiones minoritariasâ€, para que a base de subvenciones, puedan estas alcanzar un grado de presencia significativamente equiparable al del catolicismo, y así conseguir un mapa religioso en España en el que llegando a ser mayoritaria la confesión laicista –gracias a la política educativa y mediática-, católicos, cristianos de otras confesiones, judios, musulmanes e hindúes, conformen diversas minorías de idéntica importancia.
El segundo objetivo, reconocido en los estatutos de la mencionada Fundación tapadera, bajo el eufemismo de “promoción de la convivencia en una sociedad plural†es el mismo, a nivel nacional, que el pretendido por la Alianza de las Civilizaciones, con el apoyo de la masonería, a nivel internacional. A saber, una sociedad en la que desde el poder político la supremacía intelectual del ateismo, pueda toleradamente controlar, coordinar y amaestrar culturas y religiones tradicionales, es decir, para ellos, anacrónicas y anticuadas.
Otro tema, que en conciencia no puedo pasar por alto. Esta mañana se ha cuestionado la libertad de expresión de una persona que siempre debería ser especialmente respetada en esta casa, el Cardenal Arzobispo de Barcelona. Más aún cuando de lo que habla es de esta casa. Nunca me ha convencido la defensa de la libertad de los “liberalesâ€, por muy natural que parezca que un liberal defienda la libertad. La razón de mi desconfianza es doble: primero porque el liberal puro, al no tener una visión trascendente de la vida, no suele dar mucha importancia al respeto a la dignidad humana de los demás a la hora de ejercer su libre albedrío. Segundo, porque su característico individualismo autosuficiente le lleva a magnificar el derecho a su propia libertad, y minimizar, cuando no negar, el derecho a la libertad de los demás.   

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