El sismógrafo de nuestro tiempo

Benedicto XVI, Evangelización, Iglesia, Laicismo, Ofensas a la religión, Sacerdocio, perdón Sin Comentarios

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 Benedicto XVI publicó ayer una Carta Pastoral dirigida a los católicos de Irlanda a propósito de los escándalos propiciados hace décadas por algunos sacerdotes. El dolor, la implacable condena, y las rotundas medidas canónicas, no pueden ni ahogar la mirada de misericordia debida a toda persona, ni confundirse con la estrepitosa campaña anticristiana y anti-eclesial con la que se pretende un generalizado odio al sacerdocio, ni   acallar el desapercibido testimonio de la inmensa mayoría de los sacerdotes. De un congreso internacional sobre el sacerdocio, entresaco algunas notas al azar, algunos ejemplos de cientos de miles de testimonios silenciados:
 
• En Perú un joven sacerdote que recorre sus más de cuarenta comunidades al lomo de un burro, es el único signo visible de que el amor de Dios no se ha olvidado de aquellos hombres que viven al margen del tren de la modernidad;
• En Brasil un sacerdote que busca los niños de la calle y a los jóvenes drogadictos y traficantes, es perseverante en su misión aún cuando casi a diario tiene que consolar a los padres de estos chicos que son continuamente asesinados
• En Burundi otro sacerdote reúne en la misma comunidad cristianos de distintas etnias, proponiéndoles vivir con radicalidad el amor mutuo, en un país donde todos están tentados a ser antes hijos de su grupo étnico que hijos de la Iglesia.
• En Italia un sacerdote enviado por su obispo a una parroquia conflictiva y sin templo, llega a base de “no analizarâ€, sino de “sólo amarâ€, a reconstruir la comunidad cristiana con los más pobres y enfermos de su feligresía;
• Un seminarista venezolano que sufre una imparable esclerosis múltiple encuentra sentido a su vida y a su vocación, porque lo que ha elegido no es el sacerdocio, sino a Dios como único ideal, y dedicando sus escasas fuerzas a escribir, sus poemas reciben el premio nacional literatura, y el supuestamente “impedidoâ€, se sitúa en la vanguardia de la evangelización de la cultura.

Como decía el obispo Klaus Hemmerle, “si buscas un sismógrafo que pueda registrar los temblores de nuestro tiempo, conocer los desarrollos positivos y negativos de la conciencia de nuestra época, las amenazas inminentes y las nuevas esperanzas, toma la figura del sacerdote. Él es, de alguna manera, el Corazón del Señor, puesto por él mismo en la historia de la humanidad con su particular vocación: tener sensibilidad con respecto al Señor y a los hombres con los cuales quiere hacerse uno y al lado de los cuales quiere estar; pero a esta sensibilidad va unida también una gran vulnerabilidadâ€.

La barbarie de la eutansia

Cardenales, Defensa de la vida, Eutanasia, Iglesia, Laicismo Sin Comentarios

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 Sobre la “Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerteâ€, que ayer aprobaba el Parlamento de Andalucía, el Cardenal Cañizares ha pedido esta mañana en los micrófonos de COPE reflexionar sobre “¿qué es la muerte digna sino morir como Dios quiere que muramos, sin que sea por obra humana?â€. En la declaración Iura et Bona, de la Congregación para La Doctrina de la Fe, se explica tanto el contexto cultural como la respuesta cristiana a esta viejísima tentación inhumana. Respecto al contexto contemporáneo de la nueva justificación de esta barbarie, se dice que:
1. “en la sociedad actual (…) la modificación de la cultura influye en el modo de considerar el sufrimiento y la muerte; la medicina ha aumentado su capacidad de curar y de prolongar la vida en determinadas condiciones que a veces ponen problemas de carácter moralâ€. Y también que:
2. “los hombres que viven en tal ambiente se interrogan con angustia acerca del significado de la ancianidad prolongada y de la muerteâ€, y “ si tienen el derecho de procurarse a sí mismos o a sus semejantes la muerte dulce, que serviría para abreviar el dolorâ€.
Y respecto a la respuesta de la Iglesia a este fenómeno, dicho documento afirmaba con severidad que:
1. Que “nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizanteâ€.
2. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamenteâ€.
3. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata en efecto de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidadâ€.
4. Y que, aunque “razones de tipo afectivo u otros motivos diversos, induzcan a alguien a pensar que puede legítimamente pedir la muerte o procurarla a otrosâ€, y aunque “en casos de ese género la responsabilidad personal pueda estar disminuida o incluso no existir, sin embargo el error de juicio de la conciencia -aunque fuera incluso de buena fe- no modifica la naturaleza del acto homicida, que en sí sigue siendo siempre inadmisibleâ€.

La única pregunta importante

Fe, Jesucristo, Medios de comunicación, Obispos, Sacerdocio 13 Comentarios

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 “Hay mucha gente que vive con la pregunta sobre Cristo clavada en el alma, con deseos de saber más de Él, pero sin nadie a su lado que le ayude en el camino de la feâ€. Son palabras de monseñor César Franco, obispo auxiliar de Madrid (primero en la foto), dichas en el prólogo de un libro maravilloso, recientemente publicado, del que hablaremos hoy en El Espejo, y que es un diálogo sobre Jesús entre un joven y un obispo. Si hay una constante e inquietante pregunta en la vida de los hombres, desde hace 2000 años, esa cuestión es la pregunta sobre Cristo, por otro lado tabú para la cultura mediática dominante, que lo único que le interesa es el morbo por los pecados de los cristianos. Este “fenómeno†lo explicó así ese gran sacerdote y periodista que fue José Luis Martín Descalzo (segundo en la foto):

 “¿Quién es? ¿Quién es? Y es una pregunta que urge contestar porque, si él es lo que dijo de sí mismo, si él es lo que dicen de él sus discípulos, ser hombre es algo muy distinto de lo que nos imaginamos, mucho más importante de lo que creemos. Porque si Dios ha sido hombre, se ha hecho hombre, gira toda la condición humana. Si, en cambio, él hubiera sido un embaucador o un loco, media humanidad estaría perdiendo la mitad de sus vidas. Conocerle no es una curiosidad. Es mucho más que un fenómeno de la cultura. Es algo que pone en juego nuestra existencia. Porque con Jesús no ocurre como con otros personajes de la historia. Que César pasara el Rubicón o no lo pasara, es un hecho que puede ser verdad o mentira, pero que en nada cambia el sentido de mi vida. Que Carlos V fuera emperador de Alemania o de Rusia, nada tiene que ver con mi salvación como hombre. Que Napoleón muriera derrotado en Elba o que llegara siendo emperador al final de sus días no moverá hoy a un solo ser humano a dejar su casa, su comodidad y su amor y marcharse a hablar de él a una aldehuela del corazón de Ãfrica. Pero Jesús no, Jesús exige respuestas absolutas. Él asegura que, creyendo en él, el hombre salva su vida e, ignorándole, la pierde. Este hombre se presenta como el camino, la verdad y la vida (Juan 14, 6). Por tanto -si esto es verdad- nuestro camino, nuestra vida, cambian según sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ¿Y cómo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los entresijos de su alma, sin haber leído y releído sus palabras?â€

 ¡Cuánto tiempo perdido en preguntas que sólo sirven para sobrevivir! Cuando, la única pregunta importante, queda al final casi siempre relegada, la pregunta sobre Cristo.

Día de la libertad de información

Aborto, Defensa de la vida, Denuncia Social, Educación, España, Iglesia, Laicos, Libertad Religiosa, Medios de comunicación, Ofensas a la religión, Política, Socialistas, justicia, libertad Sin Comentarios

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 De la Libertad de Información –hoy celebramos el día de su defensa- ha hablo mucho, con rigor y con autoridad moral –aunque desde los tópicos ideológicos comúnmente aceptados esto sea impensable- el Magisterio de la Iglesia. En él se deploran las tentativas de las autoridades públicas de bloquear el acceso a la información, considerándola amenazadora o molesta; manipular al público con la propaganda y la desinformación; o impedir la legítima libertad de expresión y opinión. También denuncia que siendo los regímenes autoritarios los peores transgresores, el problema también existe en las democracias liberales, donde, a menudo, el acceso a los medios de comunicación para la expresión política es muy escasa, y desde el poder político, no se respeta la verdad y la lealtad, calumniando a quienes desde los medios los critican.
No es difícil en la aún débil democracia española constatar la tentativa del poder político de no respetar la formulación más o menos provocativa de la objetividad de las noticias, desacreditar el periodismo de investigación, denigrar a los comunicadores críticos, e infravalorar los problemas sociales que los medios reflejan. Hoy a no pocos medios de comunicación y a sus profesionales se les acusa sobre todo de dar y de valorar como graves aquellas noticias que el poder político trata siempre de ocultar o minimizar. En estos últimos años, por ejemplo:
• la gravedad de la aniquilación legal, conceptual y cultural del matrimonio,
• la gravedad de las leyes de educación, que incluyen adoctrinamientos ideológicos y pérdida de libertad de los padres en la educación de sus hijos.
• la gravedad de la nueva legislación del aborto y de la promoción de la cultura de la muerte,
• la gravedad de la permanente escenificación del revisionismo histórico como vuelta al enfrentamiento entre “dos españasâ€,
• y la gravedad del escarnio contra la Iglesia Católica.
Pero a pesar de que se intente frenar la pluralidad informativa, y se trate de desarticular desde la propaganda con un aparato mediático muy fuerte por parte del poder, la mermada, pero existente, libertad informativa en España, desarrolla una misión primordial para mantener la democracia, y los medios y comunicadores católicos, libres de ideologías, están en la vanguardia de esta importante misión social.

Informar de las llagas de la Iglesia

Iglesia, Movimientos, Sacerdocio, amor 1 Comentario

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 Al recordar ayer, en el segundo aniversario de su fallecimiento, a la Fundadora del Movimiento de los Focolares, Chiara Lubich, recordé un texto suyo que me enviaron hace pocos días, y que me pareció una respuesta ante el dolor que todos en la Iglesia, también a los que nos dedicamos a la información religiosa, nos causan las sucesivas noticias de escándalos de sus miembros, especialmente de algunos de sus sacerdotes. Una respuesta no sólo a este dolor, sino también al modo como personalmente y profesionalmente debíamos afrontar tanto la recepción como la difusión de estas noticias desde la misma pasión por la Iglesia de siempre, que no debe jamás restar un ápice a la objetividad informativa, ni tampoco a una forma de afrontarla que no sólo no caiga en la desinformación de la desproporción o del amarillismo, sino tampoco obvie que la santidad de la Iglesia no sólo no entra en contradicción con la condición pecadora de todos –y todos es todos- sus miembros, sino que precisamente su santidad se funda en que Cristo, su cabeza, que es el único Santo, la hace santa en y desde la debilidad de sus hijos. El texto de Chiara Lubich, que me ha confirmado este pensamiento, es el siguiente:
 “El rostro de la Iglesia -transparente de luz aquí, ofuscado de sombras allá- tiene que reflejarse en cada cristiano, en cada grupo de cristianos. Esto significa que tenemos que sentir como nuestras, no sólo todas las alegrías de la Iglesia, sus esperanzas, sus brotes y renuevos, sus conquistas, sino, principalmente, todos sus dolores: el dolor de la falta de comunión plena entre las Iglesias; el dolor lacerante de situaciones penosas, de controversias negativas, de la amenaza misma de demoler tesoros seculares; el dolor angustioso de los muchos que reniegan o no aceptan el mensaje que Dios anuncia al mundo para su salvación. (…) Pensé que todos los cristianos verdaderos tendrían que ser personas estigmatizadas, no en un sentido extraordinario y externo, sino espiritual. Y me pareció comprender que los estigmas del cristiano de hoy son precisamente las misteriosas pero reales llagas de la Iglesia de hoy. Si la caridad de Cristo no es en nosotros tan dilatada como para sentir el dolor de estas llagas, no somos como Dios nos quiere hoyâ€.

 Por tanto, acoger en cristiano e informar en cristiano de las “llagas reales†de la Iglesia, significa abrazarlas con un realismo exquisito, pero también con un amor a la Iglesia aún más grande que nunca.

El Delibes que llevamos todos

Cuaresma, España, Esperanza, Fe, Literatura, Soledad, humildad Sin Comentarios

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 No sólo el realismo, sino la belleza literaria intrínsicamente ligada al realismo, caracteriza la obra del gran novelista contemporáneo español que nos dejo el pasado viernes, Miguel Delibes. Un realismo, a mi corto entender, propuesto en dos niveles superpuestos: el primero el de la hondura del drama y de la sabiduría humana arraigada en la experiencia del hombre, frente a la erudita y superficial irrealidad con la que la cultura de cartón piedra de los tópicos y la zafiedad pretenden huir de la verdad. El segundo nivel, es el del realismo que ahonda en el corazón humano, en su innata fragilidad y dependencia, que en sus obras, como en la vida misma, muestra toda su vulnerabilidad, y en ella, toda la grandeza de su reclamada salvación.
Delibes fue quien expresó, a mi parecer mejor que nadie en nuestro idioma, y mejor que nadie desde nuestra idiosincrasia española, tres experiencias por las que, supongo, Dios Providente querrá que pasemos todos o casi todos los hombres, porque son tres pruebas del dolor por las que, si se afrontan paciente y sabiamente, uno alcanza esa madurez nunca deseada, aunque en el fondo, siempre anhelada. Esas tres experiencias son, como bocanadas férreas e inmisericordes de realidad, la soledad, el oprobio, y la burla. Podríamos hasta clasificar las obras de Delibes por estas tres vivencias en sus personajes, y en alguna de ellas, como en “Los santos inocentesâ€, encontramos las tres a la vez. Son tres pruebas de un dolor que se vive en la más profunda intimidad, pero que tienen su causa, aunque sea meramente circunstancial, y su ensoñadora pista de salida, su utópico deseado desenlace, en los demás, en la relación con nuestros prójimos. Pero que sólo se asumen y se superan desde el encuentro, radical y decisivo, con Aquél que es el único que jamás nos abandona, que jamás nos deshonra, que jamás hace escarnio de nosotros, porque nos ama inmensamente. Es más, porque es el único que ha hecho suyas la soledad, el oprobio y la burla, de toda la humanidad.
Al recordar a Delibes, y aunque posiblemente nunca se leyeran el uno al otro, yo querría recordar a la mística y escritora italiana, aunque universal, Chiara Lubich, que hoy hace dos años que también nos dejo. Ella, de un modo mucho más explícito, pero también de un modo tan auténticamente evangélico que llegaba a todos los hombres, creyentes y no creyentes, no hizo otra cosa que aquello que expresó en esta suplica que tanto tiene que ver con la soledad, el oprobio y la burla vividas por Jesús, y vividas por tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo: “Querría dar testimonio ante el mundo de que Jesús Crucificado y Abandonado ha llenado todo vacío, ha acompañado toda soledad, ha anulado todo dolor, ha iluminado toda tiniebla, y ha borrado todo pecadoâ€.

El último autor del 11-M

Defensa de la vida, España, Terrorismo 2 Comentarios

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 Han pasado ya seis años del terrible atentado terrorista del 11-M en Atocha, que se cobró la vida de 192 personas, y que lleno de desaliento a sus familias, a toda la sociedad española, y a toda la comunidad internacional. Seis años después no sabemos aún a ciencia cierta quienes fueron los autores de aquella masacre, pero sabemos quien fue el autor principal, porque actos de tal magnitud de inhumanidad sólo pueden tener un autor principal, que es el mismísimo maligno, y todos los demás, autores intelectuales o materiales, o como se les llame, no son más que instrumentos suyos, servidores suyos.
El demonio está mucho más presente de lo que creemos en la vida de los hombres, de la sociedad, de todo lo que pasa. Pero en algunas ocasiones, como en Madrid hace seis años, sale de su habitual ocultamiento y despliega sus fauces más violentas, provocando el espectáculo que tanto le gusta: muerte, sangre, destrucción, dolor, lágrimas, desesperación. Pero al maligno no se le combate fácilmente en esos días negros de la historia, sino en el día a día, cuando actúa en el silencio, cuando planifica, prepara, predispone, lo que luego provocan los grandes desastres del hombre contra el hombre, que son la expresión más genuina de la acción del maligno contra Dios a través de sus hijos, unos verdugos, otros víctimas, unos por él utilizados, otros como espejo de Dios mismo, que como Padre, los ama inmensamente.
Y en esta batalla permanente, estamos también todos nosotros. Llamados no sólo a elegir, como diría San Ignacio, bajo que bandera estamos, por lo que es tan perniciosa la ambigüedad con respecto al terrorismo, y a todos los males morales, sobre todo aquellos que más atentan contra la dignidad humana.
Pero además de elegir con quien estamos –el Evangelio de hoy nos recuerda el dilema de Jesús: “el que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama†(Lc. 11, 23)-, tenemos que estar vigilantes, porque el maligno está como “como león rugiente buscando a quien devorar†(1 Pedro 5:8). ¿Y como lo hace? Pues no sólo lo hace enloqueciendo a alguien para el espectáculo extraordinario del mal, sino también acobardándonos, silenciándonos, adormeciéndonos, frenándonos; para que no estemos del lado del que sufre, para no dar esperanza a quien lo necesita, para que no perdonemos a quienes nos ofenden; para que Dios no pueda construir, en las pequeñas cosas de la vida, su Reino; para que con el espectáculo ordinario del mal, ir preparando el extraordinario.

“¡Es mi vida!, está en tus manosâ€

Aborto, Defensa de la vida, España, Iglesia, Medios de comunicación, ideología de género 3 Comentarios

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 Dos noticias de actualidad hacen referencia entre ayer y hoy al crimen del aborto. Las dos nos muestran el contraste entre la realidad y la falsificación, entre el clamor por la vida y la organización sistemática de la muerte, entre la irracionalidad e inhumanidad de las legislaciones, y su normalización y financiación internacionales.
La primera noticia –que ayer desde estos micrófonos dimos ampliamente- es la de la presentación de la campaña de la Iglesia española para la Jornada por la Vida, a celebrar el 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Señor. El slogan de este campaña nos remite a la centralidad de la cuestión sobre la defensa de la vida, que no es otra que la persona, la persona real y concreta, que además es la más inocente y la más indefensa posible, que clama por su derecho a vivir. El único fin que tenemos los que defendemos la vida desde el primer momento de la concepción son esos cientos de miles de personas a los que año tras año se les niega el derecho a vivir. El clamor que grita “¡Es mi vida!, está en tus manosâ€, nos remite al rostro concreto del ser humano, que no pudiendo gritar físicamente, aunque si que se intenta defender como puede cuando se le quita la vida en el seno materno. Y este grito es tan elocuente que a su lado quedan al descubierto la iniquidad y la falsedad del mensaje del gobierno español y del movimiento pro-abortista, que utilizan todo tipo de argucias, eufemismos, siglas y vericuetos lingüísticos, como es la “interrupción del embarazoâ€, ahora renombrado con la abreviatura “IVEâ€, o el “derecho a elegirâ€, cuando ni matar a alguien es jamás interrumpir su vida mortal, porque no puede volver a ella; ni usar unas siglas evita pronunciar la palabra embarazo, que ya de por si llama a la vida; ni por su puesto hablar de derecho a elegir puede designar lo contrario, es decir, que a alguien no se le permita elegir seguir viviendo. Pero gracias a campañas como ésta no podrán impedirnos el encuentro real con la principal víctima de este drama impulsado por la ley, que es el niño gestante al que no se le deja nacer del único modo como no se le puede dejar nacer, que es matándolo antes de nacer.
La segunda noticia es tremenda, sarcástica, y denigrante. A la hora de hacer cuentas para los fondos de Ayuda al Desarrollo, con los que bajo el eufemismo de ideología de género, se financian proyectos pro-abortistas en el Tercer Mundo, Naciones Unidas reclama a nuestro gobierno que no son suficientes los 68 millones de dólares de todos los españoles destinados a estos fondos.

Día internacional de la mujer trabajadora

Denuncia Social, Familia, Iglesia, Juan Pablo II, Política, Trabajo, ideología de género, justicia Sin Comentarios

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 Dice el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), a propósito de la mujer trabajadora, a cuya defensa, como día internacional, hoy se fijan los medios de comunicación, tres consideraciones fundamentales:
1. Que persisten muchos condicionamientos perniciosos para la mujer, que ha sido y es todavía “olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitudâ€, como dijo el Siervo de Dios Juan Pablo II en su Carta a las mujeres (nº 3). Dificultades que, como comenta el Compendio, “desafortunadamente, no han sido superadas, como lo demuestran en todo el mundo las diversas situaciones que humillan a la mujer, sometiéndola a formas de verdadera y propia explotaciónâ€.
2. Que el derecho del acceso de la mujer al mercado laboral es indiscutible y debe darse en igualdad de oportunidades con respecto al hombre. Y para ello, el Compendio de la DSI dice que lo primero que hay que garantizar “es la posibilidad concreta de acceso a la formación profesionalâ€. Así como que este derecho no es efectivo sino “se advierte especialmente en los aspectos de la retribución, la seguridad y la previsión socialâ€.
3. Que la constatación de que “el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida socialâ€, es inseparable del derecho a su acceso al mercado laboral, puesto que “el reconocimiento y la tutela de los derechos de las mujeres en este ámbito dependen, en general, de la organización del trabajo, que debe tener en cuenta la dignidad y la vocación de la mujerâ€, cuya “verdadera promoción exige que el trabajo se estructure de manera que no deba pagar su promoción con el abandono del carácter específico propio y en perjuicio de la familia, en la que como madre tiene un papel insustituibleâ€, tal y como también Juan Pablo II explicó en su encíclica Laborem Escercens (nº 19), pues, como comenta el Compendio, esta “es una cuestión con la que se miden la cualidad de la sociedad y la efectiva tutela del derecho al trabajo de las mujeresâ€.
Denuncia de la esclavitud de la mujer, demanda de la igualdad de derechos que el hombre, y reconocimiento de la singularidad de la vocación de la mujer en el ámbito familiar, son no sólo tres principios claves de la DSI sobre la mujer trabajadora, sino tres objetivos permanentes en la acción social de la Iglesia, a través del compromiso de los laicos en la vida pública, tanto en las empresas y los sindicatos, como en los parlamentos y en los gobiernos. 

Autoestima sacerdotal

Conciencia, Cuaresma, Evangelización, Iglesia, Obispos, Sacerdocio, humildad, perdón 1 Comentario

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 Año sacerdotal y tiempo de cuaresma se dan la mano en la carta pastoral de Monseñor José Ignacio Munilla de esta semana, en la que propone un examen de conciencia sacerdotal, equiparable, en lo fundamental, al examen de conciencia de todos los fieles cristianos, de todos los bautizados, porque antes que padres, los sacerdotes somos hijos en la familia de Dios. Habla el obispo de San Sebastián de algunas tentaciones propias del sacerdote en cuanto fiel cristiano, como son la de la falsa seguridad, el pretender ser autodidacta, la rutina, o la falta de esperanza en nuestra propia santidad. Tentaciones con un denominador común, creer que por estar llamados a ser médicos de los demás, podemos serlo de nosotros mismos, cuando necesitamos de la compañía de la comunión efectiva y afectiva de la Iglesia, sobre todo de nuestros hermanos sacerdotes, y de su guía, más que nadie.
Entre las tentaciones de sacerdote como “padre†o como “pastor†en la Iglesia, menciona el no privilegiar a los “predilectos†de Cristo, la impaciencia, la falta de cuidado personal, el miedo paralizante ante la adversidad, la vanidad, la falta de oración apostólica, o la ideologización del mensaje. Pero las más importantes –de hecho él las pone las primeras- son la falta de autoestima, y la desconfianza en la providencia de Dios, que en el fondo, vienen a la misma tentación. Siempre oí que el arma principal del maligno, príncipe de la mentira, era el de la desconfianza, primero en uno mismo, luego en los demás, al final, en el mismo Dios. Siendo como somos barro –los sacerdotes igualito que todos los demás- sólo hay dos maneras de no levantarse jamás de ese barro: una, creyendo que uno puede levantarse por si mismo; la otra, creer que ni Dios mismo ni los demás con él, pueden o quieren levantarte.
Para los sacerdotes esta última tentación es tremenda, porque difícilmente podemos dar esperanza si no albergamos, para nosotros mismos, esperanza. Por eso creo que la gran noticia de esta semana, como de todas las semanas, no está ni en la agenda del Papa -¡Qué alegría que en ella aparezca ya para este año dos ciudades españolas!- o en el testimonio de la Iglesia misionera en Hispanoamérica. La noticia está, en este tiempo de cuaresma, en que todos los hombres, sacerdotes incluidos, necesitando ser salvados cada día, tenemos un Dios que nos ama infinitamente, nos estima, nos “autoestimaâ€, y que tenemos una interminable fila de hermanos, padres, madres e hijos, en la familia de la Iglesia, dispuestos no sólo a recordárnoslo continuamente, sino también a mostrárnoslo y a demostrárnoslo con su acogida, su compañía, su amor concreto, y su disponibilidad a darlo todos por nosotros. 

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