¿Es un hombre culto César Vidal?
Hace algún tiempo, hojeé en El Corte Inglés uno de los muchos libros de César Vidal. Se titulaba “El camino hacia la cultura”, y consistía en una especie de guía o programa formativo para convertirse en un hombre culto, para adquirir una cultura amplia y sólida. Evidentemente, me recordó otras obras del mismo tipo publicadas durante los últimos años, y entre las que “La cultura. Todo lo que hay que saber”, del alemán Dietrich Schwanitz, es seguramente la más conocida. Pues bien: como digo, estuve hojeando el libro, y tras cinco minutos de examen vi claramente que no me convencía. No digo que el libro careciera de todo valor; pero, desde luego, no llegaba al valor suficiente para que yo personalmente pensara en comprármelo, no tanto para mí como en calidad de posible material a utilizar de algún modo con mis alumnos.
Traigo a colación aquí este recuerdo porque durante las últimas semanas se ha hablado mucho en ciertos medios sobre César Vidal, a raíz de su serie de artículos sobre la influencia del catolicismo en España y sobre la supuesta superioridad del protestantismo -César Vidal es un conocido protestante- sobre el catolicismo como base religiosa que fomenta el desarrollo de un país. No he leído tales artículos, aunque me puedo imaginar perfectamente tanto su tono como su contenido. Muchos han criticado su bajo nivel, su pobre argumentación, su sujeción a tópicos insostenibles desde la honestidad intelectual y presuponiendo una cultura seria. Así que la pregunta surge de forma natural: ¿es César Vidal una persona realmente culta?
Mi particular respuesta es: sí y no. Sí lo es en el sentido de que seguramente ha ”absorbido mucha cultura”: ha leído mucho, ha viajado, sabe idiomas, posee una buena formación universitaria etc. etc. Ahora bien: una cosa es la cultura que uno haya “absorbido” y otra muy distinta la que haya asimilado. Se puede leer mucho y asimilar poco, o asimilar de forma superficial; también influyen, claro, los prejuicios ideológicos, que impiden que los conocimientos que se adquieren rindan todo lo que deberían. Al final, una persona culta no es la que ha leído mucho, sino la que ha masticado y digerido bien lo que ha leído -también las películas que ha visto, la música que ha escuchado etc.- de manera que todo eso se haya convertido en alimento intelectual verdaderamente nutritivo.
No digo yo que César Vidal no disponga de una buena formación cultural, seguramente más amplia que la mía misma en varios sentidos. Sin embargo, donde creo que cojea es en el decisivo aspecto de la asimilación y la profundidad. Decía creo que Séneca: ”Non multa, sed multum legere”, es decir: no se trata de leer muchas cosas, sino de ir al fondo de lo que se lee. ¿Veinte libros, doscientos, dos mil? Eso no es lo más importante. Lo que importa es sí todo eso ha calado hasta el fondo de mi alma, si la cultura académica que pueda haber adquirido ha nutrido de verdad mi mente y mi corazón.
Existe el narcisismo intelectual de quien exhibe, con ánimo intimidatorio, la formidable cantidad de fuentes culturales que conoce. Pero lo decisivo no es eso, sino si tal arsenal sirve para luego saber decir en cada momento lo más oportuno, lo más prudente y lo más verdadero. Y ahí es donde creo que flojea César Vidal.



