La vuelta a lo sencillo
Resulta que nos hemos pasado media vida pensando en que para progresar habia que salir de lo corriente, había que innovar, inventar, olvidar el pasado, reinventar el futuro, y con él aquellas cosas básicas y no con las que nos manejamos. Este mismo blog brilla con luz propia poniendo sobre la mesa formatos rompedores, tendencias emergentes y nuevos negocios….
Nueva York, Diciembre, por la tarde, mucho frío. Unos chavales hacen un corro cerca de la inmensa juguetería FAO Schwartz, justo delante de la perennemente iluminada manzana de Steve Jobs. ¿Qué hacen? ¿Qué tiene en las manos?, o mejor dicho, encima de ellas, ¿Qué es? No lo tocan con las palmas, ¡Parece un saquito de arena! ¿es de tela? No, será de plástico, No, no, es de tela, ¡que habilidad! ¡madre mía!, que cosas hacen….¿Cómo dices que se llama? Mya-qué? MYACHI? Pues sí, un saquito de arena. $7 tienen la culpa si lo compras del montón, y si quieres uno chulo, de colores llamativos, $10. ¿Quieres saber qué se puede hacer con él?
Ha tenido que ser otro Steve, en este caso Steve Ochs quien ha pensado poner arena en un saquito, coserlo, e inventar una serie de movimientos increíbles que hacer con el dichoso saquito con una sola condición, no agarrarlo con la palma de las manos. El resto todo vale para mantener en el aire o en contacto con nuestro cuerpo nuestro Myachi. ¿Habrá que llamarse Steve para tener éxito en la vida?
Myachi nos devuelve a los viejos paradigmas. Nos devuelve a las cosas sencillas, nos devuelve a la tozudez de lo de siempre, de nuestras carreras de chapas ¿Chapyachi?, a las canicas ¿Canyachi? o las peonzas ¿Peonzyachi?… Aquellas cosas para lo que sólo necesitábamos tiempo, ganas y amigos. Vamos, como pasa con el Myachi dichoso….
Otro Steve, Covey, dice que si quieres que los resultados sean distintos, has de hacer cosas distintas. A estas alturas, sus afirmaciones han sido superadas por la realidad. Los resultados van a ser distintos de todos modos (mucho peores según los más cenizos), por lo que quizá debamos volver a lo sencillo, a las cosas que no necesitan de otros, que no demandan pilas, que no necesitan cobertura… Estamos inmersos en la primera crisis de la que no tenemos historia parecida, la primera en que todos los mercados correlacionan igual por efecto de la globalización, nos enfrentamos a una crisis sistémica, y lo que es peor, a una profunda crisis de valores. Recuperemos nuestro viejo saco, recuperemos nuestros viejos valores, nuestra originaria manera de hacer las cosas, nuestras viejas recetas, busquemos nuestro Myachi.
Cualquier día llegaremos a casa tras hacer limpieza en el despacho y al entrar por la puesrta con nuestra antigua máquina de escribir, nuestro hijo nos va a preguntar por “aquello”. Siempre le podremos decir que es lo último: ¡Un nuevo ordenador con el teclado y la impresora incorporados!
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